Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

26 de febrero de 2015

tic tac...

Suena a amenaza bananera. Ya llegamos, para cambiarlo todo. Para dar su merecido a quienes os han robado. Somos savia nueva que terminará con la corrupción que asola este país... 

Mucha de la gente que manifiesta simpatías por PODEMOS ha llegado a descender a unos límites de decepción que lo que necesitan es un cambio, lo traiga quien lo traiga. 

Por culpa de dónde están, de la falta de horizontes ya no piensan en lo mejor para el país. Piensan en sí mismos. Se ven como víctimas de una situación que necesitan alterar de alguna manera, atizando a los que perciben como causantes. Realmente ahora son una perita en dulce dispuesta a ser cortada de la rama por unos políticos tan aficionados como desaprensivos que manejan como nadie el populismo. Ni siquiera les importa demasiado ser convencidos en su ideología. A quienes llegan para desalojar a la partitocracia preexistente les perdonan todo y les van a aupar al poder sólo para que desalojen a los otros, a quienes ven como culpables de todos sus males.

Pero los poderes económicos, los bancos, las compañías de análisis de riesgos ahí seguirán y nos dificultarán mucho más la vida desde fuera de nuestras fronteras. En el caso de España no van a ser tan conformistas como han sido con Grecia, porque España es más grande y nuestro desvarío les supondrá perder mucho más dinero.

Si esto es así – que lo será – la llegada de Podemos solo supondría más inestabilidad y desde luego muchas promesas rotas porque no tendrían dinero para cumplirlas.