Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

8 de junio de 2009

Un aviso

Sinceramente me hubiera gustado que fuera mayor la diferencia a favor del PP. No soy militante de ese partido político. Algún día puedo incluso llegar a votar al PSOE, cosa que ya hice en 1982. Sí me siento anti – Zp, - y nunca votaré a los socialistas mientras él esté - porque me ha soliviantado desde hace ya años, con su forma de sembrar la discordia en España y de culpar cínicamente a los contrarios. La última campaña ha demostrado nuevamente que no se paran en chiquitas, no tienen empacho alguno en bajar al lodo para destruir al contrario. Deberían sentirse responsabilizados desde que ocupan el poder en 2004 y respetar más a los ciudadanos, pero lejos de eso, dejan la campaña en manos de una fanática como Leire Pajín o sueltan cargas de profundidad contra las íntimas convicciones de gran parte de la ciudadanía, por la boquita de Bibiana Aido.

Como dirían los Presuntos Implicados, - ¡ Ay! ¡Cómo hemos cambiado! ¡Qué lejos ha quedado aquella amistad! ...

Hoy está visto que la estrategia del PSOE pasa por recurrir a la ruptura de nuestra sociedad, hurgando en ansias de revancha adormecidas y tocando las peores fibras de la gente. Revolviendo a la ciudadanía una mitad contra la otra, en todos los temas posibles, agigantando las diferencias, levantando un muro infranqueable entre los ciudadanos.
Por eso no les perdono.
Y por eso he ido a votar fervientemente a favor del PP, aunque soy consciente de que me pueden defraudar en muchas cosas.

Sin embargo, estoy parcialmente decepcionado por el resultado. Quienes ahora gobiernan, hubieran merecido a mi juicio un varapalo mucho mayor. El hecho de no haberlo recibido demuestra sin género de dudas que tienen un gran sector de la población donde querían: Tremendamente radicalizado y enfervorizado a su favor o comprado en una espesa red de clientelismo.

Siempre he creído que en los últimos tiempos el voto conservador tiene más criterio y es menos fiel. Muchos votantes que dieron la mayoría absoluta a Aznar en el 2000 fueron capaces de retirarle su voto en 2004, profundamente disgustados con la política de seguidismo a Bush y la guerra de Irak. También hoy, conozco muchos votantes contrarios a los coqueteos con los nacionalistas que han entregado su voto a UP y D, castigando la tibieza de Rajoy. No me cabe duda de que el ascenso de Rosa Díez ha sido más a costa del PP que del PSOE.

Hoy se ha recuperado en parte la confianza de un votante huidizo, pero la cita importante no era ésta y, como dicen algunos columnistas, el PSOE de ZP ha salido vivo del encuentro, lo que implicará un mayor esfuerzo en Génova, desde donde tienen que demostrarnos todavía muchas cosas: La principal de ellas, que se puede y se debe luchar limpio frente a quienes se han habituado a fajar en el lodo de las mentiras y la propaganda. Pero también debe insistirse en que no se puede ni debe votar ideológicamente. La ideología es una forma de prisión. Es una carta blanca que sirve para que políticos mediocres se sientan seguros de unos votos que no merecen. El votante no le debe nada a nadie. ¿Cómo debe sentirse hoy el fiel votante andaluz? Esa persona quemada con las tradicionales injusticias de los terratenientes contra los jornaleros, con toda la legitimidad y toda la razón, hizo bien en votar a la izquierda. Pero… ¿Y hoy? ¿Qué puede pensar cuando ve que su principal valedor tiene a su hija como apoderada de una gran empresa, es decir, integrada de lleno en su denostado mundo capitalista, o que tiene una red de familiares colocados en organismos o empresas públicas de la Junta de Andalucía? ¿O qué cara se le queda cuando al alcalde socialista de Almonaster, le entran las prisas por dimitir para trabajar en una multinacional canadiense, contratista del mismo ayuntamiento en el que estaba él antes?

La gente debe recordar ante todo, que el voto es el único instrumento de castigo que tiene el ciudadano y la oportunidad de utilizarlo le surge con cuentagotas.

Y, por su parte, la oposición debe esforzarse por estar continuamente preparada para asumir el poder y por exigirse una honradez blindada frente a insidias y agitadores. Solo así se ganarán las Generales.

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