Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

27 de diciembre de 2011

Perdón por ser funcionario

No dudaba ni por un instante que nos fuera a congelar de nuevo el sueldo. Rajoy ya lo hizo en 1996 cuando se trataba de cumplir los requisitos para entrar en la unión monetaria. Entonces era Ministro de Administraciones públicas. Lo necesario es que ahora junto a esa medida esperada y fácil, vayan otras que sirvan de verdad para reducir el entramado de administraciones ssuperpuestas y gente (no funcionaria) viviendo del cuento. Esos son los peores; los nombrados a dedo. Los que deben darse prisa en una o dos legislaturas para enriqucerse, para situarse como una garrapata a chupar la sangre del famélico y enfermo Estado.
Tampoco he oido nada a Rajoy de los gastos desorbitados en todas las administraciones por servicios de consultoría y asesoramiento. Ahí hay un gran negocio para empresas privadas y sin duda es una opción para externalizar servicios y prescindir de funcionarios. Pero hay que decirlo abiertamente. Hay que abrir un debate serio en el que la ciudadanía sepa cuáles son los pros y los contras de externalizar servicios.
 Los funcionarios de la Administración Central hemos disminuido nuestros efectivos año tras año. Hablan de la congelación de la oferta de empleo público como si fuera una gran novedad. Ya está de hecho congelada desde hace años. Son las comunidades y Ayuntamientos quienes  han engordado duplicando y triplicando sus plantillas en pocos años. Ellos tienen plantillas jóvenes; nuestra media de edad (hablo de las entidades gestoras de la Seguridad Social) supera ya los cincuenta años.
Estamos desanimados. Viendo como nuestro poder adquisitivo ha disminuido de forma continua. No solo por las congelaciones sucesivas y bajadas de sueldo, sino por el mero hecho de cambiar de moneda. Quienes tienen comercios y empresas han repercutido sobre los precios el paso de la peseta al euro. Nosotros dependemos exclusivamente de un sueldo y no tuvimos esa posibilidad.
Vemos también como los políticos de todo signo nos condenan públicamente como una especie de casta privilegiada para congraciarse con los parados. Lo más desalentador es comprobar cómo nos dejan al pairo. No cuentan con nosotros. No cumplen con su obligación de dirigir de verdad la Administración Pública. Sólo la están dinamitando desde dentro. De cuando en cuando veo que algún político o tertuliano matiza diferenciando entre los funcionarios de carrera y los oportunistas o diferencia entra la Administración central y las locales, y me siento inmensamente agradecido.
Las fuerzas políticas centrífugas y descentralizadoras (lo que en los últimos años ha estado bien visto), han terminado por machacar los organismos e instituciones centrales, en los que ha predominado la mala conciencia. Nos hemos vuelto serviles poniendo el énfasis en el servicio público a un ciudadano al que todo esto solo le ha valido para dejar de redspetar a ls instituciones.  Hemos olvidado la faceta m´ñas importante: Somos poder público. Buscamos el interés general. Defendemos el bienestar general. Pero claro; eso no vende. La realidad es que la Administración Pública se ha politizado en los últimos tiempos. Ha sido manoseada por los polñiticos de paso, que han buscado siempre cómo rentabilizarla en su favor, esto es, buscando no un interés general sino partidista.
Ahora me llegarán nuevos jefes y nuevas decepciones. Tendré menos sueldo, más horario, más impuestos… y seguiré pidiendo perdón por ser funcionario. Por tener una licenciatura de derecho y haber ganado después una oposición a un Cuerpo Superior del Estado.

23 de diciembre de 2011

¿Miedo al aire fresco?

Me parece una mala señal que Rajoy haya nombrado a Gallardón como ministro de justicia. Su falta de escrúpulos le hace la persona idónea para tragar y digerir el proceso de “paz” que siempre ha criticado el PP y ponerse a la cabeza de unas nuevas negociaciones que muchos, empezando por las víctimas de la ETA reprobarían. Fue Gallardón el que dio por cerrado el proceso del 11M que ahora se está viendo que tenía muchos flecos, pistas falsas y trampas.
Me parece también muy mala señal que Jorge Fernández Díaz, tras ser nombrado Ministro de interior, haya comenzado por un discurso de elogios hacia sus antecesores. Este gesto no es casual. Igual que tampoco lo fue la unanimidad de la Audiencia nacional para devolver al juez Ruz el auto de procesamiento dictado contra altos cargos de Interior en el caso FAISAN.
Me temo que las víctimas del terrorismo de la ETA y las del 11M se quedarán sin valedores en el nuevo gobierno. ¿Ha llegado la hora del asqueroso pragmatismo por el cual unos políticos perdonan a otros y dejan de criticarles por el mero hecho de haber perdido el poder? ¿Se van a ir de rositas todos los sinvergüenzas que tanto han denunciado desde el PP, cuando estaba en la oposición?
Quizás no sea el momento de que los nuevos cargos electos se manchen implicándose directamente en una cacería revanchista. Pero al menos tienen que facilitar la acción de la justicia y no entorpecer a los pocos jueces que de forma comprometida y valiente están investigando e instruyendo sumarios en los que se tocan las cloacas del poder.
Rajoy no debe temer el aire fresco, salvo que le guste el mismo olor a pedo que a sus antecesores.

