Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

11 de febrero de 2013

Hay que esforzarse en devolver el orgullo a nuestro país


Oigo las marchas militares, Los voluntarios, La Heroína, El pasodoble de la banderita… rezuman orgullo y marcialidad. Imagino a los turistas si estuvieran a las puertas de la Plaza de Armería, junto al Palacio Real, viendo un desfile organizado para cambio de guardia, por ejemplo, los festivos. Sería para enorgullecerse. Estoy deseando sentirme orgulloso de mi país. Lástima que esté tan devaluado todo lo que suene a España. Hubo cuarenta años no tan lejanos de dictadura que condujeron a odiar la bandera y todo lo militar. Cuando la democracia volvió (o vino por primera vez) la gente estaba hastiada del rojo y del gualda y solo asociaban esos colores al sufrimiento. Y después han venido años en los que España se ha descompuesto, como si el país tuviera que purgar por los pecados de sus líderes.
Nos persiguen la mala conciencia y los complejos. ¿Por qué por ejemplo, Alemania ha recuperado tan rápido su conciencia de país, si el nazismo fue mucho más vergonzoso? Se me ocurre pensar que se debe a que ellos han tenido una guerra contra un enemigo externo. No han tenido realmente una guerra civil, entre hermanos. Por eso les han sido más fácil cerrar las heridas. Nosotros seguimos con las dos Españas y por si fuera poco hay una tercera de los que quieren marcharse y no desean saber nada de este país que ya no consideran el suyo.
¿Por qué insistimos una y otra vez en la historia, en fustigarnos? ¿Cuánto tiempo podemos resistir así, dando esa imagen ante el deleite de otros países que compiten contra nosotros?
Deberíamos tener muchos menos complejos y enorgullecernos de nuestra historia y de lo que somos ahora: Una amalgama de pueblos que se esfuerzan por convivir pacíficamente. La guerra civil fue un fracaso, como cualquier guerra. Y ese estrepitoso fracaso hay que ponerlo en el debe de los dirigentes de la época. Me pregunto si pretenden los de ahora hacer lo mismo.

6 de febrero de 2013

Qué asco

No se puede ir peor. Nos hundimos por culpa de la avaricia de los responsables políticos, por culpa de su falta de escrúpulos y honradez. Nos han exigido por decreto, a la clase media y a la mayoría de los sectores más desfavorecidos un catálogo de sacrificios imposibles, mientras ellos, la verdadera escoria de la sociedad, manejan el poder para enriquecerse. Para qué engañarnos: estamos m´ñas cerca de una república africana ecuatorial que de un país que se diga civilizado y europeo. No sé si en otros lugares de Europa habrá el mismo grado de corrupción, pero en España esto es ya tan apestoso que resulta insufrible.

Siento una gran decepción porque esperaba que todo fuera diferente:

Que no hubiera hecho falta aplicar los recortes injustos que se han decidido, que no hubiera habido contradicción con el programa electoral del PP, que el partido socialista hubiera comprendido que es imprescindible una legitimidad para ejercer la oposición y hubieran sustituido a sus candidatos, que el partido popular hubiera sido capaz de depurar a sus chorizos en lugar de darles despacho en la calle Génova, que el partido del gobierno actual se hubiera abstenido de atentar de nuevo contra la independencia del poder judicial, que se hubiera luchado en serio por eliminar la corrupción, que no hubiera sido verdad la trama de Bárcenas.

Todo ha salido al revés de como deseaba. Los ciudadanos seguimos recibiendo palos de unos y otros y asistiendo asqueados al desfile de chorizos, en una ristra interminable. Lo malo es que aquello que vemos nosotros, también lo ven los de fuera, que se frotan las manos regodeándose con la imagen penosa de nuestro país. Quizás así consigan que sus vacaciones en nuestras costas sean más baratas, que se devalúen aun más las casas de la costa o que dejen de importarse productos españoles para sustituirlos por otros de nuestros competidores. 

No consigo levantar el ánimo.