Hoy,
29 de diciembre de 2016, en pleno padecimiento del infausto periodo de gobierno
municipal de los podemitas de Ahora Madrid, y bajo un esplendoroso y diáfano
cielo azul, entramos en la historia por ser el primer día de restricciones de
matrículas (en este caso las pares) en el acceso a toda la zona central de la
ciudad englobada en el perímetro de la M-30.
Parece
ser que estamos en emergencia nacional por alta contaminación en las ciudades.
No sé si creérmelo.
Lo primero que cabría hacer aun a riesgo de ser políticamente incorrectos, es preguntarnos si realmente está justificada la medida.
1.- ¿Hay tanta
contaminación realmente como dicen algunos y hace tanto daño?
Recuerdo
en los tiempos de mi infancia y adolescencia, cuando se veían todas las
chimeneas de carbón escupir hollín al cielo, cuando las fachadas estaban grises
y los coches – que también se atascaban entonces y usaban gasolina con plomo –
echaban al aire unos humos incomparablemente mayores que ahora.
Ahora,
cuando todos estamos de acuerdo en que el envejecimiento de la población llega
a ser un problema en otros órdenes, cuando se sabe que las altas tasas de
mortalidad se están desplazando a edades superiores, resulta que es más dañina
que nunca la atmósfera. Es el precio del desarrollo, que no solo ha traído
nuestra comodidad sino también nuestros dolores de cabeza, porque ahora se mide
todo; hay instrumentos capaces de decirnos que en la atmósfera flotan 200
microgramos por metro cúbico de óxido de nitrógeno y eso es muy malo (aunque
sepamos que cada vez se muere la gente más vieja).
Las
estadísticas también ayudan a confabular para hacernos la vida imposible: “Hoy
mueren 4000 personas al año en España por culpa de la contaminación”. Quienes
afirman esto, investidos por una autoridad científica no contrastada, parecen
saber a ciencia cierta la relación causa efecto. Nadie nos dice en qué estudios
se basan para realizar esta afirmación. Las muertes podrían ser causadas por
una predisposición genética o por otras causas, como el tabaco. También se nos
insiste en los fallecimientos prematuros debidos al tabaco. ¿Se están
contabilizando a las mismas personas?
Solamente
un dato: Para que la Seguridad Social reconociera a los mineros del carbón el
padecimiento de la silicosis (una enfermedad estrechamente ligada a la
profesión) fue muy costoso el establecer la relación causa efecto hasta su
inclusión en la lista de enfermedades profesionales.
En
todo caso, aun admitiendo que los límites de la OMS son razonables y no
excesivos, ayer en nuestra ciudad los responsables del Ayuntamiento quisieron
ser más papistas que el papa y redujeron todavía más los límites puesto que
para llegar al nivel 3 de alerta bastó con exceder el límite en tan solo dos de
los más de catorce medidores que hay en la ciudad y durante un breve lapso de
tiempo. De hecho la mayoría de las estaciones medidoras ni siquiera alcanzaban
el nivel amarillo y estaban todas en verde.
Resulta
también curioso que la adopción de esta restricción tan drástica se haya
producido coincidiendo con la falta de movimiento o marcha de un alto
porcentaje de madrileños que están de vacaciones o fuera de la ciudad. Resulta paradójico y bastante
sospechoso, como muchos medios indican, que no circulen hoy todos los autobuses
escolares y muchos vehículos particulares en Madrid y a pesar de todo estemos
en altos niveles de contaminación.
La Ley 34/2007, de 15 de noviembre, de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera
y el El Real Decreto 102/2011, de 28 de enero,
relativo a la mejora de la calidad del aire, marcan unos umbrales que la gente
en general desconoce. El nivel de alerta saltaría cuando en dos estaciones de
medición se superan durante dos horas los 400 microgramos; el doble exactamente
que el nivel de "aviso", de 200 microgramos (que además hasta hace
poco era de 250). Pero es que el nivel de aviso también se ha visto reducido
arbitrariamente por el Ayuntamiento de Madrid que lo ha fijado en 180.
Pero
en esta materia se ve que los políticos prefieren pasarse que quedarse cortos.
Quieren pasar por ser muy ecologistas y comprometidos con la atmósfera y cuando
hay temas de salud en juego parece que da lo mismo ser intolerante y talibán.
