Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

30 de junio de 2009

Reparando el pasado tarde y mal.

El dictador Francisco Franco, en la madurez de su mandato, cuando en los años sesenta miraba al país desde el paternalismo, recibió muchos honores prodigados por adláteres caciquiles y demás gente afín. Muchos beneficiarios del régimen que hicieron fortunones a su costa, agradecidos – no se sabe si sinceramente o con una perspectiva utilitarista del momento – buscaban la manera de agradarle a él o a su familia. Nadie hoy se acuerda de ellos. De hecho han pasado ya treinta y cuatro años desde la muerte del dictador. Uno tras otro, estos años han traído inexorablemente el olvido de esos tiempos franquistas en los que el pulso de la nación palpitaba desde la residencia de “su excelencia el Jefe del Estado en El Pardo”.

Que los honores eran inmerecidos, no lo discute nadie. Seguramente tan poco justos como muchas de las estatuas o de los nombres de calles que hoy pueblan nuestra ciudad, pero mucho más interesantes de manipular. La izquierda de hoy se siente incómoda con cada recuerdo del dictador y, bajo el pretexto de borrar esos recuerdos (de los que nadie se acordaba) consiguen que nos acordemos de lo malvado y abyecto que era.

Ésa es la táctica. En el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, por ejemplo, han gobernado durante muchos años y nunca Tierno, Barranco o Leguina consideraron oportuno desempolvar esos viejos odios (por mucho que estuvieran seguros de que la legitimidad democrática les hubiera permitido hacerlo). Era una cuestión de oportunidad, o quizás es que la política era algo más noble o ingenua que ahora. Por eso lo hacen ahora, habiendo tenido sobradas ocasiones para hacerlo antes.

En estos tiempos en los que no se desaprovecha ninguna oportunidad por pequeña que sea para desacreditar al adversario político, el socialismo y en general la izquierda, piden a gritos – porque eso es precisamente lo que quisieran - que el PP salga en defensa de los símbolos que van encontrando y destruyendo del pasado. Ya sea estatua, lápida, nombre de calle, título honorario, donación… todo lo que huela al régimen anterior lo sacan a la palestra para denostarlo públicamente. Quisieran que el PP cayera en el error de defender esos símbolos. Si así fuera tendrían ya el argumento definitivo para cimentar sólidamente las críticas que, de hecho, ya hacen y pasan por asociar a la derecha actual con el antiguo régimen.

Constituye un juego peligroso el dar a la izquierda un plus de legitimidad por el mero hecho de ser la parte derrotada en el desgraciado enfrentamiento armado que hubo en nuestro país, y considerar a la derecha de hoy como heredera de la dictadura resultante. Este simplismo maniqueo fractura a la sociedad y desata enfrentamientos. Si de verdad existiera un ánimo conciliador, no se plantearían estas cuestiones desde un planteamiento partidista.

Por eso creo que han acertado los concejales del PP cuando ayer se ha votado por unanimidad en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid, la retirada del título de hijo adoptivo a Franco. Lo mejor que se puede hacer con esta izquierda revisionista de la historia es darles la razón como a un niño y no perder el tiempo con sus estupideces.

Y conste que no pretendo ofender a nadie. No me atrevería nunca a calificar de estupidez los sentimientos de aquéllos supervivientes de nuestra guerra civil a los que el régimen vencedor de la contienda les haya podido zaherir. Lo único que digo es que esa causa no puede ser objeto de manipulación política a día de hoy. No se puede utilizar continuamente el pasado como arma política del presente. Y mucha gente estaría de acuerdo conmigo si califico de estupideces muchos de los efectos colaterales de la llamada memoria histórica. Y si no ¿Qué opinar de la imputación de genocidios a autores que se sabe muertos y enterrados hace decenas de años, o del mero planteamiento de la idea de borrar todo signo franquista en iglesias y cementerios? Son esos despropósitos – nada inocuos además – los que califico de estupideces. Y no están los tiempos ni la crisis para permitirnos derroches de ninguna naturaleza.

18 de junio de 2009

¿Hay corrupción de derechas y corrupción de izquierdas?





