Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

22 de agosto de 2011

Me quedo con la JMJ


La visita del Papa a España en el marco de la JMJ ha sido, según todo el mundo califica un auténtico éxito del que me congratulo porque resulta francamente hiriente para mi sensibilidad el ver cómo la religión ligada a nuestra cultura, la que profesan con mucha diferencia, más fieles en España, ha sido objeto en los últimos años, de acoso por el Estado y las instituciones en las que ha gobernado la izquierda.
No sé si es fruto de tal acoso, o que simplemente lleva marcando esa tendencia desde hace años, pero la Iglesia Católica en España está hoy a la defensiva, redoblando su activismo y su exigencia. De alguna manera está “bunkerizada” y proyecta a través de su red de parroquias y diócesis una energía pastoral muy volcad hacia esa postura reactiva, lo que no deja de ser natural, pues se está atacando a su propia esencia con el beneplácito institucional de los poderes públicos.

Cierto es que la Iglesia dista mucho de estar adaptada a la sociedad de hoy. Frente a esta realidad, se ha optado por una huida hacia adelante: El Papa actual y el anterior, representan una ortodoxia bastante exigente para los tiempos que corren y una falta de flexibilidad en los dogmas, la moralidad y la administración de los sacramentos.
Se diría que a quienes creemos, pero no somos muy practicantes, nos lo han querido poner más difícil, imponiéndonos una ortodoxia enfrentada con el relativismo. Se insiste en el activismo y en que los creyentes no deben avergonzarse de profesar públicamente la fe, porque es la única verdad. Todo ello es una resistencia frente a lo que vienen percibiendo como un ataque.
Pero resulta muy distinto que el “ataque” provenga de forma espontánea y descoordinada de la población, a que tenga su origen en las instituciones que sostenemos todos y desde las mismas se practique un sectarismo activo y demoledor, contra la Iglesia Católica. Contra eso, me veo obligado a rebelarme y he de decir que el catolicismo me provoca hoy, curiosamente, una simpatía natural. El ver estos días en Madrid a tanto joven creyente de aspecto alegre y pacífico, me ha hecho pensar que los prefiero a ellos que a otros jóvenes antisistema e indignados que lo único que provocan es desestabilización y temor por lo que pueden representar en el futuro. Y cabe decir lo mimso de los musulmanes, cada día más numerosos en nuestro país. Toda la progresía de izquierdas, tan envalentonada hoy contra la Iglesia Católica, calla miserablemente ante las imposiciones alienantes del corán.


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