Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

24 de marzo de 2010

¿Otra vez cantos de sirena?


Es curioso que hoy, cuatro años después de que se desarrollaran las negociaciones con la ETA, haya mucha gente que no ha comprendido cómo fue el proceso a grandes rasgos (porque en detalle, no lo sabe nadie excepto los protagonistas). Hoy muchos sostienen la tesis simplista de que Zapatero y su gobierno estaban obligados a intentar la paz y que, en eso no había nada de malo. Esta gente llega hasta el punto de reconocer que se hicieron mal las cosas, pero presumiendo siempre una buena fe de los gobernantes que se estaban sentando con la ETA. El legítimo fin de acabar con la violencia y las muertes parece, incluso hoy, justificarlo todo. Melchor Miralles, periodista de El Mundo, ayer decía en un debate televisivo que no tenía por qué presuponer malas intenciones en Zapatero que llevó adelante aquél proceso de paz. El debate venía a colación de las recientes declaraciones del ex ministro de Interior Jaime Mayor Oreja, a firmando que no le extrañan nuevos acercamientos entre el gobierno socialista y la banda terrorista, porque ambos se necesitan y “son aliados”.

Pero al margen de que puedan resultar políticamente incorrectas e incluso desafortunadas en su literalidad, tienen un sustrato de veracidad incuestionable que hoy no quiere ser reconocido por la colección de bienpensantes que no han aprendido nada de lo que sucedió.

En el periodo de acercamiento a la ETA, hubo una sucesión de hechos que no dejaban lugar a dudas para quien quisiera advertirlos y la lectura que hay que sacar de ellos es que aquella negociación no tuvo nada de ingenua y fue una jugada maestra.

Se iniciaron conversaciones sin avisar al otro gran partido nacional que se quedó, con un palmo de narices, sentado solo, en el Pacto contra el terrorismo, del que formaba parte el PSOE. El partido socialista venía de ganar unas elecciones generales en las que tuvo una influencia indudable el atentado del 11-M. El pueblo ansiaba paz, palabra manoseada hasta el paroxismo, hasta el límite que llegó en febrero de 2008, cuando se constituyó la “PAZ” (Plataforma de Apoyo a Zapatero), para las siguientes ellcciones de marzo de 2008, que también ganó. En ese contexto, convenía dejar solo al PP y asociarlo a todas las peores imágenes que la factoría “Pepiño” pudo idear. Si los del PP eran los doberman, los herederos del fascismo, los anacrónicos nostálgicos del pasado, la derechona etc… si eran (o habían de ser) todo eso, no podían ser los compañeros de viaje del PSOE en la búsqueda de la paz, y lo que se hizo fue aislarlos.

Ese aislamiento aséptico del PP y el paralelo acercamiento a la ETA, encajaba perfectamente con la estrategia política del momento del PSOE, consistente en buscar acuerdos con grupos nacionalistas extremos para consolidar mayorías nacionales en el Parlamento español.

Tiempo después hemos copnfirmado lo que ya se sabía entonces: Que, durante las negociaciones la ETA siguió rearmándose y el gobierno lo sabía (ahí están las pistolas de Francia, tantas veces denunciadas, que no sirvieron para alejar un ápice a Zapatero del proceso de paz, por mucho que dijera que tal robo tendría consecuencias). Que siguió extorsionando a los empresarios vascos y el gobierno también lo sabía. Nos hemos enterado de que se siguió negociando e incluso hubo reuniones en Suiza después del atentado de la T4, contactos que se negaron por el propio gobierno, pero fueron confirmados por la propia ETA. Se ha sabido también que mandos policiales siguiendo instrucciones del gobierno (es impensable que actuaran por libre) avisaron a colaboradores etarras para que no acudieran a una cita en el Bar Faisán donde íban a cobrar el “impuesto revolucionario”. Ese aviso buscaba inutilizar una redada del juez Grande Marlaska y fue después enarbolado por los negociadores como una muestra de buena fe, en su proceso de negociación con ETA.

Y lo que ha trascendido de aquél proceso, es seguro que tan solo representa la punta del iceberg.

¿Por qué entonces hoy hay gente, como Miralles, que no tienen empacho en asegurar que el gobierno actuó de buena fe? La única explicaciuón que se me ocurre es que tienen un concepto amplio de lo que es la buena fe.

