Hay un desolador panorama que se cierne sobre nuestro destino inmediato. Siento una indignación creciente contra el gobierno actual y el anterior. Nadie ha hecho nada como debiera. Parece una frase vacía o maniquea, pero es la pura realidad. Hemos sido víctimas de una gran estafa. Sobre todo aquellos que no hemos especulado; aquéllos que trabajamos por cuenta ajena o incluso los autónomos de clase media. Nos han esquilmado repetidas veces. Cuando supuestamente la economía iba bien, los precios subieron. La entrada en la moneda única fue una subida encubierta de todos los precios de la que se beneficiaron los bancos y los especuladores, porque hizo necesaria la financiación para muchas economías domésticas. La gente se lanzó a pedir hipotecas, animada por los bancos y por los propios gobernantes, que parecían estar detrás garantizándolo todo.
Ya el gobierno de Aznar fue responsable de maquillar la situación de la economía española. Para ello recurrieron a la trampa de la construcción. Los bancos se peleaban por dar hipotecas a gente poco solvente, los pequeños promotores inmobiliarios surgían por doquier, los inmigrantes llegaban a nuestro país y también se hipotecaban respondiendo con sus exiguos e inestables salarios. Mucha gente pensaba que esto tendría que derrumbarse, que la burbuja llegaría. Yo estaba entre ellos. Nunca confié en que una economía se pudiera construir tan solo alrededor de la construcción, con tan mínimo grado de diversificación; con tan alto grado de riesgo. Lo que no podía imaginar es el alcance increíble que la crisis financiera podía tener en nuestras vidas. Ya no es solo que mi vivienda se haya devaluado como consecuencia de la burbuja. Ese hubiera sido el mal menor. Al fin y al cabo un servidor no compró en su momento para especular, sino para vivir con su familia. Es que además del efecto burbuja sobre los precios de las viviendas, lo peor está siendo la deuda pública de nuestras administraciones y la crisis de los bancos. Los socialistas siguieron irresponsablemente desconociendo la realidad. probablemente ya tenían avisos de lo que se avecinaba, pero debió darles rabia que el grifo se cortara durtante su mandato. Quisieron seguir gastando y multiplicando la deuda española que hoy nos pesa a todos como una losa. por fin rectificaron en mayo de 2010, pero ya era demasiado tarde.
Desde hace tres años, todo han sido malas noticias.
Desde noviembre de 2011 están en el poder los populares y se han hecho hasta tal punto impopulares que deberían cambiar el nombre de su partido, porque parece una broma macabra. No han cumplido ni uno solo de los puntos de su programa: Han subido los impuestos directos e indirectos, han subido los precios de los hidrocarburos y de la energía eléctrica, han bajado los sueldos de los funcionarios y las pensiones, han aprobado el copago y el euro por receta en algunas comunidades, han impuesto tasas por litigar y hacer uso de la justicia que está todavía más intervenida que con los socialistas.
El votante no podía sospechar esta gran estafa, ya que los peperos anunciaban a bombo y platillo que sacarían a España de la crisis, igual que fueron capaces de hacerlo en 1996. Pero el maquillaje y las medidas facilonas de entonces, ahora no funcionan, porque los propios bancos y el sector de la construcción están en crisis también.
Han querido focalizar todo el desastre económico alrededor de las decisiones de los socialistas. Pero eso ya no se lo cree nadie. También ellos han estado en el poder en comunidades como Baleares, Castilla y León, Murcia o Valencia. También ellos han tenido la mayoría en consistorios que han aprobado planes de construcción salvaje en sus términos municipales, todos ellos por supuesto a crédito.
Hoy campan a sus anchas, sabedores de que la desastrosa gestión de los socialistas y su incapacidad para renovarse, ha desintegrado en la práctica el único partido político capaz de hacerles sombra. El votante no tiene alternativas y quedan por delante tres años de avasallamiento continuo a golpe de decreto. Ya aflojarán cuando se acerquen las próximas elecciones. Entonces aparecerán como el gobierno responsable que se ha visto obligado a traicionarse a sí mismo en aras del interés general, para curar a un país maltrecho.
Pero repito: No me creo ni me creeré esa historia. Podrían adelgazar las estructuras administrativas, acabar con las subvenciones inútiles, acabar con los altos cargos designados a dedo, con las consultoras. Podrían controlar y tutelar de verdad a las comunidades autónomas que están masacrando la sanidad pública, mientras mantienen embajadas y televisiones. Nada de eso hacen, porque están interesados en mantener el estado actual de clientelismo y reparto rotatorio de poltronas y beneficios. Son los mismos perros con distinto collar... Y están hundiendo el país.