Desde que tenemos democracia en España, la derecha ha gobernado menos de una tercera parte del tiempo, si incluimos como partido de derechas a UCD. Ha habido entre sus representantes electos o entre sus miembros de ejecutivos, casos de corrupción imperdonables - (la corrupción entre parlamentarios electos o entre gobernantes, siempre es imperdonable) - . Pero entre los políticos socialistas además de ser más frecuente ha sido más injustificable, si cabe. Por múltiples razones: En primer lugar, las propias siglas del PSOE, su propia y pretendida mayor sintonía con las clases trabajadoras hacen que algunos casos rechinen más y provoquen mayor indignación entre la ciudadanía. Desde la izquierda siempre se ha hecho gala de ese plus de legitimidad que supuestamente les proporcionaría su ubicación ideológica: lejos de la propiedad de los medios de producción y cerca de la mano de obra asalariada. Pero esto, como todos sabemos es pura teoría: Los socialistas gustan de sentarse en los consejos de administración capitalistas, y los grandes empresarios lo saben.

Se plantean también problemas de cualificación y de tiempo de vida útil en la política. Quizás fuera oportuno hacer un estudio serio sobre la preparación académica de nuestros políticos. Probablemente veríamos que la derecha tiene una más sólida formación académica que capacita mejor a sus representantes y les proporciona mayores garantías de colocación en la empresa privada. Muchos socialistas – ahí tenemos el ejemplo de Pepe Blanco – se forman en su propio puesto de trabajo, en el que eclosionan , obteniendo la experiencia profesional en el mismo seno de lo público y de la política. Otros u otras llegan a tener el acta de diputado a tan temprana edad, que se hace imposible que hayan podido acumular experiencia o sabiduría alguna para representar a los españoles.

No tengo nada que objetar al hecho de tener representantes parlamentarios bisoños e incultos: La esencia de la soberanía popular es ésa. Por tanto, bienvenido sea cualquier político elegido democráticamente.

Ahora bien: Sí que puede colegirse que si un político tiene pocas posibilidades de situarse fuera de la vida pública y además en el seno de ésta, se le brindan oportunidades que no podría soñar tener fuera de ella (llámense coches oficiales, cacerías, viajes exóticos a lugares lejanos, utilización de jets privados, vacaciones en fincas pertenecientes a Patrimonio Nacional, millonarias reformas en áticos de propiedad estatal etc.), experimentará como consecuencia inmediata una resistencia frente al regreso a la vida normal y vulgar de la que partió, y una natural tendencia a poner los medios – sean cuales sean – para mantenerse en ese status que no quiere perder.

Es en ese momento cuando el político se coloca a sí mismo el cartel de “sobornable”, y las empresas y grupos de presión lo saben.
La pregunta es la siguiente: ¿Es más sobornable el político de izquierdas por necesitar extraer más beneficios crematísticos de la política, al no poder obtenerlos de otro sitio? No debería ser así, pero...

Parece como si el nepotismo político en la derecha fuera más sutil o indetectable. El corrupto de derechas puede valerse de sociedades interpuestas y enrevesados enlaces en el mundo mercantil para lucrarse de forma ilegítima. Pero es raro que se pueda ver implicado en algo tan burdo como estamos viendo estos días con el ex presidente andaluz, Manuel Chávez, o con el Jefe del Centro Nacional de Inteligencia.

En ambos casos, la forma de utilizar los resortes del poder público para el beneficio propio o de sus familiares, ha sido tan grosera, que resulta imposible ver parangón entre las filas populares.

Ayer veía a un periodista, en un debate televisivo, esforzarse por quitar hierro a las implicaciones de Alberto Saíz, diciendo que éste por el momento no se hallaba imputado por los tribunales, mientras que había tres altos cargos del PP que sí lo estaban por el caso Gürtel. Es cierto. Igual que es indudable la gravedad del caso Gürtel. Pero el bochorno de la foto en la cubierta del yate y con el pez espada en la mano debería inhabilitar de forma fulminante y directa a su protagonista para el ejercicio de cualquier cargo público. Eso, sin contar con el tráfico de marfil, el uso de aviones militares para transportar trofeos de caza etc… A propósito de caza… nos viene a la memoria otro gran aficionado, ministro de justicia en el paro, socialista de pro, que pagaba sus trofeos en cash de billetes morados de 500 que muchos no hemos tenido nunca en la mano.

¿Y qué decir de la flamante apoderada de MATSA, hija del Sr. Chávez? - (la empresa debería llamarse, en lugar de Minería de aguas teñidas, minería de aguas turbias). Habría mucho que hablar sobre las subvenciones que obtiene la niña, con cambio legislativo ad-hoc, de por medio.

