Hoy he escuchado en la radio una opinión bastante atinada con la que estoy muy de acuerdo. Creo que era de Campmany y venía a decir que proliferan estos días las voces agoreras que insisten en que la aplicación de recortes en busca de la estabilidad presupuestaria conducirán inexorablemente al fin del estado de bienestar. Y que él no participa de esa visión, ya que hay un enorme trecho todavía por recorrer para empezar a recortar el bienestar de los ciudadanos quitándoles prestaciones básicas.
Totalmente de acuerdo.
Hay mucho margen todavía de recorte en embajadas, televisiones y aeropuertos “fantasmas”, se puede ahorrar mucho recortando gasto en inmersión lingüística, en estructuras administrativas obsoletas, en direcciones generales inútiles, en oficinas de defensores del pueblo comunitarias, en agencias comunitarias de protección de datos, en contratos de asesoramiento y servicios que no valen para nada, en publicidad institucional, en colaboraciones internacionales de las administraciones locales, en oficinas de marketing y calidad que sobran en el caso de las administraciones públicas, en subvenciones a fundaciones y ONGs desconocidas, en financiación a partidos políticos y sindicatos etc.
¿Por qué, antes de acometer todas estas medidas necesarias, ya han recortado sueldos de funcionarios o pensiones de ancianos o inválidos? ¿Por qué se habla de aplicar recortes en asistencia sanitaria o medicamentos?
Sin duda hay intereses ocultos y espúreos, que pretenden una privatización de los servicios públicos. En nuestro Estado del bienestar hemos conseguido unos importantes avances sociales, sobre todo en materia de sanidad y educación que deben permanecer incólumes, al menos hasta que no se haya recorrido todo ese largo trecho de recortes en inutilidades que la ciudadanía demanda.
Pero los políticos, en su habitual mediocridad, están lejos de priorizar adecuadamente los objetivos de gasto y de ahorro. Podemos ver cómo en la Comunidad de Cataluña se cierran ambulatorios de la Seguridad Social privando de una atención de proximidad a los residentes de determinados barrios y multiplicándoles las incomodidades al tener que acudir a otros centros… y mientras tanto se mantienen las embajadas en el extranjero.
En conclusión: si se priorizan debidamente las medidas de ahorro, el bienestar social no tiene por qué verse afectado.
Totalmente de acuerdo.
Hay mucho margen todavía de recorte en embajadas, televisiones y aeropuertos “fantasmas”, se puede ahorrar mucho recortando gasto en inmersión lingüística, en estructuras administrativas obsoletas, en direcciones generales inútiles, en oficinas de defensores del pueblo comunitarias, en agencias comunitarias de protección de datos, en contratos de asesoramiento y servicios que no valen para nada, en publicidad institucional, en colaboraciones internacionales de las administraciones locales, en oficinas de marketing y calidad que sobran en el caso de las administraciones públicas, en subvenciones a fundaciones y ONGs desconocidas, en financiación a partidos políticos y sindicatos etc.
¿Por qué, antes de acometer todas estas medidas necesarias, ya han recortado sueldos de funcionarios o pensiones de ancianos o inválidos? ¿Por qué se habla de aplicar recortes en asistencia sanitaria o medicamentos?
Sin duda hay intereses ocultos y espúreos, que pretenden una privatización de los servicios públicos. En nuestro Estado del bienestar hemos conseguido unos importantes avances sociales, sobre todo en materia de sanidad y educación que deben permanecer incólumes, al menos hasta que no se haya recorrido todo ese largo trecho de recortes en inutilidades que la ciudadanía demanda.
Pero los políticos, en su habitual mediocridad, están lejos de priorizar adecuadamente los objetivos de gasto y de ahorro. Podemos ver cómo en la Comunidad de Cataluña se cierran ambulatorios de la Seguridad Social privando de una atención de proximidad a los residentes de determinados barrios y multiplicándoles las incomodidades al tener que acudir a otros centros… y mientras tanto se mantienen las embajadas en el extranjero.
En conclusión: si se priorizan debidamente las medidas de ahorro, el bienestar social no tiene por qué verse afectado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario