Me da profunda pena lo que está sucediendo en Venezuela. Un país rico en el que podemos admitir que la riqueza estaba mal repartida - (pero ¿cuándo lo está?) - se está transformando en un pozo de sufrimiento para la población, en una ratonera en la que faltan las más elementales libertades. En pleno siglo XXI es increíble que se amordace así a una población y se pisoteen de una manera tan burda las instituciones que son legítima expresión de la soberanía popular. Ahora llega la rimbombante ANC "Asamblea Nacional Constituyente" cuyo triste cometido será construir un régimen autocrático, a la medida de un fantoche que, a base de repartir migajas y de sembrar odio de clase y populismo, ha conseguido cosechar algunas adhesiones.
Llega la purga de los opositores: ¡pobre fiscal general! tendrá que escapar a toda prisa. Podres diputados de la legítima Asamblea. Se nacionalizarán lo recursos. Se impondrá la censura. Desaparecerán la diversidad de pensamiento y la crítica. Y se entrará en un futuro incierto que puede ser un negro escenario como el de Cuba, en que generaciones completas tengan que anularse o huir al exilio, o un escenario de guerra porque la oposición se arme y se sirva el conflicto abierto y armado.
Triste destino el de esta tierra querida. En manos de mamarrachos y narcotraficantes.