A muchos nos extrañó cuando Chávez dejó la presidencia de Andalucía, para venirse a Madrid, aunque ahora vislumbramos una posible explicación: Pudo ser un intento de evitar que la corrupción que le salpicaba – conocida ya desde Madrid por su gran Jefe de filas – afectara en la menor medida posible a los votos del PSOE en esa comunidad.

La corrupción siempre da asco, pero si afecta a los socialistas, además de ser usualmente más burda, resulta más indignante.

10 de junio de 2009

Desde el desdén y sin concesiones al adversario

El Presidente ZP no quiso la noche de la derrota electoral aparecer en público y dejó solos dando explicaciones al candidato y a la secretaria de organización. Se quedaron ambos, solos frente al peligro, para que la figura del planetario presidente siguiera inmaculada. (Ya que se apropiaron del nombre del rito religioso para hacer un bautizo civil, a lo mejor quieren también una inmaculada concepción).

No digo que Leire Pajín, no mereciera un castigo de la ciudadanía por impulsar y concebir una campaña tan rastrera y de baja estofa como la que siguió el PSOE, pero Zapatero debía haber apoyado a sus candidatos y haberse justificado ante sus electores.

Pero ¿acaso es extraño en él lo que hizo?

Sabemos que es la telegenia y el talante insustancial lo que siempre ha entregado de sí mismo a los ciudadanos. Probablemente ha sido el presidente más falsario y tramposo que hayamos tenido. Y, como tal, no es de extrañar que sea el que peor encaja las derrotas.

Como es natural – si no, no estaría donde está – ZP no es solo telegenia y talante. Por detrás, en Ferraz o en Moncloa está continuamente maquinando con una hoja de ruta para dar un vuelco a una sociedad que iba bien, pero él no puede tolerar. Envía globos sonda para pulsar la opinión pública, dice y se desdice, toma decisiones descabelladas, aunque luego sean otros los responsables, corta cabezas y firma ceses con pulso firme etc.

Es un maniobrero cuya hoja de ruta tiene un único fin: Permanecer en el poder, pase lo que pase. Es mejor cuatro años que tres; por eso no va a adelantar las elecciones aunque lo va a pasar mal con los frágiles equilibrios que tendrá que hacer para sacar adelante los proyectos legislativos.

Dentro de esa forma táctica y cortoplacista de maniobrar no encaja fácilmente una declaración institucional que suponga el más mínimo reconocimiento al adversario político. A ZP le falta grandeza para dejar de calcular aunque solo sea por un momento cualquier avatar político en clave electoral. No se da cuenta (no es tan listo como algunos creen) de que lo que consigue realmente es transmitir la imagen de un lider noqueado. Lo mismo le sucedió después del atentado de la T4, cuando tardó más de dos días en aparecer ante la opinión pública.

Hoy califica la victoria del PP de espejismo y les dice a los opositores de forma desdeñosa y altanera que “disfruten de su éxito”. Estas expresiones me parecen una falta tal de categoría que no es de extrañar que el debate político se haya hecho hosco y ruin como nunca lo había sido.

Luego vendrán algunos a generalizar y atribuir por igual la responsabilidad a PSOE y PP, desde una equidistancia inadmisible.

8 de junio de 2009

Un aviso

Sinceramente me hubiera gustado que fuera mayor la diferencia a favor del PP. No soy militante de ese partido político. Algún día puedo incluso llegar a votar al PSOE, cosa que ya hice en 1982. Sí me siento anti – Zp, - y nunca votaré a los socialistas mientras él esté - porque me ha soliviantado desde hace ya años, con su forma de sembrar la discordia en España y de culpar cínicamente a los contrarios. La última campaña ha demostrado nuevamente que no se paran en chiquitas, no tienen empacho alguno en bajar al lodo para destruir al contrario. Deberían sentirse responsabilizados desde que ocupan el poder en 2004 y respetar más a los ciudadanos, pero lejos de eso, dejan la campaña en manos de una fanática como Leire Pajín o sueltan cargas de profundidad contra las íntimas convicciones de gran parte de la ciudadanía, por la boquita de Bibiana Aido.

Como dirían los Presuntos Implicados, - ¡ Ay! ¡Cómo hemos cambiado! ¡Qué lejos ha quedado aquella amistad! ...

