Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

23 de septiembre de 2011

Pirueta judicial

Nuestra cultura popular guarda expresiones muy apropiadas para las situaciones más diversas.
Lo de ayer de la Audiencia Nacional se puede definir con toda propiedad, como: Echar tierra sobre el asunto. Enterrar el tema debajo de una losa de dificultades pues no será posible aportar pruebas más contundentes y claras que las que ya estaban en el sumario.
Un asunto que estaba meridianamente claro para el juez instructor y para la mayoría de la ciudadanía, se ha embrollado deliberadamente con el fin de evitar el banquillo a unos funcionarios del Estado que con toda probabilidad hubieran hablado e implicado a sus superiores.
Lo más desasosegante es que ha habido una rara unanimidad de todos los integrantes de la Sala y puede que esa unanimidad para no remover el asunto, se extienda a las corrientes políticas. A todas. Incluyendo el PP.
Esta película ya la hemos visto. Sucedió algo parecido con el GAL. En aquella ocasión no se pudo culpar a Mr. X, quien se suponía que estaba al frente y era conocedor de toda la operación. No se libraron sin embargo los mandos intermedios.
Quizás ahora se ha entendido que si han de librarse los impulsores del mal llamado proceso de paz, no tienen por qué cargar con el mochuelo unos funcionarios que están meramente en la cadena ede mando y cumplen instrucciones con disciplina y lealtad.
El mensaje al juez Ruz y a la ciudadanía en general, puede ser el siguiente: Ya que no vamos a enjuiciar nunca a los responsables, tampoco se va a hacer pagar a los subordinados. La Audiencia Nacional reconoce que hay delito, pero no quiere saber nada de él. En particular no quiere saber quién lo ha cometido.
Si ante una instrucción correcta, con evidencias aplastantes, como las que encontramos en este caso, el procesamiento es devuelto al juzgado de Instrucción, habrá que concluir que la Audiencia no quiere saber nada. Pero si no quiere saber nada, ¿Por qué ha avocado para sí la competencia de resolver? ¿Por qué Gómez Bermúdez ha querido que intervenga el Pleno, en contra de lo que es el procedimiento habitual? Todos pensábamos que lo que quería hacer el juez Bermúdez y con él la mayoría de los magistrados de la AN, era corregir la calificación del delito para pasar a imputar a los policías por revelación de secretos, en lugar de por colaboración con banda armada. De ese modo el proceso viajaría a un juzgado de Irún en el que los policías podrían salir mejor librados.
Lo que ha sucedido es mucho peor: Se ha dicho que no hay pruebas suficientes con los que hasta ahora eran procesados. Se ha dicho que se tienen que buscar más pruebas y que entretanto ya no hay nadie procesado.
El ver hoy la portada del diario “PÚBLICO” o las declaraciones de Pepiño o de Concha Valenciano son signos más que evidentes de que la decisión judicial satisface enormemente a la progresía que siempre ha estado a favor de lo que ellos han llamado el Proceso de paz.
Ni siquiera el PP pierde con esto ya que no le interesa seguir con este frente abierto. Excepción hecha de Ignacio Gil Lázaro, al que pronto sacrificarán por ser demasiado molesto, este tema no interesa removerlo porque dentro de poco sane que estarán en el poder y no resulta beneficioso para nadie remover los cimientos de todo un Estado. Así pues, las víctimas de los atentados de ETA, aquellos que anhelan justicia, aquellos que más han perdido con todo esto, se tendrán que aguantar una vez más.
Uno de sus representantes de las víctimas, Daniel Portero, presidente de la Asociación Dignidad y Justicia, ha dicho con toda la razón que esto ha sido una auténtica pirueta judicial. Pirueta en beneficio de un vergonzoso silencio, auspiciada por el laureado juez del 11M. ¿Qué curioso no?