14 de diciembre de 2011

Nos salva la burguesía

Hoy he tenido una pequeña discusión con una compañera de trabajo, con la que suelo tomar el café matutino. Creo sinceramente que es buena gente, pero tiene una empanada mental bastante seria sobre ciertas cuestiones sociales que nos afectan a todos.
Estábamos hablando de los ajustes económicos, tan de moda ahora. En un momento dado yo le expresé mi convencimiento de que en los últimos años se había derrochado tanto, en tantas instancias, que ahora los grandes paganos habrían de ser sobre todo los trabajadores de la clase media que todavía tuvieran la suerte de conservar un trabajo. Añadí que, por fortuna en los tiempos que corren existe una burguesía, a la que pertenecemos, que aleja el riesgo de fractura social. Si no fuera así, la agitación que puede empezar a originarse entre los más desfavorecidos por la situación actual, podría conducirnos a un verdadero riesgo de enfrentamientos. Lo único que quise decir con ello es que, por fortuna, existen hoy en España grandes bolsas de población con suficientes intereses y patrimonio como para que no les apetezca lo más mínimo embarcarse en una lucha de clases incierta que puede conducir a la catástrofe.
Eso es algo que por desgracia ya conoce este país y muchos tememos que se vuelva a repetir.
A mi compañera le produjo sarpullidos inmediatos el oír que alguien le podía llamar burguesa y rechazó de plano que ella fuera tal cosa. Se calificó a sí misma como una currante pringada. El hecho incontestable es que ella vive con su marido y su hijo en un barrio residencial de Pozuelo de Alarcón y, aunque no tengo conocimiento del detalle de su patrimonio, sé – por lo que ella me ha contando – que poseen un piso en propiedad, otro en alquiler y un Volvo 4x4 y que llevan a su hijo a un buen colegio de pago y tienen ambos un trabajo seguro y bien remunerado. Para mí está claro que está incluida nítidamente en la burguesía, entendida como la clase media. Ese gran conjunto de gente que surgió en las ciudades entre los trabajadores del campo y la clase dominante (nobleza y clero). Esa gente que desarrolló diversos trabajos intelectuales y de artesanía en los burgos o ciudades tuvo un papel estelar en la aparición de la democracia y la moderación de las leyes y costumbres, a través del reconocimiento de derechos y la separación de poderes. La Revolución francesa fue obra de los burgueses y la mayoría de los grandes avances sociales desde entonces se han originado desde la burguesía.
Los burgueses hoy, tal y como yo los entiendo, pueden tener una ideología más socialdemócrata o más liberal-conservadora. Es un término muy amplio que engloba a una amalgama de trabajadores autónomos o asalariados que se mueven normalmente en parámetros intermedios de riqueza patrimonial.
Probablemente mi compañera y amiga no estaba pensando en el sentido originario del término burguesía, sino en la acepción peyorativa que recibió a partir de las tesis materialistas de Marx, en las que se viene a identificar al burgués con la propiedad de los medios de producción y, en consecuencia, con la explotación de quienes sólo pueden aportar su mano de obra.
Esta visión desfasada y anacrónica ya no se sostiene en un país como el nuestro. Cuando la agricultura da empleo a mucha menos gente debido al alto grado de mecanización de las explotaciones agrarias, cuando la mano de obra más elemental está hoy asumida en un gran porcentaje por los trabajadores inmigrantes, cuando el sector de servicios se ha desarrollado tanto, en detrimento de las manufacturas (que se han deslocalizado y se ubican en lejanos países con baratísima mano de obra)… cuando confluyen todos estos factores podemos decir que el tejido social mayoritario es la clase media, es decir, la burguesía. Las costumbres y la forma de vida de esta compañera es burguesa, mal que le pese.
Creo que hoy estamos la mayoría de acuerdo en que se ha superado el maniqueísmo que destilan las tesis marxistas al asociar la burguesía con holgazanería y explotación y a la clase trabajadora con el trabajo. Nótese que el intento de confundir a un colectivo con el propio término, lo que realmente pretendía era excluir al otro colectivo: Si una es la clase trabajadora, la otra ¿Qué es? ¿Es que los empresarios o propietarios de los medios de producción no trabajan? ¿Hoy puede considerarse que un autónomo por definición trabaja menos que sus empleados?
Por el contrario se ajusta mucho más a la realidad actual el volver a la acepción originaria del término, con la particularidad de que hoy es admisible el término en todos los núcleos de población, no solo en las grandes ciudades, porque a todos los sitios han llegado los servicios: La escuelas, consultorios médicos, entidades bancarias. Por otra parte sabemos que la visión cosmopolita de la vida, esencial en un burgués, la puede tener alguien con pensamiento de izquierdas o de derechas, aunque el radicalismo en cualquiera de las dos tendencias es poco compatible con el pensamiento burgués y además se corre el riesgo de entrar en contradicción con la propia vida que uno desarrolle.
Alguien que sea muy radical en el pensamiento izquierdista, por ejemplo, si tiene propiedades como mi amiga, encontrará serias dificultades para armonizar su vida teórica y práctica. Alguien que sea de pensamiento muy conservador, resultará patético sin en la práctica se gana la vida con un modesto trabajo de asalariado.
Por lo tanto la inserción más flexible y menos exigente es la del burgués de clase media, que puede dar cabida a múltiples tipos de trabajadores, incluso a aquellos que quieren seguir sintiéndose de izquierdas por razones sentimentales aunque en su vida practiquen -afortunadamente – algo muy distinto.