Hoy está visto que la estrategia del PSOE pasa por recurrir a la ruptura de nuestra sociedad, hurgando en ansias de revancha adormecidas y tocando las peores fibras de la gente. Revolviendo a la ciudadanía una mitad contra la otra, en todos los temas posibles, agigantando las diferencias, levantando un muro infranqueable entre los ciudadanos.
Por eso no les perdono.
Y por eso he ido a votar fervientemente a favor del PP, aunque soy consciente de que me pueden defraudar en muchas cosas.

Sin embargo, estoy parcialmente decepcionado por el resultado. Quienes ahora gobiernan, hubieran merecido a mi juicio un varapalo mucho mayor. El hecho de no haberlo recibido demuestra sin género de dudas que tienen un gran sector de la población donde querían: Tremendamente radicalizado y enfervorizado a su favor o comprado en una espesa red de clientelismo.

Siempre he creído que en los últimos tiempos el voto conservador tiene más criterio y es menos fiel. Muchos votantes que dieron la mayoría absoluta a Aznar en el 2000 fueron capaces de retirarle su voto en 2004, profundamente disgustados con la política de seguidismo a Bush y la guerra de Irak. También hoy, conozco muchos votantes contrarios a los coqueteos con los nacionalistas que han entregado su voto a UP y D, castigando la tibieza de Rajoy. No me cabe duda de que el ascenso de Rosa Díez ha sido más a costa del PP que del PSOE.

Hoy se ha recuperado en parte la confianza de un votante huidizo, pero la cita importante no era ésta y, como dicen algunos columnistas, el PSOE de ZP ha salido vivo del encuentro, lo que implicará un mayor esfuerzo en Génova, desde donde tienen que demostrarnos todavía muchas cosas: La principal de ellas, que se puede y se debe luchar limpio frente a quienes se han habituado a fajar en el lodo de las mentiras y la propaganda. Pero también debe insistirse en que no se puede ni debe votar ideológicamente. La ideología es una forma de prisión. Es una carta blanca que sirve para que políticos mediocres se sientan seguros de unos votos que no merecen. El votante no le debe nada a nadie. ¿Cómo debe sentirse hoy el fiel votante andaluz? Esa persona quemada con las tradicionales injusticias de los terratenientes contra los jornaleros, con toda la legitimidad y toda la razón, hizo bien en votar a la izquierda. Pero… ¿Y hoy? ¿Qué puede pensar cuando ve que su principal valedor tiene a su hija como apoderada de una gran empresa, es decir, integrada de lleno en su denostado mundo capitalista, o que tiene una red de familiares colocados en organismos o empresas públicas de la Junta de Andalucía? ¿O qué cara se le queda cuando al alcalde socialista de Almonaster, le entran las prisas por dimitir para trabajar en una multinacional canadiense, contratista del mismo ayuntamiento en el que estaba él antes?

La gente debe recordar ante todo, que el voto es el único instrumento de castigo que tiene el ciudadano y la oportunidad de utilizarlo le surge con cuentagotas.

Y, por su parte, la oposición debe esforzarse por estar continuamente preparada para asumir el poder y por exigirse una honradez blindada frente a insidias y agitadores. Solo así se ganarán las Generales.

7 de junio de 2009

Chorradas planetarias

Leyre Pajín esa joven promesa del PSOE, a la que se le dio un escaño en el Congreeso de los Diputados, nada más terminar su carrera universitaria, es hoy una flamante secretaria de organización. Seguramente es la política más zafia que se pueda encontrar en el panorama de actualidad español. Con menos elegancia que la señora de la limpieza de mi oficina, en cuanto se arranca detrás del atril, hace gala de una apabullanmte seguridad, inaudita para su edad. Y esa seguridad, frecuente en los ignorantes e irresponsables, hace que no le importe demasiado la desmesura ni la estupidez y se despreocupe del alcance de las ridiculeces que profiere.
La última ha sido la beneficiosa conjunción astral planetaria de la presidencia de Obama en su país y la presidencia de turno de ZP en Europa que hará que el mundo sea mejor.
Y se ha quedado tan ancha.
Más valía que ZP se hubiera levantado en su día al pasar la bandera estadounidense. Nos habríamos ganado mejor a los americanos, sin necesidad de decir estas chorradas.

5 de junio de 2009

¿El Islam tolerante?



