Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

2 de abril de 2022

Han llegado para quedarse


Cuando veo los blogs, páginas de instagram, twits, videos, publicaciones varias sobre feminismo y guerra civilismo, llego a la conclusión de que esta progresía estúpida ha llegado para quedarse, porque no representando en absoluto a la mayoría de la población se las van a arreglar siempre para construir alianzas frente populistas que se aprovechen de la precariedad y de los fallos de diseño de nuestro sistema constitucional, para llegar al poder. Y, de este modo, aunque se les derrote, siempre tendrán ese mínimo necesario para desestabilizar y seguir jodiendo la marrana. 

Tenemos un sistema tan pertinazmente fallido, que ha conseguido dividir a la ciudadanía en dos bloques en nuestro país, desde el periodo decimonónico. Y en estos últimos tiempos (también antes, pero ahora más) creo que los sectores conservadores del país están más asistidos por la razón y la mesura. El grueso de las estupideces institucionales se dicen o hacen desde la izquierda. 


¿Es necesario de verdad este escenario en el que proliferan políticos y parlamentos en cada región española y se solapan con los ayuntamientos, las diputaciones y la ingente cantidad de ministerios y aparato del gobierno central? ¿alguien duda de que todas estas estructuras se han disparado solamente para dar colocación a los correligionarios? ¿alguien cree que estamos en una verdadera democracia en lugar de un oligopolio partidista en el que lo último que importa es lo que piensan realmente los ciudadanos? 

Lejos de ayudarnos, toda esta casta, especialmente la izquierda, parece que se alían para complicarnos la vida: 

Cuando parece lógico cerrar el capítulo del terrorismo con una ETA derrotada y una petición de disculpas desde el arrepentimiento a sus víctimas, resulta que les tenemos en el gobierno y en el Parlamento, blanqueando a los terroristas y humillando a las víctimas. 

Cuando parece lógico que desde el gobierno se pongan los medios para conseguir abaratar o al menos evitar la subida desmesurada de la factura de la luz, nos la encontramos en un proceso de crecimiento desaforado y salvaje que perjudica a las empresas y a las economías domésticas y el arribista que ocupa la Moncloa se niega a aceptar invertir en centrales nucleares que producen una energía limpia que hasta Europa considera verde. 

Cuando parece lógico defender la unidad del Estado español, resulta que, solo por mantenerse en el poder quienes ocupan el gobierno actual coquetean con quienes quieren dividir España y segregar regiones que llevan más de quinientos años formando parte del Estado. 

Cuando se trataría de hermanar a la gente después de una guerra civil, se dedican noventa años después a encender las ascuas del rencor entre los descendientes del bando perdedor y a tergiversar la historia intentando trastocar la memoria colectiva para blanquear a unos y demonizar a otros. 

Cuando parece lógico pensar que la economía necesita reposo y tranquilidad para atraer inversión, adoptan decisiones que transmiten inquietud a cualquiera que quiera invertir en España.  

Todo se orienta para que esta nación organizada en un Estado, falle. Somos una importante fuerza de consumo, con una población y un nivel de desarrollo que nos coloca entre los primeros puestos de la Unión Europea, pero nuestra economía está dominada por el sector terciario. ¿Por qué tenemos esta desunión? ¿Por qué estamos con nuestras peleas, siempre ideologizados y agitados por los mismos?  Y uno se pregunta ¿Cuál es la mano negra que auspicia todo esto? Uno a veces se pregunta si no lo estarán haciendo a propósito los gobernantes actuales. Si no estarán buscando la ruina definitiva para traer un país comunista que les garantice una oligarquía cómoda en compañía de paniaguados y de estómagos agradecidos. ¿Es eso lo que quieren? Es lo que están consiguiendo matando a la clase media, enfrentando a la sociedad civil, a los hombres con las mujeres, a quienes les gustan los toros con los animalistas, a los conductores de vehículos con con ciclistas, a los heteros con los gays, a los islámicos con los cristianos. Jodiendo la marrana continuamente mientras no cumplen con su obligación de gobernar bien para todos, mientras practican política partidista con minúsculas, en lugar de tener sentido de Estado. 

