Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

14 de marzo de 2016

Dónde buscar la corrupción


Hay tres tipos de corrupción política, perfectamente diferenciables que se producen de distinta manera en los partidos políticos.

1.- La forma individualista: El político que se vale de su cargo e influencia para dejarse corromper por empresas privadas e impulsa contratos o adjudicaciones irregulares o bien el que se lleva directamente cantidades del presupuesto público a su bolsillo. Esta es una forma descarnada de robo al bolsillo de todos los ciudadanos que, si están atravesando por malos momentos debido a la crisis, se sienten doblemente indignados. Es el caso del Bárcenas, Blesa o Gómez de la Serna: Tiburones engominados alineados normalmente con la derecha. Se produce más frecuentemente en partidos liberales o conservadores y tiene un impacto limitado sobre los presupuestos, pero muy grande sobre la imagen. Se trata de políticos que, por su cargo, entran en contacto con empresas y sociedades, interesadas en ser contratistas en infraestructuras, suministros o servicios. Esos políticos tienen la llave para adjudicar y obtienen a cambio las comisiones. Muchas veces los propios políticos constituyen empresas “ad-hoc” con testaferros al frente para obtener contratos públicos y esquilmar las arcas de las administraciones. Este tipo de corrupción va ligada al ejercicio del poder y puede caer en cualquier partido con independencia de su ideología, aunque es verdad que la sofisticación del mundo mercantil y su potencialidad para el aprovechamiento en beneficio propio se produce algo más en la derecha.

2.- El clientelismo: El político incurre en las mismas ilegalidades y reparte algo más los fondos sustraídos o desviados entre gente cuyo voto (y el de sus familias) capta sin problemas. Eso no quiere decir que no robe para su propio bolsillo, que no sea comisionista irregular y se lleve pellizcos. Lo que significa es que hay unos fondos que fluyen hacia unas colectividades cuya intención de voto va quedando cautiva. Si esos colectivos son desfavorecidos puede llegar a provocarse la apariencia de legitimidad. Aquí entra la corrupción “ideológica”. Se paga a la gente con bienes procedentes de los presupuestos que son de todos a cambio de una adhesión, simpatía o incluso filiación en el partido.  Y el pago no es necesariamente único, puesto que se pueden reconocer derechos periódicos (por ejemplo pensiones, inclusión en expedientes de regulación de empleo con prejubilación o funcionarización de interinos sin reunir los méritos o la capacidad necesarios). En estos casos el daño para los presupuestos es mucho mayor ya que el gasto puede hacerse crónico y afectar a muchas personas. Y el dinero se derrama entre miles de familias completas cuyos integrantes pasan a engrosar las listas de estómagos agradecidos.

3.- La financiación irregular: Los partidos políticos en nuestro país, a diferencia de otros, tienen limitada su obtención de ingresos, que debe ser con cargo a los presupuestos. Esto significa que toda aportación privada a los partidos (con el evidente ánimo de aupar al poder a una determinada ideología) es ilegal y cuando se hace, se hace en negro. La iniciativa para regular y limitar la financiación de los partidos partió de los socialistas en tiempos de Felipe González (quizás porque pensaban que los partidos conservadores podían tener un acceso más fácil a fondos privados por recibir más apoyo del empresariado). Con el tiempo se ha hecho evidente que tanto socialistas como conservadores pueden hacer acopio de recursos de procedencia desconocida y que sus respectivas tesorerías tienen el reto de ocultar esos recursos y gastarlos sin que se note, ni se origine alarma para las unidades de prevención de blanqueo de capitales, dependientes del Ministerio de Hacienda. Ya pasó con FILESA y recientemente con el PP. En otros países la financiación privada a los partidos políticos (que al fin y al cabo son verdaderos lobbys) no es ilegal. Es verdad que podría sospecharse que quien financia a un partido espera algo a cambio. Pero eso únicamente demuestra que lo que hay que vigilar es la actuación política posterior y la transparencia de actuaciones.

En definitiva, en nuestro país hay muchas posibilidades de corrupción y deben redoblarse los esfuerzos para evitarlas. Es una materia tan delicada que debería exigir el esfuerzo y el compromiso de todos y no ser utilizada como arma política, con el ya institucionalizado “y tú más”.

Partiendo de esta realidad y viendo lo que sucede estos días en Galicia con Besteiro (por ejemplo) es inadmisible que se quiera marginar y tratar a un partido político como el PP, como si fuera el “apestado” de la cámara. Y hacerlo precisamente por tacharle como corrupto, cuando la corrupción salpica a todos.