Negro panorama

Los bancos deberían resistir la tentación de obtención a corto plazo de beneficios permitiendo el endeudamiento privado de sectores de la sociedad más desfavorecida. Que esos sectores vayan a más, que las personas y familias que los integran sean cada vez más solventes de modo que se coloquen en situación de poder ser prestatarios sin riesgo, es un reto que tenemos que asumir en una sociedad avanzada como la nuestra. Pero entretanto las entidades financieras deben asegurar su propia solvencia, no entrando en operaciones de riesgo.
Salimos de un modelo económico basado en el consumo que ha intentado por todos los medios incitar a la compra de inmuebles a todas las personas, por pequeño que fuera su sueldo, por inestable que fuera su trabajo. Parece que nadie hacía una llamada a la responsabilidad. Los bancos tuvieron su parte de culpa: temerosos de quedarse sin su parte del pastel, compitieron entre ellos para ofrecer préstamos a una frágil e incipiente burguesía que confiaba en sus posibilidades y en su buena suerte. Trabajadores eventuales, inmigrantes, jóvenes recién contratados, pensionistas metidos a inversores inmobiliarios… todos se lanzaron al ladrillo. Y ahora muchos de ellos son fallidos y sus inmuebles no han hecho sino aumentar el parque inmobiliario en venta.
El estallido de esta crisis inmobiliaria debemos basarlo – aunque no sea la única causa – en la imprudencia de muchos. Y esta imprudencia de prestamistas y prestatarios tuvo mucho que ver con el mensaje equivocado de los dirigentes políticos y de los medios de comunicación que tardaron en avisar de la llegada de una crisis tan seria como la que ahora nos afecta.
Hoy la contabilidad bancaria suma un porcentaje muy elevado de activos no realizables. Tenemos unos bancos ricos patrimonialmente pero con una preocupante falta de liquidez, que les hace solicitar préstamos a otras grandes entidades europeas. Pero con ellos compiten los propios gobiernos que también han gastado en exceso comprometiendo a todo el mercado. Aunque se nos repita hasta la saciedad que las agencias de rating están bajando la valoración de economías públicas como la nuestra, en general un estado de un entorno civilizado es solvente y atractivo para los grandes bancos e inversores. Los postores de las grandes subastas y emisiones de deuda pública, son los grandes inversores de quienes dependen en exceso economías como la nuestra. Y a su vez ellos dependen de otras economías más débiles como la griega y del riesgo de impago de su deuda pública. Los bancos franceses y alemanes están muy expuestos y pueden perder mucho dinero con esto.
Si los grandes bancos compran preferentemente deuda pública, prestarán menos a las entidades pequeñas y éstas dependerán en exclusiva de sus depósitos y operaciones. Si vemos que están con un porcentaje de fallidos en incremento (alrededor de un 7 % actualmente), parece natural que cierren el grifo a nuevos préstamos.
Está bien que ese grifo se cierre cuando se trata de comprar cosas innecesarias o no urgentes (que un trabajador eventual, por ejemplo, quiera comprar un adosado, puede resultar innecesario y además una operación de riesgo). Pero el crédito para economía productiva y para que las empresas puedan afrontar dificultades coyunturales de tesorería, es imprescindible. Y ése también se ha cerrado.
No sé el alcance en cifras que ha podido tener esa falta de crédito sobre el desempleo en España, pero sin duda puede atisbarse una relación causa efecto. Cuantas menos empresas y autónomos haya (cuantos más negocios cierren), menos trabajadores por cuenta ajena y, por extensión menos consumo.
Por lo tanto la clave es facilitar al máximo que el dinero fluya, que se eliminen obstáculos a los negocios. Frente a esta situación que brevemente hemos descrito, nos encontramos con una administración pública (sobre todo local y autonómica) inflada y llena de trámites y burocracia; una administración que se retroalimenta creando trámites innecesarios y justificando carrera alocada hacia el incremento en el gasto, para lo que necesitan deuda porque sus recursos propios – los que provienen de los impuestos – van en descenso.
Estamos ante un círculo vicioso que a algunos gobernantes no les interesa romper.

17 de septiembre de 2011

Esto sí que es rancio


Ha salido nuevamente a la palestra Felipe González, como siempre sentando cátedra. Parece gustarle mucho que algunos le consideren - para mí inmerecidamente -como una especie de sabio y experimentado gurú de la política, cuyas opiniones han de ser muy tenidas en cuenta. yo creo que desde que se retiró, lo común en él, es que diga tonterías, aunque le presumo capacidad para mucho más. Si le ponemos al lado de ZP sin duda parece una estrella rutilante de la galaxia, una supernova junto a una miserable estrella enana.