7 de diciembre de 2011

¿Qué homenajeaban ayer?

Ayer se homenajeaba una Constitución muerta. O quizás sería más correcto decir asesinada. Necesitamos un nuevo periodo constituyente. No es preciso que se remuevan todos los cimientos del Estado. Algunos aspectos de la actual Constitución debidamente adaptados, pueden seguir dando juego, pero en estos años que llevamos de democracia han aparecido demasiados goteras.
La llamada “fiesta” de la Constitución ha puesto de actualidad la otra gran crisis – (la institucional) – cuando lleva apenas una semana dándonos un respiro la prima de riesgo. Esta crisis innegable hace que hoy muchos nos preguntemos si de veradd existe separación de poderes, si de veradd se está propugnando la solidaridad entre comunidades autónomas, si de verdad los poderes públicos del estado central han velado por tutelar el ejercicio correcto de lñas comptenecias transferidas o, por el contrario, han apostado por el interminable proceso de descentralización cuyo único fin para muchos ya solo puede ser la soberanía nacional de territorios como el llamado País Vasco o Cataluña.
¿Tenemos algo que celebrar?
Creo que la Constitución no debne ser celebrada, sino protegida urgentemente. Ya está bien de hipocresías.
Ayer conducía el evento de la conmemoración el sumo sacerdote de la hipocresía – Sr. Bono – el de los bolsillos de cristal y también el de la hípica y los áticos permutados. Abusando de su cargo institucional que esperemos abandone probnto, se permitió el colocarse por encima de los partidos e instarles (como si él fuera un Jefe del Estado neutral y no se sentara en el Comité Federal de Ferraz) a que fueran de la mano en estas horas críticas. Muy bonito y muy edulcorado…pero también muy falso.
Utilizó ese espejismo de neutralidad intentando dar verosimilitud a los elogios – nada neutrales – al presidente saliente y todavía en funciones, el nefasto ZP, en cuyo mandato ha coincidido, para mayor dolor de los españoles, la peor crisis de los últimos tiempos.
Si de verdad hubiera sido neutral su discurso habría contenido una admonición clara contra el último gobierno por su sectarismo que ha desenterrado odios ya casi olvidados, por su torpeza que ha acentuado las diferencias entre los territorios de las comunidades autónomas, y por su irrelevancia, improvisación e irresponsabilidad que han conducido a nuestro país a perder el respeto de toda la comunidad internacional.
El mejor modo de homenajear la Constitución de 1978 es hacer un examen para comprobar cómo, cuándo y dónde se ha vulnerado por los propios poderes públicos y poner – todos de acuerdo – las medidas para evitar que eso suceda de nuevo.
En la celebración de cartón piedra de ayer no estaba ni el rey, imagino que recluido en la Zarzuela y mascando la vergüenza por los lances de su hija Cristina con los sablazos del Instituto Noos y otras sociedades y sus inversiones en las Islas Cayman o Belice con el colega Urdanga.