Pero Sánchez lo hace, consciente de un par de realidades que merece la pena analizar:

En primer lugar  la primera de las formas de corrupción es mucho peor tolerada por el pueblo llano a quien le resulta odiosa la figura del tiburón que se lo lleva crudo mientras el pueblo pasa hambre. Esa figura han conseguido mantenerla asociada a la derecha, sobre todo en Andalucía, donde aún se viven las secuelas ideológicas de la lucha de clases entre terratenientes y jornaleros. La propaganda es tremendamente eficaz: Asocian el aspecto físico de los chorizos a los políticos del PP corruptos y a sus lujos y la gente se cabrea en la dirección que ellos quieren y clama contra quien ellos quieren.

La corrupción de la izquierda se justifica por el fin último de ayudar al pueblo. El escándalo de los EREs de Andalucía, por ejemplo, teniendo un alcance mucho mayor y más perjudicial para los presupuestos, no se percibe por la ciudadanía como un escándalo. Parece que lo perdonan más porque el pueblo percibe que se está socializando la riqueza en beneficio de todos. Nada más lejos de la realidad: Se está gastando lo que se obtiene de los impuestos de todos (y sobre todo de la clase media) en beneficio de los amigos pertenecientes a un determinado club, cuya llave la tienen los políticos socialistas. Es como si nos hicieran a todos ser socios capitalistas de una empresa solo para poner dinero y no nos repartieran nunca dividendos porque los reparten entre otros. Sería una forma de quitarnos el dinero para dárselo a otros cuyo único mérito es ser de la cuerda.

El robo se ve todavía más claro con el escándalo de los cursos de formación. Ahí hay un fraude manifiesto porque el dinero que se obtiene está sometido a una condición finalista: Que se forme a la gente para que esté en mejores condiciones de encontrar trabajo. Mal está que se den cursos sobre temas que nada tienen que ver con las relaciones laborales, pero mucho peor que ni siquiera se impartan esos cursos y se sigan percibiendo las subvenciones.  

Las incursiones que también hace la izquierda en el mundo mercantil son deliberadamente silenciadas por la mayoría de los medios de comunicación, que prefieren recurrir al tópico del tiburón con chistera de derechas. Pero el dinero no entiende de ideologías y podemos ver casos como el de Moltó en Caja Castilla La Mancha o el del propio Besteiro. Hay cientos de imputados en el PSOE, como para que al menos se lo hagan mirar, y dejen de utilizar siempre el mismo argumentario sobre la corrupción del PP.

Pero no lo hacen porque el argumento de la corrupción es hoy muy eficaz con una gran bolsa de población que sigue indignada porque viene padeciendo la crisis desde el 2009 y no percibe mejoras en su vida. Esto nos conduce a considerara el segundo de los factores que Sánchez conoce bien:

La prensa es mayoritariamente de izquierdas y esa mayoría es aún más abrumadora cuando hablamos de las redes sociales.

Ambos factores perjudican seriamente al PP, que maneja mucho peor los medios. En estos momentos tenemos un guapo de cara frente a un señor de barba canosa. Da lo mismo que el primero no haya acreditado ninguna experiencia y quiera pasar nada menos que a dirigir el país. Lo importante es que es joven y con buena facha y además no ha gobernado nunca y se le presume libre de corrupción (los testaferros y marionetas también están aparentemente al margen de la corrupción para la cual colaboran).

El Partido Popular no ha apostado por controlar de alguna manera el impacto de los medios audiovisuales. En esta pasada legislatura muchos hemos pensado que la televisión española parecía que seguía en manos de los socialistas y que las cadenas privadas MEDIASET y MEDIAPRO apostaban claramente por la izquierda.

Es verdad que gran parte del apoyo mediático ha ido a beneficiar directamente a una izquierda más radical representada por Pablo Iglesias y Podemos y que algunos han pensado en la rocambolesca teoría de que el PP buscaba desde el principio la arriesgada apuesta de fracturar la izquierda. Pero esto no es más que una teoría algo “conspiranoica”.

La realidad es que la imagen de Rajoy y del PP ha sido maltratada, queriendo siempre asociar al Presidente de Gobierno con la inacción, con la corrupción y con la soledad parlamentaria.

