Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

26 de marzo de 2015

El accidente del vuelo de Germanwings


Hoy todos nos ponemos en el lugar de las familias de las víctimas del sobrecogedor accidente en los Alpes franceses. Son muchas las noticias que han salido y los programas especiales que se han realizado sobre el tema, hasta llegar a este broche espeluznante: El momento en que nos enteramos de que ha sido el copiloto quien, voluntariamente, habría estrellado el avión contra la ladera rocosa en la que se desintegró. 

Y es entonces cuando, puestos a valorar los hechos, en un pasmo de sorpresa e indignación - ¿Por qué este ser malnacido ha decidido llevarse por delante 150 vidas? - no sabemos cómo reaccionar. 

El hombre es capaz de lo mejor y de lo peor. Igual que este suicida desequilibrado, en su cortedad, solo ha pensado en sí mismo, importándole bien poco la vida de los demás, también hemos visto franceses lugareños que han ofrecido las llaves de sus viviendas para ponerlas a disposición de las familias de los accidentados que se acercan a guardar duelo en el lugar, o lo más cerca posible. Estamos percibiendo corrientes de solidaridad y de sensibilidad por parte de todo el mundo en Francia, Alemania, España y en el resto de los países. El tener corazón para solidarizarte - que es lo normal - creo que descarta de forma automática a una persona para cometer una barbaridad como el suicidio de este desgraciado. Si piensas en los demás no les transfieres tu dolor ni las consecuencias de tu autodestrucción. Por eso, pensar en los demás es un acto de nobleza y no tenerles en cuenta es un acto de indignidad. 

Somos ciudadanos y vivimos en comunidad y puede que la sociedad actual en la que priman casi más las relaciones virtuales que reales, esté creando monstruos endogámicos, a quienes les importa bien poco el resto de la gente. Es justamente esto lo que habría que analizar de alguna manera en las personas: Si tienen o no sentimientos. Porque un piloto de avión, además de la pericia técnica debe tener lo que conocemos como humanidad y está claro que este copiloto no la tenía por algún motivo. 

Es posible que fuera una situación transitoria de enajenación o una gravísima depresión endógena imposible de solucionar, pero alguna alarma aunque sea entre sus compañeros de trabajo debería haber saltado. 

¡Qué inmensa pena, las vidas truncadas de los estudiantes alemanes, de los dos bebés, de los pujantes profesionales, de todos los que viajaban en ese avión!