Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

28 de febrero de 2011

Nuestras libertades se ven cada vez más pisoteadas. Un hombre es libre cuando tiene capacidad de elección, cuando no se ve sometido de forma injustificada y caprichosa a fuerzas coercitivas que le recortan esa capacidad de elección. Ya no se puede fumar casi en ningún sitio, hay que ir por las carreteras pisando el freno y luchando contra el sueño, no podemos educar a nuestros hijos a la medida de nuestros deseos y principios, se nos dicta qué es lo éticamente correcto y se nos bombardea con propaganda barata en los seriales televisivos para alimentar la cultura de las dos Españas y la conciencia de clase.
Parecen cosas que no tienen nada que ver entre sí. Pero hay un nexo de unión: La falta de respeto por la libertad individual. Nuestro gobierno apuesta por una sociedad inmadura, a la que hay que tratar como imberbes que no supieran cuidarse a sí mismos. No perciben que hay gente con una formación muchísimo más amplia y profunda que la de ellos, gente a la que no se debería avasallar de cualquier manera.
La medida reciente del pasado consejo de ministros, anunciada por ese Rasputín de la política que es el vicepresidente Rubalcaba ha sido otra vuelta de tuerca más, en esa senda de destrucción de libertades y atropellos a la ciudadanía. La justifican en la disminución del gasto en petróleo, lo que resulta inaudito y además huele a chamusquina. Dicen que con la nueva limitación de velocidad se puede conseguir en torno a un 10 % de ahorro en la factura energética, dejando de pagar el Estado español a los países productores en trono a 6000 millones de euros. Y yo me pregunto ¿Tan pelados estamos? Por otra parte, si los hidrocarburos están ya privatizados y son las compañías como REPSOL o BP quienes compran y venden el petróleo ¿por qué se entromete el gobierno?
Si el precio de los países productores sube, para que se mantengan en la misma proporción de ganancias para el Estado, debe repercutirse en un aumento del precio final. El gobierno sabe que ya no puede volver a subir el precio de la gasolina, porque la ha subido – por motivos ajenos al mercado – cuando le ha venido bien. Ya que los países productores y las grandes petroleras van a repercutir la crisis sobre el precio, el único que no podría aparentemente es el gobierno, pero lo va a hacer: Subirá el precio de los combustibles para que se mantenga intacta su parte de recaudación y el hecho de obligar al ciudadano a limitar su velocidad y consecuentemente ahorrar ese diez por ciento, es una medida tendente a que éste no se de cuenta de la nueva subida.
En definitiva, la medida (sobre la que insisten machaconamente que es temporal) es un isulto a la inteligencia de los ciudadanos.
De paso también favorece los planes y acuerdos del ministro de Industria (el del coche eléctrico que no compraba nadie, hasta ahora). Le vamos a poner en casa a él y a sus negocietes con la industria verde. Igual que ZP con los molinillos, éste va a buscar su retiro en alguna de estas empresas especializadas en energía renovable.
Mientras, ciudadanos que tenemos economías que se podrían permitir el aumento de precios en el combustible, tenemos que asistir impotentes a una nueva limitación que nos penaliza por una actividad tan inocente como circular a 120 km/hora.
Lo peor de todo es la justificación de la medida: El ahorro. Esto es igual que si nos acostaran a todos a las diez de la noche y nos obligaran a apagar la luz. ¡hala! Todos a la cama y sin rechistar. A sebastian ya se le habían visto curiosas declaraciones públicas, para que los ciudadanos ahorráramos. Pero una economía basada en el ahorro, esto es, en la falta de consumo, es un sistema abocado al desastre.
Esta es la economía española… la que dijo Zapatero que estaba en la champions league. Bajando la velociodad límite para ahorrar. Con muchos concesionarios de automóviles en quiebra, porque no se venden coches. Han subido el IVA y todos los impuestos conocidos.

24 de febrero de 2011

¿Vacaciones por el 23F?

El presidente de gobierno se negó a ayer a contestar a una pregunta de control parlamentario formulada por el jefe de la oposición escudándose en la efemérides del 23F. Dijo que no iba a contestar a la pregunta porque era un día para recordar los tiempos en los que los políticos y el parlamentarismo se enfrentó con dignidad a unas horas difíciles. Se equivocó de medio a medio, como tantas veces.

Primero: La mayor expresión de la salud del parlamentarismo hoy, hubiera sido responder normalmente a la oposición: No cabe evocar el parlamentarismo de otro tiempo para inaplicar los mismos principios hoy.

Segundo: La contestación es aviesa y con doble intención, al hablar de la dignidad de otros tiempos dando a entender que, por contraposición, los tiempos actuales son indignos. Si lo son hoy, se debe sin duda a su falta de respuesta y no al contenido de la pregunta. Cualquier pregunta hecha con corrección en la cámara por un parlamentario en uso de su turno de palabra y sus prerrogativas, merece ser contestada. Indignidad es la falta de respuesta de ayer, así como el bloqueo sistemático de las iniciativas parlamentarias de la oposición. Pero ya se sabe ante quién estamos.

Tercero: La lengua torcida y las malas intenciones de Zapatero se hacen más patentes cuando pone el énfasis en que todos hoy condenamos el golpe. La falta de necesidad de hacer esta afirmación y el modo en que se hace reflejan que lo que quiere Zapatero, de verdad, es dar a entender que el PP y su antecesora Alianza Popular, sintonizaban con el golpe.

Cuarto: La impresión que se transmite a la ciudadanía y sobre todo a sus propios votantes, es la de un boxeador noqueado que se agarra a lo que puede para no caer.

No es de recibo dejar de trabajar por conmemorar un episodio como el del 23F. ¿Podría yo haberle dicho a mi jefe que el de ayer no era día para hablar de las cosas de la oficina porque se conmemoraba el 23F?