En este terreno los populares deben trabajar seriamente, porque además tienen claras posibilidades de combatir con eficacia a la izquierda actual, sobre todo a la más radical, cuyo mensaje es fruto del marketing y la especulación y además adolece de un grado de desconocimiento que raya en la irresponsabilidad. En tiempos recientes hemos podido ver a ministros como unos tertulianos más a los que no ha quedado más remedio que acudir para contrarrestar de alguna manera la presión mediática y congraciar a su partido con el electorado.  No sé si lo conseguirán, pero el contrapeso desde luego que es necesario.

 

11 de marzo de 2016

Lo único claro es el sentimiento por las víctimas

Hoy es el duodécimo aniversario del 11 M, un acontecimiento que me marcó como imagino que a muchos españoles. Esa mañana todos dejamos nuestro quehacer diario en la oficina y nos pusimos a devorar noticias, impresionados con el alcance y la brutalidad del atentado. Luego vendría el trauma que todos los bien nacidos sentimos en mayor o menor medida. Recuerdo ver en internet un lugar que recopilaba la foto y una pequeña biografía de cada una de las víctimas. Casi todos jóvenes trabajadores llenos de futuro que se truncaría en un instante hosco y tremebundo, en el que Dios parecía estar mirando para otro lado. Les lloré frente a la pantalla del ordenador y hoy, cuando pienso en ellos me siguen dando lástima.
Ni siquiera hoy se sabe bien quién les mató. Ellos y sus familias tendrían que haber alcanzado al menos ese derecho: Saber que un Estado pone todos los medios y energías para investigar la verdad de la autoría. Empiezo ya a dudar - después de tanto tiempo - de que algún  día se conozca esa verdad. Quizás la revele Wikileaks o los servicios secretos de algún país dentro de unas decenas de años.
A quienes quisieron saber les llamaron conspiranoicos. A quienes ocultaron pruebas les condecoraron y ascendieron. Sigue sin aclararse la historia de la mochila aparecida en una comisaría con una bomba que nada tenía que ver con las que explotaron realmente. Siguen sin explicarse debidamente las implicaciones de Zougam y otros infelices. Sigue pareciéndome todo rocambolesco: los chivatos de la policía, la mina conchita, los mataos de los ciber cafés, la inmolación de los terroristas todos juntos en un piso de Leganés sin llevarse por delante a nadie y fuera de la vista de la gente, la aparición de cadáveres con pantalones del revés…
Sé que el Partido Popular se equivocó por intentar hasta el último momento mantener la versión de la autoría de la ETA con el ánimo de no verse perjudicado en las elecciones. Los populares sabían perfectamente que si se establecía cualquier tipo de relación causa efecto entre el atentado fundamentalista y la participación española en la guerra de Irak, las elecciones del 13 M estaban perdidas. Cometieron esa torpeza y lo pagaron. Quisieron aguantar con esa versión y todo les salió mal. Llegaron otros mucho mejor informados que ellos y funcionó el “pásalo”. ¿De dónde sacaban la información, más fresca y actualizada que la del propio gobierno?
Parece claro que no fue la ETA, pero eso no significa que la versión de los fundamentalistas cocinada por alguien sea más creíble. Y si no fueron ni unos ni otros ¿Quién fue? Puede que el cocinero de las pruebas tampoco fuera el autor del atentado pero supiera quién había sido.
Hay algo que también está fuera de duda: Los fundamentalistas nunca han demostrado interés alguno por los procesos electorales de los países europeos  y este atentado tenía una clara finalidad electoral. Yo me pregunto ¿Qué más le da a un loco tunecino, afgano, libio o marroquí que esté el PP o el PSOE en el gobierno de España? Estos locos siempre han ido contra países al margen del régimen político existente o del gobierno que esté al frente.

En definitiva: Para mí, como para mucha gente, este atentado no está nada claro. Pero hay una cosa diáfana: El sentimiento por las víctimas y sus familias, que se merecen hoy un recuerdo y un homenaje de todos los españoles. 