Hoy en el mundo millones de musulmanes. Algunos se empeñan en verlos como una amenaza para la estabilidad mundial y lo hacen de forma pública, sin ambages, expresando una especie de superioridad del mundo occidental sobre las otras culturas. Eso, sin duda es una torpeza. Es una batalla perdida de antemano que conduce a la radicalización de las sociedades y las culturas. Por eso Bush no ha sido un buen presidente. No ha sido el presidente que se merecía la comunidad internacional. No ha servido para liderar el mundo desarrollado y ha supuesto un retroceso en el tiempo.

Ahora Obama expresa públicamente las bondades de las culturas musulmanas y ensalza a sus líderes visitándoles en su terreno y regalándoles los oidos con las menciones constantes a las bondades del Islam. Ese pobre Islam que extendió la civilización en la península ibérica haciendo florecer la tolerancia y la exquisitez en un Al-Andalus acosado por la Inquisición española...

Más que un guiño hacia ellas, su discurso parece una genuflexión.

Me está recordando demasiado a Zapatero con la ETA y solo espero que además de ser un movimiento táctico (que, por mi parte, entendería) se encuadre dentro de una estrategia que contemple la posibilidad de que estas jugadas de aproximación puedan fracasar.

Obama debe tener muy claro quién tiene frente al tablero de ajedrez. Me parece muy bien que no lo exprese públicamente, pero me sentiría tranquilizado si supiera que Obama piensa, como yo, que los jerarcas saudíes, los mandatarios iraníes, sirios, etc… están detrás del germen de la intolerancia y del terrorismo internacional. Da igual que se trate de Al-Qaeda o de otras células o grupos. Los musulmanes radicales existen y creen en la lucha contra el infiel. Oriana Fallaci tenía razón cuando les criticaba. Y también Stefan Zweig en su estupenda frase que podría aplicarse no sólo a los musulmanes, sino a cualquier fundamentalismo: “Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.”

De momento, no me ha gustado nada que Obama, para agradar a los intolerantes del mundo actual, aluda a la intolerancia de la religión cristiana en tiempos remotos. El cristianismo en la España de los siglos XVI a XVIII, naturalmente que era fanático e intolerante. En aquellos tiempos todas las naciones (o reinos) eran beligerantes salvo rara excepción. Los estados papales, los reinos centroeuropeos, Inglaterra, Francia, las ciudades estado italianas… todos intervenían en las guerras religiosas. La quemas en la hoguera de Juana de Arco o de Savonarola fueron anteriores a nuestra Inquisición. El mundo era así y lo siguió siendo durante mucho tiempo. Los colonos que llegaron en el Mayflower y la sociedad norteamericana de finales del XVIII fueron lo más parecido a la inquisición española que se ha visto en tiempos recientes en el mundo, hasta llegar a las salvajadas de los racistas en América de las que, en tiempos recientes, podría haber sido víctima el propio Obama.

Pero la sociedad occidental ha evolucionado, apartándose progresivamente del fanatismo, mientras que la civilización musulmana apenas ha progresado. Quizás tenga algo que ver el hecho de que en muchas madrasas – financiadas, por cierto por los petrodólares saudíes – lo único que se enseña reiterativamente sean los versículos del Corán. Lo cierto es que allá donde hay gobiernos islámicos siguen conculcándose los derechos humanos: Se maltrata a las mujeres, se condena a muerte a los homosexuales etc...

Hoy las tesis de la “alianza de las civilizaciones” quieren introducir un elemento de respeto hacia estas culturas ancladas en el pasado y en el subdesarrollo de sus súbditos -(hay muchos estados musulmanes que no tienen ciudadanos sino súbditos)-. Y yo digo: adelante. Respetémosles. Pero no lleguemos a la genuflexión.

Me resulta inquietante ver – por ejemplo – al líder de mi país mostrar una tolerancia y voluntad de apaciguamiento con los musulmanes (en cuyos países todos sabemos que no habría reciprocidad a ese trato) y provocar de forma continua a la Iglesia católica que hoy no quema ni lapida a nadie.

Obama parece que lleva camino de hacer lo mismo, lo cual es más preocupante todavía.

Solo espero que tenga un as en la manga y sepa bien hasta dónde puede llegar.
Participo completamente de la opinión de Isabel San Sebastián (EL Mundo - 6 de junio de 2009), de la que incluyo un extracto:




¿El Islam tolerante?