La mesura y el sentido común se abandonan con pasmosa facilidad y la crítica a
quienes esto hacen es bastante impopular y costosa. Conclusión: Los políticos
van compitiendo en nivel de exigencia para que nadie pueda achacarles la falta
de adopción de medidas. Esto ya ha sucedido en otras áreas como las normas de
tráfico, los medios de prevención de temporales, el antitabaquismo etc.
2.-
¿Se está criminalizando el uso de vehículo particular?
No
hace falta ser un celoso y radical defensor de las libertades individuales para
que uno empiece a preguntarse si lo que realmente está planteándose no es una
batalla frontal contra el uso discrecional de los vehículos a motor. Si se
considera que la circulación y el libre movimiento es una de las libertades más
básicas de los individuos parece que este tipo de restricciones tienden a
disminuirla o directamente a eliminarla supuestamente en beneficio de una
colectividad y tomando como excusa la salud. A los podemitas que están en el
gobierno del Ayuntamiento de Madrid les da igual que detrás del automóvil haya
una gran industria de la que come mucha gente precisamente de nuestro país. Les
da lo mismo que al adquirir un vehículo de motor el ciudadano (que no estaba
avisado de la aplicación de estas posibles medidas restrictivas) haya adquirido
un vehículo más contaminante y pague más impuestos por ello o que una familia
haya adquirido dos vehículos con el mismo tipo de matrícula (lo que a partir de
ahora será preciso tener en cuenta).
Hay
quien puede argumentar que los actuales gestores municipales solamente quieren
luchar contra la contaminación y prueba de ello es que admiten el uso de coches
eléctricos, híbridos y no contaminantes. Pero todos sabemos que este tipo de
coches son de alto precio y no son, hoy por hoy, de uso común. Si lo fueran
habría que recriminar precisamente a los gestores municipales la falta de
estaciones de recarga, algo para lo que han demostrado muy poca preparación e
inversión. Es cierto que empieza a existir una incipiente oferta de alquiler de
pequeños vehículos no contaminantes (tipo Car2go) pero son escasos y no cubren
las necesidades de quienes tienen que desplazarse a diario procedentes de las
ciudades dormitorio del cinturón. (Por cierto: Habría que investigar
profundamente en el ámbito mercantil quién está detrás de estas empresas y si
tiene alguna relación con el Ayuntamiento).
Tampoco
hay grandes parkings disuasorios junto a las entradas de las ciudades, en los
que pudiera dejarse a diario, por un precio asequible el coche y recogerlo al
final de la jornada para volver a ciudades como Fuenlabrada o San Sebastián de
los Reyes, por poner un ejemplo. Aun existiendo estos aparcamientos, e incluso
si hubiera un transporte público rápido y barato junto a ellos para transportar
a los ciudadanos hacia el interior de la ciudad, para mucha gente y en muchas
situaciones ésta no sería la solución, ya que a menudo hay que llevar a niños,
ancianos, bultos etc… también hay muchos vehículos de empresas radicadas en el
extrarradio que entran a realizar trabajos de todo tipo, todos los días y
necesitan los vehículos para el transporte de herramientas o carga: Empresas de
mantenimiento, pocería, fontanería, furgonetas de reparto que enlazan con naves
y almacenes del exterior, personal
de servicio para otras empresas mayores etc.
Además
el tráfico entre el interior y el exterior es obligado para mucha gente que
debe ser respetada. La propia fisonomía de la ciudad y la ordenación del suelo
son distintas en España que en otros Estados. La vivienda de pisos está
entremezclada con los grandes edificios de oficinas y el uso de vehículos es
obligado porque hay muchos garajes particulares en el interior. Esto no sucede
así en ciudades que tienen un “midd-town” más definido y un extrarradio más
residencial.
Madrid
tampoco es una ciudad plana y con calles anchas en la que se pueda imaginar un
uso mayoritario de la bicicleta, aparte de que no se puede considerar siquiera
esa alternativa para quien vive a más de quince kilómetros del centro y supera
cierta edad y peso. Quizás muchos preferimos morir de viejos que de un ataque
cardíaco subiendo una cuesta con la bici. La inmensa mayoría de las calles no
están tampoco diseñadas para la bicicleta y serían un completo peligro para los
ciclistas salvo que se vaciaran por completo de otros vehículos (entre ellos
los más peligrosos son precisamente los autobuses).
