Yo le diría al Sr. Alonso, vocero de un ZP en barrena, que Aznar no ha estado en Marruecos, sino en España. Que se enteren de una vez estos progresistas de que las Plazas españolas en África, lo son desde hace siglos; que nunca han pertenecido a Marruecos. Da igual que geográficamente estén al otro lado del Mediterráneo. Pero no se enteran o no quieren enterarse, preocupados como están de que no hagan aguas públicamente sus estrategias mal planificadas y peor ejecutadas de alianza de civilizaciones con pueblos que no merecen más que desconfianza.
España tiene una posición extremadamente débil en la comunidad internacional, circunstancia que tiene mucho que ver con la forma de actuar de Zapatero en los últimos años. Moratinos, ese osito de peluche que tenemos de máximo dignatario en el exterior, solo sirve para que jueguen con él. Da igual que sea el gorila rojo, los cubanos por las brillantes negociaciones que han culminado tan solo en traernos a unos cuantos deportados, los estadounidenses que nos endosaron presos de al-quaeda y nos liaron para intervenir en Afganistán, los israelíes, que se mofan de su mera presencia o quien quiera que sea.
Zapatero y sus ocurrencias en los foros internacionales (ya sea desayunando con un lobby conservador en la Casa Blanca o inaugurando la cúpula de Barceló) tampoco ayuda en este aspecto. Da imagen de todo menos de seriedad. Parece que solo fue resolutivo para no levantarse ante el paso de la bandera americana o para retirar nuestras tropas de Irak; equivocaciones que hemos pagado bien caro.
La mínima resolución que sería necesaria con un sátrapa como Mohamed VI de Marruecos no se está teniendo. Deben ser muchos los intereses e inversiones de España en ese país, para mostrar tanta debilidad, para permitir que se humille de esa manera a funcionarios/as policiales españoles en la frontera, para tolerar que se ocupe la tierra de nadie y se intimide y amedrente a nuestras policías (o se intente, al menos; ya que parece que no lo han conseguido). Esa misma falta de resolución y de dignidad es la que impide destinar fondos económicos a las unidades policiales destinadas en la frontera. Hay que recordar que es ésta una competencia central, no transferida, y debería tenerse un mimo especial con territorios en situación particularmente incómoda, como son nuestras plazas en Africa.
Pero lo que se quiere es no ofender al sátrapa. Muy sencillo: Si el sátrapa se enfada nos pone en una situación de fracaso de nuestra estrategia ante la opinión pública. Zapatero, ante una situación diplomática compleja, en la que se encontraba el gobierno del PP antes de 2004, buscó la oportunidad fácil de obtener rédito político. En lugar de tener un comportamiento con visión de Estado, hizo lo mismo que con el terrorismo. Dio la espalda a los intereses del Estado español y, en la mayor y más flagrante deslealtad que se recuerda de los tiempos modernos de la diplomacia, fue a entrevistarse con el sátrapa, a ofrecerle lo que no le ofrecía Aznar. No se sabe a cambio de qué.
Pero, fuera cual fuere el motivo, el Jefe de la oposición española sí que pisó Marruecos y se hizo fotos debajo de un mapa en el que El Sáhara aparecía como una provincia marroquí y consintió en hablar de ese territorio como una provincia marroquí. Esa actuación sí que constituyó una verdadera deslealtad. Naturalmente el problema de Marruecos no preocupaba a casi nadie en España, y poca gente le recriminó a Zapatero tal actitud. Sus correligionarios políticos se la disculparon disfrazándole como un hábil desbloqueador de un conflicto internacional en el que presuntamente nos habría envuelto la intransigencia de Aznar.
Hoy, ya en frío, después de transcurrido mucho tiempo, podemos ver que no era España la causante de los problemas: Era, como siempre nuestro vecino alauí. Y podemos comprobar, a juzgar por los acontecimientos, cómo la estrategia de apaciguamiento no sólo no ha servido, sino que nos ha perjudicado en nuestra posición. El miedo de Zapatero y de sus voceros es que el gran público constate esta realidad y se haga la temida pregunta. ¿Qué narices hace un país como España mucho más potente, militar y económicamente, arrastrándose ante un monarca dictador?
Podríamos poner mil trabas a los miles de emigrantes del magreb que cruzan nuestro país, podríamos cobrarles tasas por el uso de nuestras carreteras y servicios públicos, cuando muchos pasan de largo con destino a Francia y otros países. Podríamos poner de patitas en la calle a miles de inmigrantes o dificultar su agrupación familiar. Podríamos encarecer las tasas para la gestión y tramitación de los permisos de residencia y trabajo. (y después podríamos destinar lo obtenido con esas tasas para el adecentamiento de nuestras fronteras con Marruecos). Podríamos destinar recursos a apoyar al pueblo saharahui y restablecer contactos con Argelia. (Hay que recordar, que la torpeza de Zapatero reconociendo el Sáhara como una provincia marroquí, nos hizo perder de modo definitivo el suculento negocio de que una empresa española diseñara y explotara el gaseoducto que se proyectaba hacer con Argelia).