No estaban tampoco los líderes de las comunidades autónomas separatistas: Artur Mas se ha desprendido de la careta diciendo que no se siente llamado a celebrar algo que va en contra de los intereses de Cataluña, con lo que pone de relieve la inutilidad de la torpe política de apaciguamiento que se ha venido siguiendo en los últimos años con ellos. Yo le corregiría y le diría que sí tienen cosas que celebrar, como por ejemplo que en esa comunidad se ingrese el IVA de cualquier producto catalán que se compre en cualquier lugar de España. Tuvieron que celebrar, por ejemplo, la celebración de las Olimpiadas en Barcelona, con el apoyo de toda España (y que luego no ha disfrutado Madrid en sus candidaturas). En definitiva tienen que celebrar que disfrutan de un status que pueden perder, igual que los vascos con su concierto. Y ya es hora de que empiecen a percibir la posibilidad de perder los privilegios que tienen si siguen comportándose como los díscolos nenes tocapelotas que vienen siendo. Ya es hora de que comprueben que eso no les conduce a ninguna parte. Que nunca van a dejar de ser españoles, ni a estar – afortunadamente para ellos – bajo el paraguas de nuestra carta Magna, mal que les pese.
Y qué decir de los jueces. Uno de los poderes cardinales de la democracia. Su independencia ha de ser uno de los pilares básicos de un Estado de derecho. Lo dice la Constitución y lo dicen todas las corrientes doctrinales de la ciencia jurídica. Desde Montequieu, hasta el iusnaturalismo o el positivismo. En los últimos tiempos el gobierno ha tensado al máximo las posibilidades de las más altas instituciones jurídicas, siempre buscando asegurarse el nombramiento de personas afines para lograr sentencias y actuaciones acordes con sus intereses partidistas. ¿Quién duda hoy de que Conde Pumpido ha actuado parcialmente y ha sido la voz de su amo? ¿Quién duda de que Garzón o Bermúdez han prevaricado a favor del gobierno actual? ¿Quién duda de que el Tribunal Constitucional, cuyos miembros habían alargado incluso su mandato, dictó al final una sentencia sobre un Estatuto de Cataluña claramente inconstitucional y que lo hizo para favorecer los intereses de un gobierno que necesitaba el voto nacionalista?
Nadie duda hoy de que la política se ha judicializado y la judicatura se ha politizado. Todo partió de la Ley orgánica del poder judicial de 1985, en la que los socialistas de Felipe González pusieron en marcha un sistema de mayorías en los principales órganos jurisdiccionales que les hacía perder la independencia irremediablemente. Bien es cierto que el PP con su mayoría absoluta tampoco remedió esta situación. Hoy podemos decir que la independencia del poder judicial está visiblemente dañada y, con ella, el derecho a la tutela judicial efectiva.

1 de diciembre de 2011

¿Quién puede ser el nuevo candidato?