La realidad, lo queramos o no es que tenemos una oligarquía que se está aprovechando de los fallos del sistema, para agarrarse como una sanguijuela al poder, al BOE y a los presupuestos, ese maná que les alimenta a ellos y sus familias y que sale de nuestros bolsillos. Y no se irán. Algo pasará antes de las próximas elecciones generales. Ya lo veremos. 


Más comisariados

 

Las empresas tienen un nuevo escenario de obligaciones. Una nueva fuente de gasto. Y los chupópteros una nueva fuente de ingresos. Se ha abierto un negocio nuevo: La igualdad de género. Igual que la prevención de riesgos laborales, la sostenibilidad y el ecologismo, la protección de datos etc.

Todas estas áreas son fuentes inagotables de intervención pública y de regulación… obligatoria de normas, muchas veces extremadamente exigentes y disparatadas que hay que poner en práctica y aplicar, con el consiguiente coste soportado por las empresas.

Esas mismas empresas  que están al límite por la situación económica adversa y por los impuestos desorbitados, deben invertir en formación y tomar costosas medidas de adaptación para tener todos los planes y comisarios que les exige la ley. De debajo de las piedras salen consultorías especializadas de nueva creación que no resistirían un mínimo escrutinio sobre la cualificación de sus miembros o que tienen gente especializada en temas sencillos que podría asimilar cualquier responsable empresarial sin dificultad pero sin obtener el título o la certificación necesarios que – naturalmente – ellos cobran a previo de oro.


Entre 500 y 1000 euros el curso formativo de protección de datos, el plan de igualdad, el análisis de los riesgos laborales etc.

También los sufridos ciudadanos conductores de vehículos se ven obligados a pasar por caja para pagar injustas sanciones y cursos, a menudo innecesarios, para poder recuperar los puntos perdidos del carnet.

Detrás de todo siempre está el poder coercitivo mal utilizado de las instituciones intervencionistas que buscan auto inflarse en obligaciones y regulación y nuevas estructuras que suponen más gasto y personal para hacerlas cumplir.

Los políticos siempre están explorando de forma incesante los terrenos en los que pueden justificar su presencia. La colectividad y la protección de una ciudadanía indeterminada les sirve para idear continuamente nuevas imposiciones y recortes de derechos para los ciudadanos.

El problema es que todo este intervencionismo va calando y formando un poso cultural, identificándose por muchas personas con un progreso y una madurez de la sociedad, lo que no responde a la realidad en la mayoría de las ocasiones.

Una sociedad madura es la que deja margen a la ciudadanía para aplicar las medidas empresariales necesarias para alcanzar hitos razonables de acuerdo con parámetros razonables. Y  les advierte en una estricta observancia del principio de legalidad, de cuáles pueden ser las consecuencias de cualquier daño en las personas derivado de un incumplimiento.

No tiene mucho sentido que una empresa de 50 trabajadores tenga que llevar a cabo un plan de igualdad y asumir un coste obligatorio para aplicar una medida con la que a lo mejor no está de acuerdo. Y lo peor de todo: No por repetir una mentira, van a conseguir que sea verdad: Que yo intente contratar a más hombres que mujeres en mi sector porque es más rentable o he contrastado que ofrecen un mejor resultado, no me hace más inmaduro ni tiene por qué merecer una sanción administrativa. 

Están recortando las libertades individuales con una insistencia y un descaro impropios - éstos sí - de una sociedad civilizada y madura. Porque la madurez consiste en que los poderes públicos no insulten a la ciudadanía. La madurez consiste en que no se me obligue coercitivamente a tener en una empresa (a mi costa) a un comisario de igualdad de género.