Si el fin justifica los medios, y el gobierno tenía como fin último el terminar con la violencia y las muertes causadas por ETA, puede entenderse que – en el fondo – actuaba de buena fe. Es decir, el evidente engaño a la ciudadanía, reiterado durante los meses que duró el llamado proceso de paz, no impedía considerar, pese a todo, que el gobierno actuaba de buena fe, porque creía firmemente que el proceso iba a terminar bien y se iba a consolidar la retirada definitiva de las armas.

Algunos, entre los que me cuento, piensan no obstante que el gobierno percibió claramente desde el principio que el proceso de paz era tremendamente fructífero en términos de lucha electoral frente al PP, al margen de su éxito final (que podía producirse o no), mientras se mantuviera en pie. Y esta presunción encaja perfectamente con las reticencias del gobierno para abandonar ese proceso aun cuando ya sabía que a ETA no le interesaba mantenerlo vivo. El gobierno permitió que la ETA, a través del Partido Comunista de la Tierras Vascas, venciera en las elecciones locales en muchas circunscripciones y se asegurara la obtención de recursos para mantenerse, pese a documentados informes de la Guardia Civil que demostraban el vínculo entre el Grupo terrorista y los integrantes de las listas de candidaturas. Nada más celebrarse aquellas elecciones la ETA abandonó las negociaciones.

La cuestión es determinar hasta qué punto el gobierno fue o no víctima de un engaño por la ETA. Quién utilizó a quién. O se utilizaron las dos partes mutuamente, saliendo los dos beneficiados.

La ETA obtuvo las circunscripciones electorales y los fondos (que aún hoy sigue obteniendo) y el gobierno mantuvo vivo un voto radical a favor de una opción distinta al PNV, debilitando al nacionalismo y permitiéndole llegar al poder (con la ayuda del PP). Por su parte, el PP, conocedor de todas las artimañas del gobierno, llega a un punto en el que se encuentra ante la tesitura de desbancar a los nacionalistas del poder en el País Vasco y supedita toda su estrategia a este fin. Es Basagoiti el que pone en el poder a López y se asegura la vuelta de ambos partidos, de la mano, al Pacto por las libertades y contra el terrorismo o a algo similar. Pero la situación es coyuntural y no está claro que López goce del total beneplácito de Zapatero, al que le causa sarpullidos cualquier asomo de entendimiento con el PP. Toda la estrategia del PSOE ha pasado en los últimos tiempos por el aislamiento del PP en todos y cada uno de los escenarios en que ello ha sido posible. La situación del País Vasco es muy peculiar y se debe fundamentalmente al terrorismo. Si se consiguiera acabar con la lacra del terrorismo de forma definitiva, el PSOE estaría libre para coaligarse con el PNV. Y es a este posible escenario al que puede estar refiriéndose - aunque sea desafortunadamente – Mayor Oreja.
¿Significa esto que el PSOE busca la violencia en el País Vasco o que no desea el fin de ETA? En absoluto. Zapatero quiere lógicamente el fin de ETA y que no haya víctimas. Los movimientos tácticos en materia de terrorismo han tenido durante años el éxito asegurado porque, si se conseguía la entrega definitiva de armas, se obtenía una victoria con indudable repercusión positiva en las elecciones y en la popularidad. Si no se conseguía pero no había muertos ( o los muertos eran por “accidentes”, es decir, estaban durmiendo en un lugar en el que no se les esperaba, tampoco iban mal del todo las cosas). Ése es el sentido de la alianza a la que alude Mayor Oreja. Una noticia oportuna procedente de ETA, en el sentido de dejar las armas, se asociaría inmediatamente con el acoso y debilitamiento de la organización y se vendería como un éxito del gobierno.

Pero de todas estas cosas hay muchos que no quieren acordarse. Digamos que la animadversión que inspira el PP a muchos ciudadanos, hace que se sientan deseosos de perdonar y olvidar los errores a Zapatero. Ahora es muy posible que se pretenda nuevamente hacer coincidir una hipotética petición de alto el fuego con las elecciones generales o las locales o autonómicas que se avecinan para el 2011. Y si esto sucede, lo que cabe desear es que la gente no olvide y sepa advertir los gestos amistosos del gobierno que, sin duda, se producirán. Puede ser un acercamiento de presos, un aflojamiento de la presión policial o cualquier tipo de acuerdo o componenda. No olvidemos que el PNV está apoyando al PSOE en el Congreso de los Diputados.

