Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

26 de noviembre de 2013

Sindicaleros chorizos


Verdaderamente estamos en un país de pandereta. El que no llora no mama y el que no afana es un gil, que diría el tango. Aquí hay una especie de maldición o mano negra que se cierne sobre España como país y que hace que sea un proyecto siempre imposible. Me duele esta España, en la que media población está afanando y la otra media envidiando a los que afanan porque ellos no lo pueden hacer, también. ¿Cómo vamos a salir así de la crisis? Los hechos relatados en el periódico El Mundo, hoy son escandalosos. Es cierto que se remontan a 2009, pero ya entonces estábamos en crisis. Y un sindicato respetable haciendo facturas falsas para justificar unos bolsos de regalo comprados en Asia, imitación de una marca española. Rizando el rizo.
Prebendas a sindicalistas, utilizando dinero público obtenido con cargo a fondos de cohesión de la UE (que debería haber estado destinado para el empleo) y como ellos lo sabían, que no estaba nada bien lo que hacían, falsificación de facturas para justificar el gasto, cambiando el concepto. Y para redondear el regalito es una mala réplica de otro que se vende en una fábrica española. Vamos, que en vez de fomentar el empleo de mano de obra española, van y se lo compran en un país en el que no hay derechos laborales.
 
Los sindicatos están en el más absoluto descrédito porque se les está descubriendo un escándalo tras otro. Y no es algo que me alegre, porque son hechos que les proporcionan aire y argumentos a otros especialistas del pelotazo, que aprovechan la ocasión para quitarse presión, mientras el juez Ruz les acusa de llevar en el partido una caja B.
 
Pero no por eso hay que callar. Ahora no hay que perdonar. Los sindicatos han sido tremendamente exigentes en el pasado, imponiendo unas cargas en las contrataciones y en los despidos y una rigidez y compeljidad normativas, que han conducido a la falta de contratación de los trabajadores. No han sabido pensar en defender los intereses de los parados. Solo han querido llevárselo crudo. Y por lo corrompidos que están, se les ha domesticado. Con los tiempos que corren de reducciones salariales y de todo tipo de atropellos con la clase media y con  los trabajadores en general, deberían haberse movilizado y no lo han hecho. Se trataría tan solo de una movilización cívica, constructiva, si se quiere una huelga de celo, un toque al gobierno... pero no pueden porque han perdido la poca legitimidad que les quedaba.