Por
lo tanto: Pese a las medidas disuasorias, NO VAN PODER ELIMINAR NUNCA EL USO DE
VEHÍCULOS PRIVADOS DE MOTOR.
Pero
mientras en apariencia lo intentan están lanzando un mensaje a la patulea
ecologista y a todos los colectivos que no usan coches. Ese mensaje consiste en
decir mediante los hechos: Nos os
preocupéis. Este gobierno municipal está por la limpieza del aire y los huertos
de hortalizas en los techos de las marquesinas de los autobuses y está en
guerra contra los conductores. Y lo demostramos todos los días.
3.-
Pero ¿Cuáles son esos hechos beligerantes?
Ya
incluso antes del periodo podemita se han tomado decisiones claramente
beligerantes contra el conductor particular:
Subida
del impuesto de circulación: El
impuesto de circulación cada vez es más alto aunque las zonas por las que se
permite circular son menores y en el mismo se penaliza a los coches como
emisores de gases contaminantes. Da igual que exista una penalización en el
momento de adquisición del vehículo que lleva aparejado un gravamen mayor en
función de la emisión de gases. Da igual que los vehículos lleven desde hace
tiempo de fábrica catalizadores para posibilitar el uso de gasolinas sin plomo.
Da igual que pasemos cada dos años la ITV con los gastos y molestias que ello
ocasiona y el sector comercial naciente que se ha generado alrededor (que
también habría que investigar). El caso es decir a la ciudadanía que el
Ayuntamiento pone un impuesto más por contaminar. Con ello se pierde la
conexión entre el impuesto y el hecho imponible que en este caso, como su
nombre indica, era meramente circular por las vías del término municipal. Y
supuestamente la recaudación obtenida con el impuesto debía destinarse a la
conservación y mantenimiento de las vías públicas.
Cierre
de calles al tráfico rodado: El
tema está de actualidad por los intentos reiterados de cierre de una vía
transversal tan importante para el tráfico de Madrid como la Gran Vía, que
nació precisamente para esta finalidad trsa la destrucción a principios del
siglo XX de manzanas completas y más de veinte calles de Madrid. Sin embargo,
al margen de esta medida controvertida ya han sido cerradas al tráfico rodado o
se han dejado solo para los residentes bastantes calles del centro de Madrid.
Da igual: Siguen sin estar contentos. Se diría que quieren ampliar el perímetro
hasta la M-30, sin caer en la cuenta de que en el interior de la “almendra” hay
avenidas de tres carriles por sentido. ¿Tendremos que verlas algún día llenas
de flores silvestres y oir el chapoteo de los pajarillos en sus fuentes,
mientras sacian su sed y se limpian las plumas, como si estuviéramos en la
ribera del Río Lozoya? Esa idílica estampa será sin duda muy satisfactoria para
muchos que vivan en esas calles y no usen el coche ni tengan carnet de conducir
(a lo mejor). Pero desde luego será el fin de la economía y del nervio de la
ciudad y será una gran injusticia e incomodidad para muchos residentes y no residentes
(piénsese, por ejemplo en quienes van a visitar o recoger a familiares).
Malversación
del estacionamiento regulado: El
antiguo ORA, actualmente SER, en realidad nació para otra cosa: Evitar las
obstrucciones a la circulación e impedir la saturación de coches por las
calzadas. El cobro por el aparcamiento se extendió a muchos barrios y horarios
en los que no era necesario. Eso ya fue visto por muchos como una injusticia (y
carmena no había llegado todavía). Se vio rápidamente la intención recaudadora
y no paliativa de la medida. Algunos barrios llegaron a movilizarse contra los
parquímetros y empezamos a ver zonas enteras en las que no había coches
aparcados (sobre todo las zonas verdes). En todas las calles estrechas del
centro, las aceras quedaron sembradas de bolardos que impedían el aparcamiento
y forzaban al vehículo a continuar.
En
la actualidad el horario del SER se ha ampliado y llega a operar los sábados
por la mañana, cuando no hay problemas de tráfico y la mayoría de la gente no
trabaja. Y nuevamente lo mismo: Ya no en una doble, sino en una triple
imposición por el mismo hecho imponible (contaminar) se vuelve a gravar más a
los coches más grandes y más contaminantes, aunque ocupen el mismo espacio de
aparcamiento. Esto demuestra que ya no se está pagando al ayuntamiento por
aparcar sino por otra cosa: Supuestamente por contaminar su aire, que no es más
que el aire de todos. ¿Nos llegarán a poner algún día un impuesto por respirar
dentro del término municipal, o por desgastar las baldosas mientras caminamos?