Hoy en el mundo millones de musulmanes. Algunos se empeñan en verlos como una amenaza para la estabilidad mundial y lo hacen de forma pública, sin ambages, expresando una especie de superioridad del mundo occidental sobre las otras culturas. Eso, sin duda es una torpeza. Es una batalla perdida de antemano que conduce a la radicalización de las sociedades y las culturas. Por eso Bush no ha sido un buen presidente. No ha sido el presidente que se merecía la comunidad internacional. No ha servido para liderar el mundo desarrollado y ha supuesto un retroceso en el tiempo.

Ahora Obama expresa públicamente las bondades de las culturas musulmanas y ensalza a sus líderes visitándoles en su terreno y regalándoles los oidos con las menciones constantes a las bondades del Islam. Ese pobre Islam que extendió la civilización en la península ibérica haciendo florecer la tolerancia y la exquisitez en un Al-Andalus acosado por la Inquisición española...




Más que un guiño hacia ellas, su discurso parece una genuflexión.

Me está recordando demasiado a Zapatero con la ETA y solo espero que además de ser un movimiento táctico (que, por mi parte, entendería) se encuadre dentro de una estrategia que contemple la posibilidad de que estas jugadas de aproximación puedan fracasar.

Obama debe tener muy claro quién tiene frente al tablero de ajedrez. Me parece muy bien que no lo exprese públicamente, pero me sentiría tranquilizado si supiera que Obama piensa, como yo, que los jerarcas saudíes, los mandatarios iraníes, sirios, etc… están detrás del germen de la intolerancia y del terrorismo internacional. Da igual que se trate de Al-Qaeda o de otras células o grupos. Los musulmanes radicales existen y creen en la lucha contra el infiel. Oriana Fallaci tenía razón cuando les criticaba. Y también Stefan Zweig en su estupenda frase que podría aplicarse no sólo a los musulmanes, sino a cualquier fundamentalismo: “Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.”

De momento, no me ha gustado nada que Obama, para agradar a los intolerantes del mundo actual, aluda a la intolerancia de la religión cristiana en tiempos remotos. El cristianismo en la España de los siglos XVI a XVIII, naturalmente que era fanático e intolerante. En aquellos tiempos todas las naciones (o reinos) eran beligerantes salvo rara excepción. Los estados papales, los reinos centroeuropeos, Inglaterra, Francia, las ciudades estado italianas… todos intervenían en las guerras religiosas. La quemas en la hoguera de Juana de Arco o de Savonarola fueron anteriores a nuestra Inquisición. El mundo era así y lo siguió siendo durante mucho tiempo. Los colonos que llegaron en el Mayflower y la sociedad norteamericana de finales del XVIII fueron lo más parecido a la inquisición española que se ha visto en tiempos recientes en el mundo, hasta llegar a las salvajadas de los racistas en América de las que, en tiempos recientes, podría haber sido víctima el propio Obama.

Pero la sociedad occidental ha evolucionado, apartándose progresivamente del fanatismo, mientras que la civilización musulmana apenas ha progresado. Quizás tenga algo que ver el hecho de que en muchas madrasas – financiadas, por cierto por los petrodólares saudíes – lo único que se enseña reiterativamente sean los versículos del Corán. Lo cierto es que allá donde hay gobiernos islámicos siguen conculcándose los derechos humanos: Se maltrata a las mujeres, se condena a muerte a los homosexuales etc...

Hoy las tesis de la “alianza de las civilizaciones” quieren introducir un elemento de respeto hacia estas culturas ancladas en el pasado y en el subdesarrollo de sus súbditos -(hay muchos estados musulmanes que no tienen ciudadanos sino súbditos)-. Y yo digo: adelante. Respetémosles. Pero no lleguemos a la genuflexión.

Me resulta inquietante ver – por ejemplo – al líder de mi país mostrar una tolerancia y voluntad de apaciguamiento con los musulmanes (en cuyos países todos sabemos que no habría reciprocidad a ese trato) y provocar de forma continua a la Iglesia católica que hoy no quema ni lapida a nadie.

Obama parece que lleva camino de hacer lo mismo, lo cual es más preocupante todavía.

Solo espero que tenga un as en la manga y sepa bien hasta dónde puede llegar.
Participo completamente de la opinión de Isabel San Sebastián (EL Mundo - 6 de junio de 2009), de la que incluyo un extracto:




4 de junio de 2009

¿Progresía o reacción?

