No dudaba ni por un instante que nos fuera a congelar de nuevo el sueldo. Rajoy ya lo hizo en 1996 cuando se trataba de cumplir los requisitos para entrar en la unión monetaria. Entonces era Ministro de Administraciones públicas. Lo necesario es que ahora junto a esa medida esperada y fácil, vayan otras que sirvan de verdad para reducir el entramado de administraciones ssuperpuestas y gente (no funcionaria) viviendo del cuento. Esos son los peores; los nombrados a dedo. Los que deben darse prisa en una o dos legislaturas para enriqucerse, para situarse como una garrapata a chupar la sangre del famélico y enfermo Estado.
Tampoco he oido nada a Rajoy de los gastos desorbitados en todas las administraciones por servicios de consultoría y asesoramiento. Ahí hay un gran negocio para empresas privadas y sin duda es una opción para externalizar servicios y prescindir de funcionarios. Pero hay que decirlo abiertamente. Hay que abrir un debate serio en el que la ciudadanía sepa cuáles son los pros y los contras de externalizar servicios.
Los funcionarios de la Administración Central hemos disminuido nuestros efectivos año tras año. Hablan de la congelación de la oferta de empleo público como si fuera una gran novedad. Ya está de hecho congelada desde hace años. Son las comunidades y Ayuntamientos quienes han engordado duplicando y triplicando sus plantillas en pocos años. Ellos tienen plantillas jóvenes; nuestra media de edad (hablo de las entidades gestoras de la Seguridad Social) supera ya los cincuenta años.
Estamos desanimados. Viendo como nuestro poder adquisitivo ha disminuido de forma continua. No solo por las congelaciones sucesivas y bajadas de sueldo, sino por el mero hecho de cambiar de moneda. Quienes tienen comercios y empresas han repercutido sobre los precios el paso de la peseta al euro. Nosotros dependemos exclusivamente de un sueldo y no tuvimos esa posibilidad.
Vemos también como los políticos de todo signo nos condenan públicamente como una especie de casta privilegiada para congraciarse con los parados. Lo más desalentador es comprobar cómo nos dejan al pairo. No cuentan con nosotros. No cumplen con su obligación de dirigir de verdad la Administración Pública. Sólo la están dinamitando desde dentro. De cuando en cuando veo que algún político o tertuliano matiza diferenciando entre los funcionarios de carrera y los oportunistas o diferencia entra la Administración central y las locales, y me siento inmensamente agradecido.
Las fuerzas políticas centrífugas y descentralizadoras (lo que en los últimos años ha estado bien visto), han terminado por machacar los organismos e instituciones centrales, en los que ha predominado la mala conciencia. Nos hemos vuelto serviles poniendo el énfasis en el servicio público a un ciudadano al que todo esto solo le ha valido para dejar de redspetar a ls instituciones. Hemos olvidado la faceta m´ñas importante: Somos poder público. Buscamos el interés general. Defendemos el bienestar general. Pero claro; eso no vende. La realidad es que la Administración Pública se ha politizado en los últimos tiempos. Ha sido manoseada por los polñiticos de paso, que han buscado siempre cómo rentabilizarla en su favor, esto es, buscando no un interés general sino partidista.
Ahora me llegarán nuevos jefes y nuevas decepciones. Tendré menos sueldo, más horario, más impuestos… y seguiré pidiendo perdón por ser funcionario. Por tener una licenciatura de derecho y haber ganado después una oposición a un Cuerpo Superior del Estado.
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