Las unidades militares de verdad siguen cumpliendo dignamente con su obligación y acatan la organización de un desfile que cada vez se parece más a una pantomima. En su empeño por cambiar de raíz todo vestigio de beligerancia y espíritu castrense, los políticos - no solamente el último okupa de La Moncloa, sino también los anteriores - han desdibujado la parada militar, año tras año, intentando conseguir la paradoja: Un ejército civil y pacifista.
Para ello han hecho desparecer las unidades de caballería y artillería (ni un solo carro de combate, ni misil, ni lanzacohetes) y han poblado la Castellana de carricoches varios de la UMD, ambulancias, coches de bomberos etc.
La gente ya no sabía si aplaudir a la unidad de limpieza del Ayuntamiento que seguía inmediatamente detrás de las unidades de caballería de escolta del rey para limpiar las heces de caballos.
Por si fuera poco este año se ha deslucido aún más por culpa de la climatología adversa y no se ha podido ver ni un solo avión o helicóptero, excepto una pasada de la Patrulla Águila.


Y luego está la presencia de la mujer. Está bien la igualdad de género en la sociedad y naturalmente deben alcanzar al ejército, pero si hay actividades o unidades en las que la mujer está menos presente (por razones puramente físicas) tampoco pasa nada, y no debería reflejarse de forma machacona en la TV imágenes de mujeres desfilando con sus unidades solo porque es lo políticamente correcto.
Lo más destacable: Los abucheos al okupa. Curiosamente la televisión española no ha querido camuflarlos y la comentarista - sin duda obedeciendo consignas - los ha puesto de relieve, quizás para conseguir la animadversión de quienes le apoyan hacia todo lo que representa este desfile. No podemos olvidar que el socialismo por detrás de la oficialidad y de las formas a las que se ve obligado por okupar el gobierno, siempre ha intentado (absolutamente siempre) asociar la festividad y los símbolos de España con el fascismo.