
El tema del nacionalismo o por decirlo con mayor propiedad, el separatismo reivindicativo nos hace daño a muchos españoles. Resulta ofensivo ver la propia bandera tachada en una pancarta, ver que hay una sociedad que no nos quiere. No se sienten españoles. Se sienten ocupados y son beligerantes. Y, por desgracia, estamos en un contexto en el que se les ha dejado un excesivo márgen a la iniciativa, porque interesa a ciertos sectores políticos del gobierno nacional (de España). Me pregunto de dónde viene el odio que expresan algunos de ellos, el odio que rezuman en sus actos de quema de cajeros y autobuses… me pregunto quién es el responsable de que unos jóvenes que deberían dedicarse a aprovechar los niveles de desarrollo de la sociedad en la que les cabido en suerte vivir, se incineren por dentro hasta cometer esas tropelías. ¿Se les ha hecho tanto daño? ¿Se les ha invadido recientemente, con tropas y gestapos? ¿Se les ha torturado tanto como dicen?
Es muy triste. A mí, que no me distingo precisamente por mi pragmatismo, es algo que me consume y me quita energías. No hay nada peor que sentirse no querido. Y la tentación es la reciprocidad. Te asaltan sentimientos rupturistas con todo aquello (todo lo que huela a vasco). Te hacen odiarles. Y te hacen, al final, decir que se vayan a la mierda, que se pudran solos, que se independicen y nos olviden a los demás españoles. Un pedazo de tierra puede ignorarse y olvidarse. Hay muchos sitios bonitos en el mundo como para ir al País Vasco o Cataluña.
Pero eso es lo que ellos quieren precisamente. Sueñan con que el Estado central se harte y algún día se les permita celebrar ese hipotético referéndum de autodeterminación. Además ¿Qué pasaría si se independizaran? Que se mofarían de nosotros aprovechándose económicamente de una relación de privilegio y jactándose, a la vez, de tratarnos en plano de igualdad con otros países sin vínculos históricos ni sentimentales. Algo parecido a lo que nos está sucediendo en Iberoamérica con algunos países. Por ejemplo, con la Bolivia de Evo Morales.
Pero hay algo más: En el País Vasco y Cataluña vive mucha gente que se siente española y no quiere la independencia y lo pasaría mal si ésta llegara. Esa gente merece todo el respeto y apoyo del resto de los españoles, porque hoy están – sobre todo en el País Vasco – cohibidos y amenazados, sin libertades civiles y sufriendo un trato discriminatorio por parte del poder local.
Por ello, aunque haya muchos vascos y catalanes que no nos quieran, aunque disfruten tachando banderas españolas o derribando toros de Osborne, mi opinión es que esas tierras deben seguir siendo España, si es preciso, a la fuerza. Y si hace falta tener un Ulster o suspender las libertades civiles, pues adelante.
Es muy triste. A mí, que no me distingo precisamente por mi pragmatismo, es algo que me consume y me quita energías. No hay nada peor que sentirse no querido. Y la tentación es la reciprocidad. Te asaltan sentimientos rupturistas con todo aquello (todo lo que huela a vasco). Te hacen odiarles. Y te hacen, al final, decir que se vayan a la mierda, que se pudran solos, que se independicen y nos olviden a los demás españoles. Un pedazo de tierra puede ignorarse y olvidarse. Hay muchos sitios bonitos en el mundo como para ir al País Vasco o Cataluña.
Pero eso es lo que ellos quieren precisamente. Sueñan con que el Estado central se harte y algún día se les permita celebrar ese hipotético referéndum de autodeterminación. Además ¿Qué pasaría si se independizaran? Que se mofarían de nosotros aprovechándose económicamente de una relación de privilegio y jactándose, a la vez, de tratarnos en plano de igualdad con otros países sin vínculos históricos ni sentimentales. Algo parecido a lo que nos está sucediendo en Iberoamérica con algunos países. Por ejemplo, con la Bolivia de Evo Morales.
Pero hay algo más: En el País Vasco y Cataluña vive mucha gente que se siente española y no quiere la independencia y lo pasaría mal si ésta llegara. Esa gente merece todo el respeto y apoyo del resto de los españoles, porque hoy están – sobre todo en el País Vasco – cohibidos y amenazados, sin libertades civiles y sufriendo un trato discriminatorio por parte del poder local.
Por ello, aunque haya muchos vascos y catalanes que no nos quieran, aunque disfruten tachando banderas españolas o derribando toros de Osborne, mi opinión es que esas tierras deben seguir siendo España, si es preciso, a la fuerza. Y si hace falta tener un Ulster o suspender las libertades civiles, pues adelante.
Llevamos unos años haciendo el estúpido y nos hemos olvidado de que son ellos quienes tienen todas las de perder si se obstinan en seguir extorsionando, coaccionando o atentando contra personas honradas que no han hecho daño a nadie (en el caso de los vascos). O si pretenden fracturar en beneficio propio el sistema español – y constitucional – de solidaridad financiera entre comunidades (en el caso de los catalanes).