Multas: Hoy casi todo el mundo
es infractor en Madrid. Normalmente la palabra infracción va ligada a una mala
conducta, por acción u omisión, de forma dolosa o culposa, que merece una
reprobación pública o sanción. Pero cabe preguntarse si no hay exceso de
severidad cuando resulta que al final todos somos incumplidores desde el chaval
que se acaba de sacar el carnet hasta el ama de casa más inocente. Porque lo
cierto es que a casi todos nos ha pillado alguna vez algún semáforo trampa o
hemos caído en algún túnel vacío que invita a ir a un mínimo de 80 Km/h pero
resulta que estaba limitado a 50, o nos hemos descuidado y el coche ha excedido
la limitación de 60 del túnel de la M-30. Yo me niego a considerarme un
infractor por haber caído en una de estas trampas. Solo soy una persona de
buena fe, que ha tenido el descuido de bajar la guardia ante unos poderes
públicos que de forma ávida y agresiva le quieren meter la mano en el bolsillo
impunemente. Ahí sí que podemos encontrar una mala conducta reprobable: En el
hecho de mentir públicamente y no reconocer que la mayoría de los radares y
semáforos trampa con que se ha sembrado Madrid, sobre todo desde el último
gobierno municipal podemita, están puestos SOLAMENTE PARA RECAUDAR más. Por este
mismo motivo, y no otro, se ha establecido la limitación a 70 km/h en la M-30
con el pretexto de la contaminación.
Por otra parte no sé por qué razón el coche contamina menos a velocidades más bajas. Si con ellas se circula usando marchas más cortas el motor se revoluciona más y es más contaminante por despedir más gases. El consumo de combustible suele ser mayor a velocidades más elevadas (cuando se corre mucho) pero también lo es a bajas velocidades. Con un coche automático –esto he podido comprobarlo – el mero hecho de bajar la velocidad de 90 a 70 supone una reducción a una marcha más corta y una elevación del nivel de consumo.
Por
lo tanto: No nos sintamos responsables de estas infracciones. No caigamos en la
trampa. Conservemos nuestro libre albedrío. No nos dejemos reeducar “para la ciudadanía”, como esta gente
pretende. Nos quieren adoctrinar. Estamos en una época en la que se cocinan los
valores, igual que una tortilla francesa, pero esos valores están vacíos de
sentido o son un fraude. Me niego a ser considerado poco menos que un
delincuente por conducir un buen coche y caer de vez en cuando en alguna de las
trampas que me tienden.
La
sanción siempre es pecuniaria y el dinero obtenido por el ayuntamiento sirve
para repartir más en las arcas municipales para diversos fines que en la
mayoría de los casos nada tienen que ver con la mejora de los servicios
públicos, sino con crear más sueldos y más estructura (por ejemplo, una
Dirección General de sostenibilidad de no sé qué…) en lugar de la tradicional
área de circulación y transportes. Y todo esto sin pensar en la cantidad de
amigotes y estómagos agradecidos que están colocando.
En
realidad, para que no desciendan e incluso aumenten los ingresos obtenidos por
este concepto el ayuntamiento debe prodigarse más, instalando trampas en más
lugares e incluso a horas intempestivas, si se trata de radares móviles. Las
calles quedan desiertas a la una de la madrugada y si te pillan a 72 por hora
en un área limitada a 50 te caen 300 euros.
Incluso
de día podemos observar como las calles y avenidas varían entre sí. Unas tienen
un margen mayor para admitir sin riesgo velocidades más elevadas. Nada del otro
mundo, 60 o 70, por ejemplo y en otras es imposible y una auténtica barbaridad
superar los 40. El hecho de que exista en todo el casco urbano una limitación
única de 50 deja el terreno abonado para abusos de los agentes de movilidad,
porque van a acudir siempre a los lugares en los que haya más posibilidad de
pillar (al margen del riesgo real que haya).
4.-
¿Cuál es el trasfondo de todo esto?