Ahora pretende hacer una oportuna incursión en la arena política, para echar un capote a los socialistas. Critica a Rajoy por no hacer nada y aprovecharse de las circunstancias. Dice de él que se deja arrastrar por las olas flotando como un muerto hasta la orilla, sin atreverse a nadar ni moverse, porque si lo hiciera se podría hundir.
Ingeniosa la comparación. De modo que si Rajoy hablara, como no tiene un programa ni sabe qué hacer frente a la situación actual, se desacreditaría tanto que los socialistas ganarían de calle las elcciones.
La realidad es muy otra. Ellos son los que hablan y no saben ni lo que dicen. Ellos son los que han puestro en práctica medidas contradictorias con su propio programa. Es Rubalcaba quien derogó el impuesto sobre el patrimonio y ahora lo vuelve a proponer.
Lo que tiene Felipe es mucha desfachatez. Él mismo hizo un descosido importante a nuestra economia y a nuestro país.
En el fondo Mr X está encorajinado porque los populares no descienden a polemizar con él. Pobrecillo.

14 de septiembre de 2011

¿Tan malo es el equilibrio?


Se ha levantado una gran polvareda con la reforma constitucional para intentar bloquear el techo presupuestario. Hoy hay muchos que se quejan amargamente de la rapidez del proceso de reforma y de que no haya habido consulta popular en forma de referéndum. Hablan de rodillo y de imposición… y yo me pregunto ¿Son o no son demócratas?
Todos los agentes sociales en contra de esta medida, todos los grupos predispuestos al gasto, los pedigüeños e insolidarios nacionalistas… todos los que se han manifestado en contra, temerosos de que vaya en serio esto de cortar el grifo, no dejan de ser una aplastante minoría.
Pero vamos a ver. Seamos serios. Creo que estamos todos de acuerdo a estas alturas en que el gasto público debe ser equilibrado con los ingresos. ¿Por qué esta oposición? Se trata solamente de un gesto para tranquilizar a los mercados. Hay muchas previsiones de nuestra Carta Magna que se han incumplido y se siguen incumpliendo. ¿Es acaso irracional, que la Constitución obligue – aunque solo sea programáticamente – a que nos administremos bien, como haría cualquier familia?
Lo que me preocupa de todo esto es que sigue quedando gente que cree firmemente en el endeudamiento público como una vía de solución o mejora de algo. Esa gente es la misma que ya por dos veces han dejado el Estado español en la ruina. Lo hicieron al marcharse Felipe González y lo vuelven a hacer ahora.
Definitivamente nuestros socialistas son peligrosos. Y si es malo el socialismo porque tiende a la mala administración, peor es todavía el socialismo acompañado de una crisis. Si en tiempos de bonanza la gestión socialista es nefasta, cuando llegan las vacas flacas, es simplemente letal.
Muchos caen ahora del guindo. Pero estoy hablando de ciudadanos votantes, empleados por cuenta ajena y propia, funcionarios, pensionistas… gente en definitiva alarmada porque tienen la certeza de que van a ser finalmente los paganos, de que se les va a meter – se les ha metido ya – impunemente la mano en el bolsillo, apelando a su solidaridad. Y lo harán – lo están haciendo – los mismos que han derrochado el dinero en memeces, en simposios internacionales estériles, en coches oficiales, obras faraónicas, gastos administrativos, fomento de la burocracia, ideologización de la sociedad, subvenciones a grupos culturales y ONGs afines, compra de puestos en organismos internacionales para niñatas incompetentes como la Aido, sueldos de cientos de asesores en la Administración pública etc.
De verdad, la gente se sorprendería al ver que nos quedábamos exactamente igual (con más dinero en el bolsillo, eso sí ) al meter la tijera sobre todos estos apartados.
¿Tan necesario era el aeropuerto de Ciudad Real, por ejemplo? ¿Tan imprescindible es subvencionar a Ryan Air para que la gente viaje barato a Gerona o a Malta? ¿Tan esenciales son las embajadas abiertas por algunas comunidades autónomas en el extranjero?
Quienes se oponen al equilibrio presupuestario hoy quieren hacernos creer que para lograrlo se disminuirán los gastos en capítulos esenciales de mera supervivencia de los ciudadanos. No tiene por qué ser así. Antes de llegar a esos extremos hay un vasto territorio por explorar... televisiones comunitarias, órganos admninistrativos solapados con los centrales, subvenciones a sindicatos y patronal, cooperación al desarrollo de otros países, gastos en consultoría y contratos de servicios inútiles etc. Nadie hablar de eliminar los subsidios o ayudas a sectores desfavorecidos o de eliminar la sanidad pública.
El problema es que las facturas ya cuentan en el “debe” y mientras tanto, en el “haber”, cada vez hay menos donde rascar. No han cuidado el tejido productivo, no han cuidado la inversión empresarial, se han multiplicado las trabas de todo tipo dentro de un agobiante clima de intervencionismo y comisariado y, como es natural, los ingresos disminuyen por falta de sujetos responsables de pago, por mucho que se hayan subido los impuestos. No hay quien los pague. Si seguimos así cada vez habrá menos paganos y más gente subsidiada. Aquellos que tengan la oportunidad de escaquearse lo harán. Aquellos otros que sean transparentes, como funcionarios o pensionistas, no podrán hacer otra cosa que acumular su indignación contra estos malos gestores que se creían redistributivos y que al final, les están haciendo pagar el pato.
Y en este contexto ¿Tan mal está prever legislativamente que el endeudamiento debe tener un tope? ¿Tan malo es buscar el equilibrio entre ingresos y gastos?