Zapatero ya ha hecho declaraciones aludiendo a la debilidad de ETA, en lo que parece una preparación del terreno. Sin duda acaricia poder capitalizar algún éxito importante en la víspera de las elecciones. Ese éxito rápido y no compartido del PSOE, solo puede venir de un acercamiento y unas negociaciones, y no queda mucho tiempo antes de las próximas elecciones generales, de ahí que puede estar preparándose el terreno.

Mayor Oreja entretanto, quizás solo ha pretendido mojar la pólvora de este cartucho de Zapatero, intentando dejarle en evidencia.

23 de marzo de 2010

La igualdad de Aido

Hay razones de fondo para luchar contra el principio atávico de la dominación del macho. Hombres y mujeres, gracias al desarrollo intelectual de nuestra especie debemos intentar coexistir en condiciones de igualdad, aunque seamos diferentes. Hoy no tiene sentido que un género se imponga al otro.

Sin embargo la igualdad de sexos prácticamente nunca ha existido. Por tanto no se trata de un restablecimiento de derechos; es una implantación nueva que choca con casi toda la tradición que en nuestro entorno cultural lleva siglos atribuyendo al hombre una preponderancia sobre la mujer.

Hay que tener una exquisita sensibilidad para conseguir una implantación progresiva pero firme de la igualdad. Los extremismos y las prisas de los políticos (que quieren apuntarse rápidos y espectaculares logros en poco tiempo), son malos consejeros en este caso y huelen a electoralismo barato.

No es conveniente la imposición de medidas utilizando el poder coercitivo del Estado, sino la persuasión y la educación.

No debe mezclarse la igualdad de género, que es una lucha justa, con temas que encierran una problemática mucho mayor y distinta, como es el de la interrupción voluntaria del embarazo. Plantear el aborto como un logro feminista y un derecho, en lugar de un mal y un proceso traumático (que eso es lo que es en realidad) supone además de una trivialización, una grave irresponsabilidad que no genera adeptos ni simpatías para la causa. Pero además, consagrar este planteamiento sectario mediante una ley, aprobada por una mayoría mínima y forzada, gracias – como todo el mundo sabe – a pasteleos y acuerdos parlamentarios, sólo sirve para restar legitimidad al feminismo actual y asegurar la marcha atrás, en cuanto haya cambio de mayorías parlamentarias y de gobierno.

La discriminación positiva no es tampoco una ayuda a la causa. Las mujeres ayudadas por esta vía, ya sean altos cargos en la Administración que han sido designadas para cumplir con la cuota o integrantes del “casting” de ochenta candidatas para formar parte de Consejos de Administración, nunca sabrán si llegan graciads a sus méritos o sólo porque son mujeres. Una mujer que de verdad se sienta igual que el hombre no debe ceptar ayudas de este tipo.

Es bastante discutible que tengan que ayudar los poderes públicos en esta causa. Si acaso sería aceptable que ministerios implicados como Cultura o Educación, formaran parte de una Comisión interministerial constituida ad-hoc para la adopción de medidas a favor de la igualdad de género y contra la violencia machista. Un ministerio sólo para esto no se justifica ni siquiera en épocas de prosperidad: mucho menos en una situación de crisis económica como la que atravesamos.

Una lucha a favor de la igualdad de género necesita concitar el respecto de todos los sectores y, para ello, es imprescindible encontrar una mujer madura y respetada, que transmita sensación de equidad, de justicia, de respeto por los hombres (a ser posible casada y con hijos). Mujeres de ese tipo, existen, y ocupan puestos de alta responsabilidad en empresas y organizaciones. Lo peor para la causa es encontrar una jóven como Bibiana Aido, enchufada, “hija de”, sin méritos contrastados, chica de partido, imprudente e impulsiva, que no sabe lo que es luchar por una familia, mucho más difícil de digerir para sus oponentes. Está claro que no se busca la conciliación, ni los verdaderos avances. Lo único que se pretende es hacer tragar una píldora indigerible a los sectores más conservadores y tradicionales. Se busca la oposición. Se busca la reacción machista. Se pretende fracturar la sociedad para encontrar el rédito electoral.

No favorece tampoco a la causa la adopción de medidas absurdas y ridículas, como incluir en todos los planes de estudios de todas las carreras una asignatura troncal para estudiar el feminismo. Es decir, que examinen a nuestros universitarios/as de feminismo, cuando puede que estén estudiando cosas que no tienen nada que ver. ¿Qué pinta esa asignatura en carreras como la arquitectura, las ciencias exactas o la biología?