Hay muchas formas de presionar a Marruecos ¿A qué viene tanto miedo? ¿Saben algo inconveniente para el PSOE, o nos están chantajeando con revelar algo grave… tan grave que podría hacer caer un gobierno? ¿Por qué ha ido a Marruecos el Ministro de interior, en lugar de Moratinos?
España tiene una posición extremadamente débil en la comunidad internacional, circunstancia que tiene mucho que ver con la forma de actuar de Zapatero en los últimos años. Moratinos, ese osito de peluche que tenemos de máximo dignatario en el exterior, solo sirve para que jueguen con él. Da igual que sea el gorila rojo, los cubanos por las brillantes negociaciones que han culminado tan solo en traernos a unos cuantos deportados, los estadounidenses que nos endosaron presos de al-quaeda y nos liaron para intervenir en Afganistán, los israelíes, que se mofan de su mera presencia o quien quiera que sea.
Zapatero y sus ocurrencias en los foros internacionales (ya sea desayunando con un lobby conservador en la Casa Blanca o inaugurando la cúpula de Barceló) tampoco ayuda en este aspecto. Da imagen de todo menos de seriedad. Parece que solo fue resolutivo para no levantarse ante el paso de la bandera americana o para retirar nuestras tropas de Irak; equivocaciones que hemos pagado bien caro.
La mínima resolución que sería necesaria con un sátrapa como Mohamed VI de Marruecos no se está teniendo. Deben ser muchos los intereses e inversiones de España en ese país, para mostrar tanta debilidad, para permitir que se humille de esa manera a funcionarios/as policiales españoles en la frontera, para tolerar que se ocupe la tierra de nadie y se intimide y amedrente a nuestras policías (o se intente, al menos; ya que parece que no lo han conseguido). Esa misma falta de resolución y de dignidad es la que impide destinar fondos económicos a las unidades policiales destinadas en la frontera. Hay que recordar que es ésta una competencia central, no transferida, y debería tenerse un mimo especial con territorios en situación particularmente incómoda, como son nuestras plazas en Africa.
Pero lo que se quiere es no ofender al sátrapa. Muy sencillo: Si el sátrapa se enfada nos pone en una situación de fracaso de nuestra estrategia ante la opinión pública. Zapatero, ante una situación diplomática compleja, en la que se encontraba el gobierno del PP antes de 2004, buscó la oportunidad fácil de obtener rédito político. En lugar de tener un comportamiento con visión de Estado, hizo lo mismo que con el terrorismo. Dio la espalda a los intereses del Estado español y, en la mayor y más flagrante deslealtad que se recuerda de los tiempos modernos de la diplomacia, fue a entrevistarse con el sátrapa, a ofrecerle lo que no le ofrecía Aznar. No se sabe a cambio de qué.
Pero, fuera cual fuere el motivo, el Jefe de la oposición española sí que pisó Marruecos y se hizo fotos debajo de un mapa en el que El Sáhara aparecía como una provincia marroquí y consintió en hablar de ese territorio como una provincia marroquí. Esa actuación sí que constituyó una verdadera deslealtad. Naturalmente el problema de Marruecos no preocupaba a casi nadie en España, y poca gente le recriminó a Zapatero tal actitud. Sus correligionarios políticos se la disculparon disfrazándole como un hábil desbloqueador de un conflicto internacional en el que presuntamente nos habría envuelto la intransigencia de Aznar.
Hoy, ya en frío, después de transcurrido mucho tiempo, podemos ver que no era España la causante de los problemas: Era, como siempre nuestro vecino alauí. Y podemos comprobar, a juzgar por los acontecimientos, cómo la estrategia de apaciguamiento no sólo no ha servido, sino que nos ha perjudicado en nuestra posición. El miedo de Zapatero y de sus voceros es que el gran público constate esta realidad y se haga la temida pregunta. ¿Qué narices hace un país como España mucho más potente, militar y económicamente, arrastrándose ante un monarca dictador?
Podríamos poner mil trabas a los miles de emigrantes del magreb que cruzan nuestro país, podríamos cobrarles tasas por el uso de nuestras carreteras y servicios públicos, cuando muchos pasan de largo con destino a Francia y otros países. Podríamos poner de patitas en la calle a miles de inmigrantes o dificultar su agrupación familiar. Podríamos encarecer las tasas para la gestión y tramitación de los permisos de residencia y trabajo. (y después podríamos destinar lo obtenido con esas tasas para el adecentamiento de nuestras fronteras con Marruecos). Podríamos destinar recursos a apoyar al pueblo saharahui y restablecer contactos con Argelia. (Hay que recordar, que la torpeza de Zapatero reconociendo el Sáhara como una provincia marroquí, nos hizo perder de modo definitivo el suculento negocio de que una empresa española diseñara y explotara el gaseoducto que se proyectaba hacer con Argelia).
Hay muchas formas de presionar a Marruecos ¿A qué viene tanto miedo? ¿Saben algo inconveniente para el PSOE, o nos están chantajeando con revelar algo grave… tan grave que podría hacer caer un gobierno? ¿Por qué ha ido a Marruecos el Ministro de interior, en lugar de Moratinos?