Siempre se ha dado al hecho de tener un prejuicio, una connotación negativa. Se dice que no debemos emitir prejuicios y tener nuestra mente en blanco para lo que venga. Hay que estar abiertos a nuevas posibilidades, aunque resulten extrañas: Y así hoy vemos que algunas ideas van calando en una sociedad, cada vez más extraña y multicultural.

Pero los prejuicios de algún modo están basados en el conocimiento y en la experiencia. Y a las costumbres y en general las ideas conservadoras les ocurre lo mismo. ¿Hay que conservarlo todo? Por supuesto que no. Pero tampoco hay que cambiarlo todo de la noche a la mañana.

El ansia de cambio siempre supone criminalizar lo pasado. Lo anterior es malo, y por eso es necesario el cambio. Es, por tanto, un comportamiento reactivo, que se basa en algo anterior y ajeno a nosotros. Algo que queremos destruir o sustituir. Es una visión rupturista y radical y, como tal, niega la evolución paulatina y natural, para justificar el borrón y cuenta nueva.

Suele asociarse el progresismo con la izquierda en este país y el conservadurismo con la derecha. En ese reparto de roles, la izquierda felipista (pre-ZP) tenía ciertos prejuicios o tabúes que no llegó nunca a traspasar. Pero ese respeto por las reglas del juego le hizo perder votos y distancia con el partido gobernante. El PSOE estaba preso de las reglas del juego y necesitaba liberarse. Tenía demasiadas cosas en común con el PP; se había “aburguesado” hasta el punto de hacernos pensara a algunos, cómo se las iba a arreglar para gobernar, cuando salió vencedor en las elecciones de marzo de 2004.

Por eso comenzó con una trayectoria rupturista y reaccionaria, que ha explorado todos y cada uno de los recovecos donde pueda encontrar la disensión ideológica. La búsqueda de la diferenciación debía construirse sobre dos pilares fundamentales:

1.- Criminalización del contrario: Asociarle con el pasado franquista, con los regímenes antidemocráticos, con la guerra de Irak, con la explotación empresarial, con las cavernas.

2.- Apertura sin reservas a nuevas tendencias desoyendo el sentir y la sensibilidad de muchas personas: Aquí entra de lleno la nueva concepción de las familias, el aborto libre, la ridiculización de la Iglesia (ayudados por la propia Iglesia), el apoyo a las ideas republicanas, la identificación con loa nacionalistas, el poner a gente joven e inexperta en puestos de alta responsabilidad, el mal llamado “proceso de paz” etc…

Parece como si la principal regla del juego fuera no coincidir con el PP en nada. Se buscó su aislamiento en una especie de frentepopulismo, que ya empieza a quebrarse y se pretendió hacer pasar toda esta progresía precocinada como mayor sensibilidad y sentido social de los políticos.

Realmente lo que hicieron fue apartarse de la experiencia y obligarnos a experimentar un retroceso en el tiempo. El proceso de paz solo fue un balón de oxígeno para los terroristas. La alianza de las civilizaciones y la solidaridad con la población inmigrante eran un “bluff” del Sr. Caldera que ahora anda por ahí en su observatorio, sin hacerle caso nadie, mientras Rubalcaba incentiva las redadas y la caza de los “sin papeles”, la economía de la Champion’s league genera ahora más paro que el resto de Europa junta, las privilegiadas relaciones de amistad con los gobernantes sudamericanos nos han llevado a perder bancos en Venezuela, empresas de energía en Bolivia o aerolíneas en Argentina, gracias a la política exterior, la criticada judicialización de la política se ha transformado en una descarada politización de la justicia llevando incluso a la salida forzada del ministro de justicia del gobierno, después de los escándalos de Garzón y la cacería, la articulación de la reforma estatutaria en Cataluña se ha detenido en seco y el Estatut sigue embarrancado en el Tribunal Constitucional.

Esto es la muestra de que ha habido progresismo irreflexivo que solo buscaba ganar la batalla en cada momento. Hemos tenido y seguimos teniendo un gobierno táctico, pero sin estrategia definida. O quizás haya que decir que solo había una estrategia identificable como tal, que era la reacción frente al PP o la oposición frente a la oposición. Todo lo demás han sido ocurrencias, la mayoría desafortunadas, que nos van a costar muy caras a todos los españoles.