Los candidatos del PSOE son todos malos. Visto desde fuera de la disciplina del partido. A salvo de enrarecimientos y de luchas intestinas, una persona neutral diría que hoy los socialistas no tienen a nadie que pueda recuperar la intención de voto.
El ciudadano español en general desea el cambio; salir de esta situación económica incierta que provoca honda preocupación y hace que aflore el sustrato burgués de una capa importante de la sociedad que votaba a los socialistas. La preocupación por el bienestar es burguesa, el sentido de la propiedad, también. Los socialistas han querido enviar un mensaje fallido durante la pasada campaña, de apoyo a las capas sociales bajas, han querido abandonar aun más la responsabilidad socialdemócrata y sumergirse en la izquierda más radical y sectaria. La gente ha percibido que el mensaje era falso y, en segundo lugar, inadecuado.
Es falso porque entra en frontal contradicción con el hacer de los dirigentes socialistas, muchos de los cuales predican con palabras, pero no les respaldan los hechos. Muchos votantes han percibido que les gusta más el dinero que un caramelo a un niño y han visto claramente la colisión frontal de las actitudes con las palabras y el enseñoreamiento de la corrupción: ¿de dónde sale todo el dinero de Bono, la hípica y los pisos etc.? ¿Dónde se va a ir a vivir Zapatero? ¿qué han pagado empresarios corruptos a Pepiño? ¿Qué casa se está construyendo en Las Rozas? ¿Qué casa tiene ya en La Toja? ¿Cuánto se ha llevado la familia de Cháves de la Junta de Andalucía y de empresarios corruptos, adjudicatarios de obras o servicios con ella? ¿Cómo y dónde vive hoy Felipe González? ¿Quiénes son sus amigos? ¿Qué es lo que han obtenido los Pajines de Benidorm?
Si nos hacemos en serio todas estas preguntas, veremos que muchos dirigentes del PSOE han perdido la legitimidad para llamarse obreros y practicar una política de izquierdas, lo cual ha sido sin duda percibido por muchos votantes que han emigrado a las filas de izquierda unida y no volverán hasta que no vean limpieza y sintonía entre las ideas y las obras.
Pero además el mensaje ha sido inadecuado, porque España salía de una etapa de aburguesamiento, en la que todos – aunque fuera a c rédito – hemos sido grandes consumidores y propietarios. Lo que quiere la gente en realidad es retornar a esa época de consumismo. Por fortuna no quiere lucha, ni movimientos en la calle. Sólo quiere poder trabajar y ahí ha quedado demostrado que el PSOE no se ha caracterizado por ser un facilitador de la contratación. Preso de una ideología sectaria y de un clientelismo con los sindicatos, fue dirtectamente al desastre. Y las cifras de parados han cantado en su contra. La gente quiere volver a trabajar y volverá consumir. Prefiere ser burguesa que embarcarse en una lucha incierta. Se han llegado a educar en el consumo lo suficiente como para que no les guste nada que ahora les vendan ideologías trasnochadas.
Siendo así las cosas, el PSOE necesitaría un candidato rompedor con el pasado, pero con todo el pasado (el más remoto del felipismo y el más reciente de los que entonces se llamaron renovadores y han formado parte, junto a Zapatero, de una quinta que será recordara por su torpeza y sectarismo). El nuevo líder debería estar limpio de todas las corrupciones y no ser sectario.
Ha sido el sectarismo y una muy concreta estrategia para mantener el poder lo que ha llevado al PSOE de Zapatero a atacar los cimientos de España, favoreciendo políticas centrífugas nacionalistas y haciendo que el constitucionalismo y las instituciones fundamentales de la nación entren en una crisis de la que les va a resultar muy difícil salir. Por eso quien llegue, debe enterrar definitivamente esa estrategia, arrostrando si fuera preciso el riesgo de pérdida de votos en las regiones hasta ahora beneficiarias de esa política destructora. Eso significará que llega en clave estadista y piensa en el interés general y no solo en el de su partido. Indirectamente el PSOE puede salir beneficiado abandonando la cortedad de miras y apuntando más alto. Contribuyendo en definitiva a la estabilidad de un Estado que ahora mismo navega con rumbo incierto dentro de una tormenta financiera e institucional donde las grandes empresas, los bancos y las altas instituciones se tambalean.
Solo así conseguirá ser una verdadera alternativa de un partido popular en alza. Naturalmente este nuevo punto de vista, solo puede aportarlo alguien limpio, que no haya estado en los últimos gobiernos – Rubalcaba no vale - y que no se caracterice tampoco por favorecer localismos por las razones antedichas – Chacón o Pachi López, por supuesto, no valen -.
Tampoco vale gente que haya estado implicada con Zapatero. Es tal el descrédito que tiene que salpicará a cualquiera que haya recorrido de su mano un camino, por corto que sea o haya participado de su sectarismo en el Gabinete o en el parlamento.
Debería ser alguien experto y con conocimientos de economía y a ser posible de inglés, para poder codearse en los foros europeos e internacionales mejor que Zapatero. Debería ser alguien responsable y pausado que no se viera en la necesidad de sacar conejos de la chistera ni de hablar de brotes verdes, alguien que asumiera que puede perder el poder en cuatro años o antes en una moción de censura pero que, no por ello, se apartar de un proyecto de gobernabilidad. Alguien que en definitiva tuviera un proyecto y se olvidara de encuestas de intención de voto y de maniobras de márketing (que no pensara continuamente en clave electoralista). Sería deseable que el nuevo candidato, además se rodeara de gente capaz, sin miedo a que le hicueran sombra y huyera de las mediocridades. Quien se rodea de mediocres es también un mediocre.
El nuevo candidato del PSOE, en definitiva debe ser antagónico de lo que ha sido Zapatero.