2 de septiembre de 2011

Priorizar el gasto es la clave

Hoy he escuchado en la radio una opinión bastante atinada con la que estoy muy de acuerdo. Creo que era de Campmany y venía a decir que proliferan estos días las voces agoreras que insisten en que la aplicación de recortes en busca de la estabilidad presupuestaria conducirán inexorablemente al fin del estado de bienestar. Y que él no participa de esa visión, ya que hay un enorme trecho todavía por recorrer para empezar a recortar el bienestar de los ciudadanos quitándoles prestaciones básicas.
Totalmente de acuerdo.
Hay mucho margen todavía de recorte en embajadas, televisiones y aeropuertos “fantasmas”, se puede ahorrar mucho recortando gasto en inmersión lingüística, en estructuras administrativas obsoletas, en direcciones generales inútiles, en oficinas de defensores del pueblo comunitarias, en agencias comunitarias de protección de datos, en contratos de asesoramiento y servicios que no valen para nada, en publicidad institucional, en colaboraciones internacionales de las administraciones locales, en oficinas de marketing y calidad que sobran en el caso de las administraciones públicas, en subvenciones a fundaciones y ONGs desconocidas, en financiación a partidos políticos y sindicatos etc.
¿Por qué, antes de acometer todas estas medidas necesarias, ya han recortado sueldos de funcionarios o pensiones de ancianos o inválidos? ¿Por qué se habla de aplicar recortes en asistencia sanitaria o medicamentos?
Sin duda hay intereses ocultos y espúreos, que pretenden una privatización de los servicios públicos. En nuestro Estado del bienestar hemos conseguido unos importantes avances sociales, sobre todo en materia de sanidad y educación que deben permanecer incólumes, al menos hasta que no se haya recorrido todo ese largo trecho de recortes en inutilidades que la ciudadanía demanda.
Pero los políticos, en su habitual mediocridad, están lejos de priorizar adecuadamente los objetivos de gasto y de ahorro. Podemos ver cómo en la Comunidad de Cataluña se cierran ambulatorios de la Seguridad Social privando de una atención de proximidad a los residentes de determinados barrios y multiplicándoles las incomodidades al tener que acudir a otros centros… y mientras tanto se mantienen las embajadas en el extranjero.
En conclusión: si se priorizan debidamente las medidas de ahorro, el bienestar social no tiene por qué verse afectado.