Otro aspecto que sin duda resta legitimidad a nuestro ministerio de igualdad es su silencio culpable frente a la actitud de otras culturas y religiones que –ésas sí – mantienen a la mujer en una situación de oprobio y humillación ante el hombre. No se conocen manifestaciones de repulsa de Bibiana Aido contra el fundamentalismo islámico y el maltrato a sus mujeres. Hoy el Islám es una religión en España que, aunque minoritaria, tiene cada vez más presencia. Y están extendiendo una cultura de la desigualdad en sus guetos culturales. En todas las grandes ciudades españolas ya hay barrios en los que proliferan los musulmanes y las mezquitas ¿Se va a implantar también allí, como asignatura el feminismo? Muchos Imanes se partirían de risa si se adoptara esta medida. Pero la realidad es que el ministerio de Bibiana no se atreve a tanto.

En definitiva: Lo que resulta de temer con un ministerio tan incompetente y sectario como el que tenemos, es que haya una recidiva generalizada del machismo. Que paguen justas por pecadoras. Que tantas mujeres serias y trabajadoras que ya hoy se codean sin problemas con los hombres en todos los ámbitos, se vean perjudicadas por esta lucha feminista que no sienten (o que sienten de otra manera).

Si por feminismo hemos de entender la lucha contra la violencia de género, o la aplicación de medidas correctoras contra la dominación atávica del macho sobre la hembra, estamos todos de acuerdo. Pero es un proceso que hay que hacer con lealtad, todos de la mano, dando protagonismo a las familias, a las asociaciones y entidades privadas, consensuándolo entre los partidos. No hay por qué hacer política con este tema. Hay que tener una exquisita sensibilidad para no mezclarlo con la religión o la salud. La religión católica, por ejemplo, tiene unos antecedentes remotos y viene de tiempos históricos en los que el papel de la mujer era distinto – obviamente – al de ahora. En los primeros tiempos del cristianismo y durante todos los siglos que han venido después la figura de la mujer ha aparecido asociada a la familia, a la virginidad etc… El propio velo islámico podemos verlo en las imágenes de la Virgen María y de las monjas asociado a la limpieza de espíritu y de costumbres. Todo eso hoy puede parecernos una colección de patrañas ideadas por los sacerdotes y los miembros del Sanedrín para su conveniencia. Sin duda acertaríamos si estableciéramos la correlación entre estas ideas religiosas de limpieza y los celos atávicos y el sentido de propiedad de los hombres sobre las mujeres. Pero el hecho es que éstas han tenido un papel subordinado al hombre durante muchos siglos y si hoy hemos de derribar lo que queda de ese mito, debemos hacerlo de una forma responsable y respetuosa.

2 de marzo de 2010

El negro y el blanco





Willy Toledo y Orlando Zapata: ¡Qué diferencia entre ambos!

El primero el negro y el segundo el blanco. No me refiero a las pieles sino a los corazones.

Uno ha crecido con oportunidades dentro de un mundo libre y civilizado. Ha podido elegir la prensa que lee cada día. Tiene disponible incluso el Granma, para formar su opinión como quiera. Puede votar a gobernantes nacionales, locales y autonómicos, puede consumir cultura, puede elegir productos en el mercado. Y en los ratos libres, puede hasta jugar a ser solidario. Es de esos que viajan a Cuba y le gusta descubrir una Cuba no contaminada por el imperialismo yanqui, pero aquí, en su país se beneficia de todo aquello que ha traído la sociedad competitiva y consumista.

El otro es un albañil, en un país en el que está limitado lo que puede ganar. Vivía en una isla atrasada en la que hombres y mujeres se prostituyen con los turistas y el gobierno lo permite. Le metieron en la cárcel por ir a una manifestación. Por tener una opinión. Por ser crítico. Por ser libre. En esa isla no se puede tolerar que nadie sea libre. Pese a todo, ese hombre negro valiente, lo fue. Y el camino que escogió, le llevó a la muerte.

Hoy, con su cuerpo caliente, no puede defenderse de la calumnia inmisericorde de un miserable, que le llama delincuente porque lo ha leído en alguna parte. Como decía Carlos Payá, seguramente hará falta enseñarle a Willy Toledo la camisa ensangrentada de su hijo, que guarda la madre de Orlando.

Pero da igual. La gente como Toledo es pedernal puro y hacen que este mundo sea peor para todos.