4 de marzo de 2016

Muchos se cabrean con Rajoy: Es buena señal



Ciudadanos se ha tomado muy a mal la falta de apoyo a su plan de acuerdo. Puede deberse a alguno de estos motivos:
Uno, que a través de Sánchez se haya enterado de cosas que no le gustan sobre la corrupción. No olvidemos que el PSOE maneja los tiempos en esta materia. Se las ha arreglado para agrupar en una franja de tiempo todas las noticias relevantes sobre la corrupción del PP y articular la información de la forma más dañina posible. En estos días pasados durante la negociación del flamante acuerdo es posible que Sánchez haya malmetido indisponiendo a Rivera contra Rajoy y utilizando información bajo secreto de sumario que le pasan la policía judicial o los propios jueces, secretarios judiciales, oficiales o quien quiera que sea.
Dos, sencillamente que no perdona que Rajoy declinara la oferta del rey para formar gobierno y se haya obstinado en que el turno de Sánchez sea respetado: Si Sánchez llega al gobierno atado por su acuerdo, quizás Rivera piensa que va a tener un mayor control sobre los acontecimientos. Sería nuevamnente hacer de Pepito Grillo, sin pagar ningún desgaste, igual que sucede ahora en la Comunidad de Madrid. (Cuando Cifuentes acierta en algo, a Rivera o a alguno de los suyos les falta el tiempo para lanzar tweets apuntándose la autoría de la medida). El cabreo vendría por tanto porque Rajoy ha truncado esa oportunidad de protagonismo de Rivera.
Tres, que haya hecho cálculos y piense que ante la imposibilidad del tripartito (porque el PSOE se va a negar) y la más que probable desembocadura en unas nuevas elecciones, cosechará más votos criticando a Rajoy que a Sánchez. Y ahí, sin saberlo, puede estar haciendo un gran favor al PP porque su identificación con el centro izquierda –(su pérdida de la virginidad) – puede hacer que le abandonen defraudados muchos votantes de la derecha. Exactamente los que el 20D migraron a Ciudadanos defraudados con el PP.


El hecho es que sea cual sea el motivo, Ciudadanos se halla tremendamente decepcionado, lo que no deja de ser una muestra de una grandísima bisoñez e inexperiencia. Porque el pichón de Rivera debió imaginarse que el partido ganador de las elecciones jamás iba a prestarse a que gobierne gracias a su abstención quien está denostándole, haciendo campaña contra él, y amenazando con derogar todas las disposiciones y medidas adoptadas por el PP durante la pasada legislatura.
El abstenerse para que gobierne Sánchez sería tanto como traicionar a sus propios electores y a sus propios principios y, en ese sentido, Rajoy ha acertado de lleno, digan lo que digan Rivera o Jimenez Losantos, cada vez más sumergido en sus desvaríos.
Hoy este periodista de literatura afilada y no siempre afortunada, se ha aventurado a decir que la brillantez de la primera media hora del discurso de Rajoy solo ha servido para calmar su propia vanidad, pero en realidad ocasionará el hundimiento del PP. Es decir; Rajoy siendo brillante frente a sus adversarios políticos está contribuyendo a hundir al PP. No deja de ser curiosa esta argumentación que no comparto. Más bien advierto que se la podría aplicar el propio Federico quien por sus manías personales contra “Marianico el corto” es capaz de sacrificar su propia emisora en un discurso inverosímil.
Me parece curioso que Rajoy tenga tantos detractores entre los periodistas. Quizás es que no se deja mangonear. También he escuchado, desde otra trinchera muy diferente, a alguno como Fernándo Jáuregui que insiste una y otra vez en que Rajoy es un cadáver político y debe apartarse y se permite el lujo de decir a los militantes del PP que ellos piensan igual, pero no pueden decirlo. Eso sí: No revela sus fuentes. No dice quién opina así dentro del PP y, si tenemos en cuenta su apego natural al PSOE , lo que me parece a mí es que está intentando contribuir a quitar de en medio a un adversario que les está destruyendo.
La realidad es que el presidente de gobierno en funciones ha sabido acertar en una legislatura muy difícil, en la que además de contra la crisis ha tenido que luchar contra el separatismo de los catalanes, el cuestionamiento del sistema institucional que tenemos y la propia Constitución, la corrupción gravísima dentro de sus propias filas, y la radicalización de la izquierda, con la aparición del movimiento podemita (apoyado en tantos ayuntamientos y comunidades por los socialistas) y, por si fuera poco, la crítica interna por aquellos populares que están en desacuerdo con su política que ven excesivamente pragmática y que se sienten traicionados (anti abortistas y víctimas del terrorismo, sobre todo.)

Después de tener una mayoría absoluta y de haber recortado sueldos y subido impuestos, gran parte de la población le retiró su apoyo y aún así ha conseguido vencer en las elecciones del 20D, como dicen algunos “sin hacer nada”.