La progresía está en pleno apogeo en el Ayuntamiento de Madrid y utilizan la ciudad para aplicar experimentalmente las tesis de la democracia radical de Ernesto Laclau: Se han apropiado de todos los frentes de crítica contra el sistema y, entre ellos, está el de la guerra contra el petróleo y los coches. Hay un evidente sustrato ideológico. Hay una búsqueda de la colectivización y de la negación del individuo y sus libertades, en esa machacona insistencia para el uso del transporte público con cualquier excusa: Cuando no es porque hay contaminación es porque llueve y, si no es porque bebemos alcohol.
Naturalmente el transporte público aquí no se deja de cobrar, como sucede en París cuando adoptan una medida de este tipo. Y tampoco se incrementa de forma significativa el número de autobuses para reforzar el servicio. Sin embargo hay un manifiesto interés en que lo usemos. ¿Se busca rentabilizar de alguna manera estos episodios de contaminación para conseguir más recaudación con los bonos de transporte o simplemente se está interpretando que el uso de un vehículo particular es un signo de lujo e insolidaridad con los menos pudientes? Lo que está clara es una cosa: Cuanto más público es un servicio, menor es la libertad de opción del individuo. Quien va en transporte público tiene que esperar, amoldarse a unos horarios y paradas. Puede tener suerte y viajar sentado… o puede que no. Puede tener que inhalar colonias que no le gustan o cosas peores etc… No hay nada de malo en todo esto. Todos hemos viajado y ocasionalmente seguimos viajando en transporte público. Sin duda constituye un servicio cuya eficacia y valoración está en relación directa con el desarrollo de las sociedades. Pero si alguien vive, por ejemplo en el extrarradio y debe (o prefiere) usar su vehículo particular para llevar a sus hijos al colegio y luego ir al trabajo, donde puede aparcar ¿Qué hay de malo en ello? Debe preservarse también su derecho. No se puede apelar a la convivencia para impedir un derecho tan básico y esencial como éste y menos cuando no hay una base sólida y clara que obligue a los poderes públicos a restringir las libertades de los ciudadanos.
5.-
Por último; La medida se ha tomado con una gran torpeza, como casi todo lo que
hacen en este ayuntamiento.
Hay
un catálogo de excepciones demasiado amplio para poder garantizar una
aplicación aséptica y neutral de las restricciones. Para eso con lo único que
se cuenta es con unos agentes de movilidad que ni siquiera son funcionarios
municipales. De la misma manera que lo que ha sucedido con el corte enla Gran Vía, las detenciones
de los infractores presuntos y las multas van a provocar más atascos y caos,
que conllevarán más contaminación. (Ayer uno de los medidores que se puso en
rojo durante un periodo breve de tiempo fue precisamente el de Plaza de España
como consecuencia del atasco ocasionado por la entrada a la Gran Vía).
Tenemos una contaminación estructural que se pretende combatir con medidas coyunturales que se activan y desactivan provocando el hartazgo de los ciudadanos. El excesivo nivel de emisiones - en este caso de NO2 - se provoca puntualmente, de forma muy localizada y no deberían paralizarse ni el movimiento en la ciudad ni su economía cada vez que un indicador señala en dos de las 28 estaciones medidoras la superación momentánea de unos límites. La forma seria de combatir esto es permitiendo un mejor acceso de la ciudadanía a los coches eléctricos o híbridos, primando vía desgravaciones fiscales o ayudas la toma correcta de decisiones que sirvieran para modificar de una forma estable el parque automovilístico. En definitiva proporcionando tiempo para que el ciudadano tome sus decisiones.
Tenemos una contaminación estructural que se pretende combatir con medidas coyunturales que se activan y desactivan provocando el hartazgo de los ciudadanos. El excesivo nivel de emisiones - en este caso de NO2 - se provoca puntualmente, de forma muy localizada y no deberían paralizarse ni el movimiento en la ciudad ni su economía cada vez que un indicador señala en dos de las 28 estaciones medidoras la superación momentánea de unos límites. La forma seria de combatir esto es permitiendo un mejor acceso de la ciudadanía a los coches eléctricos o híbridos, primando vía desgravaciones fiscales o ayudas la toma correcta de decisiones que sirvieran para modificar de una forma estable el parque automovilístico. En definitiva proporcionando tiempo para que el ciudadano tome sus decisiones.



