En Murcia se ha hecho más patente que en otros lugares la crisis económica porque en el último decenio se había relanzado la economía más que en otros lugares. El sol garantizado, que es una riqueza en otras regiones de España, allí lo es especialmente. En los últimos años han sacado partido al astro rey con la agricultura intensiva de invernadero y con el desarrollo del turismo.
Ahora las cifras de desempleados se han multiplicado hasta superar el 20 %, cuando han bordeado prácticamente el pleno empleo en 2008. La crisis de la construcción ha afectado también a esta comunidad y mucha gente que había visto dinero fácil y se había acostumbrado muy rápidamente a la buena vida, ahora demanda culpables.
Ahora las cifras de desempleados se han multiplicado hasta superar el 20 %, cuando han bordeado prácticamente el pleno empleo en 2008. La crisis de la construcción ha afectado también a esta comunidad y mucha gente que había visto dinero fácil y se había acostumbrado muy rápidamente a la buena vida, ahora demanda culpables.
Ante esa situación, Valcárcel, el presidente de la comunidad, ha pretendido recortar gastos en sus empleados públicos en el mismo porcentaje en que el gobierno lo ha hecho con los funcionarios estatales y se ha topado con una oposición generalizada de los trabajadores y funcionarios autonómicos, bien coordinados y alentados desde los sindicatos y las filas del PSOE.
Y no debe extrañarnos. En los últimos tiempos los sindicatos tienen una curiosa manera de focalizar los conflictos laborales circunscribiéndolos solo a comunidades en las que el PP tiene mayoría. En Madrid pasa lo mismo. Recordemos aquella salvaje huelga del metro que alentaron los sindicatos y la oposición socialista de la comunidad y en estos días acaba de confirmarse por los tribunales que era ilegal. ¿Qué importa cuando ya se ha celebrado? ¿Qué importa cuando ya los ciudadanos se han visto privados de los servicios mínimos?
Resulta indiscutible hoy que se ha invertido mal en la comunidad murciana y que el presidente – hasta ahora con cartel de conseguidor populista – como cabía esperar, no hace milagros. Los beneficios de la agricultura se han reinvertido inocentemente en el ladrillo. Muchos de los agricultores se han metido a promotores aficionados y fallidos y la crisis inmobiliaria les ha engullido. El crédito fácil ha empezado a ser difícil y las sucursales bancarias y consecsionarios de coches de lujo que tanto proliferaban en poblaciones como El Ejido, tendrán que empezar a cerrar sus puertas, si no lo han hecho ya.
La cólera de muchos ciudadanos es explicable, pero las izquierdas de esta comunidad no me dan pena. Han sido las izquierdas más capitalistas que se han conocido en España. Se han beneficiado de trasvases de agua, que el propio PSOE ha querido eliminar y han vivido por encima de sus posibilidades.
¿A qué viene entonces tanto revuelo? ¿Por qué ése caldo de cultivo para la animadversión de la gente y las agresiones?
El acto vandálico con el que han obsequiado al concejal de cultura a la puerta de su domicilio, hay que inscribirlo, sin duda, en este contexto, aunque los políticos no hayan sido los autores materiales, sí que lo han alentado con su modo de proceder.
El radicalismo de izquierda llama a Pedro Alberto Cruz “el sobrinísimo” aun a sabiendas de que no lo es y está en los últimos días agitando y movilizándose a través de sms. Peones de esos grupos, lejos de desentenderse y marcar distancias, han arropado al único imputado que hay hasta la fecha, en su salida del juzgado. Es tal la inquina contra el PP local, que son capaces de prestar su apoyo a quien propina una paliza usando un puño americano (o, al menos a quien está imputado por ello y, ya se sabe, para la imputación hacen falta indicios racionales de criminalidad apreciados por un juez ). Luego, en el paroxismo del desacierto, estos descerebrados, acosan al consejero cuando sale de una rueda de reconocimiento en la que además no fue capaz de señalar a nadie, y le acusan de montaje, como si fruto del montaje pudiera uno permitir que casi le saquen el ojo a golpes.
Pero la pregunta clave es la siguiente: ¿A quién, si no es a esta izquierda sin rumbo y hundida en las encuestas, le puede convenir la agitación? ¿Es que, acaso, al PP murciano le conviene este escándalo, con la holgada mayoría que tiene?
