Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

21 de junio de 2014

Los cadáveres que deja la radicalización

Hay una bolsa de votos importantísima en el PSOE de gente que no es radical y que apuesta por el constitucionalismo y la moderación. Sería una social democracia a la europea, que acepta las reglas del juego del capitalismo – recordemos que ya el PSOE  de Felipe González renunció en su día al marxismo – y respeta las propiedades, intentando a la vez una redistribución de la riqueza a través de medidas constructivas y sólidas. 
Quizás el pecado mayor de este grupo de electores sea el pragmatismo, pero sin duda son los mejor formados y quienes no estropearían definitivamente nuestro Estado. 
En esta bolsa inmensa de votos están los huérfanos del PSOE porque no tienen líder. Muchos de ellos se han abstenido, asqueados por la situación actual de radicalización. Muchos saben lo que es pagar hipotecas y ver devaluadas sus propiedades o atravesar por dificultades económicas, pero tienen claro que no quieren un corralito ni un gobierno bolivariano. Definitivamente su solidaridad no alcanza para tanto. No quieren verse en un país de desabastecimiento e inflación galopante, en el que – en nombre de la solidaridad forzosa – se empobrecerían todavía más. Pero tampoco quieren dar su voto a la derecha, que identifican con la banca y la voracidad de los poderes financieros. Y ¿por qué no?: Están en desacuerdo frontal con los nacionalismos a los que ven como una amenaza de desintegración. 
Esa gente, aunque no lo creamos, es también de izquierdas. Se trata de una izquierda moderada y española, que está missing. Avergonzada de haber otorgado un día su apoyo a Zapatero. Avergonzada de los líderes que hoy surgen y de las pocas opciones que tienen para desenvolverse entre la pinza de PP e Izquierda Unida. 
En tiempos de ZP, el PSOE quiso hacer una ampliación de capital a costa de IU y de los partidos nacionalistas. Esa fórmula era válida solo temporalmente: Pan para hoy y hambre para mañana. Demasiado intensa la fuerza centrífuga en todos los sentidos. El PSOE se vendía como una fuerza aglutinante que lo aceptaba todo, con tal de engrosar filas contra su gran oponente, el PP. Cuando tienes un club tan heterogéneo detrás, tu mensaje ha de hacerse movedizo y poco sólido y tu fiabilidad se va perdiendo. Las contradicciones aparecen y las dificultades con unos y con otros se multiplican. No hay mensaje. No hay estadistas; solo estrategias cortoplacistas de partido y equilibrismos entre la irresponsabilidad y los raptos de sentido común. 
Aún así el PSOE había conseguido formar una intención de voto condicionada a las subvenciones y ayudas, a las prestaciones por desempleo y cierto mantenimiento del status quo, a base de gasto público. Una izquierda en cierto modo comprada, cuyo mayor sueño – siempre lo es – era dejar de ser de facto izquierda, para pasar a ser clase media: Ascender en la escala social mediante la adquisición de propiedades. 
¿Qué clase de gobernante de izquierdas hubiera sido el que recomendara a la gente que no compren pisos y que preferentemente los alquilen, si no tienen liquidez o medios de vida más o menos sólidos? El gobernante que hiciera eso, perdería inmediatamente las adhesiones de la gente. Se trataba de dar esperanza, y la dieron infundadamente, pese a saber que todos estábamos sobre arenas movedizas.
Pero aquello quebró. Los coqueteos de la izquierda ideológica con una vida burguesa y de consumo, se han terminado abruptamente con la llegada de la crisis. Ahora la izquierda vuelve a sus orígenes: El radicalismo propio del pobre para solaz de algunos que ven que ése es el camino que nunca debió abandonarse.
La conclusión es clara: La ideología de izquierda sufre un permanente riesgo de pervertirse o suavizarse, a medida que se tenga el estómago lleno y la vida resuelta y la crisis económica viene muy bien para reposicionar a los díscolos de pensamiento. Hoy España se acerca más a una República bolivariana y el centro - izquierda es más insignificante. 

Panorama incierto en la izquierda

Pedro Sánchez quiere acabar con la inviolabilidad del rey, Madina se declara republicano… ¿Ése es el debate que tiene hoy el PSOE?
Conduce a la preocupación el ver como las figuras emergentes que se van a pelear por la Secretaría General del Partido se centran en un discurso rupturista que nos lleva a la incertidumbre. Produce escalofríos pensar qué harían con nuestra maltrecha economía si estuvieran en el poder. Lo peor de todo es que a medida que se destroza el PSOE, la radicalización se va enseñoreando entre sus otrora votantes. ¿A quién conceder la confianza?
Hoy he oído a Joaquín Leguina. Si se presentara como candidato, le votaría. Tiene claro que quienes han cambiado han sido aquellos grupos de izquierdas que apoyaron la Constitución y ahora tienen un discurso distinto.
Susana Díaz, investida de una autoridad injustificada, habla con aparente responsabilidad: “Los socialistas debemos contribuir a la vertebración del país, que es lo que hemos hecho siempre, y no apartarnos ni un ápice de la Constitución…” hasta ahí muy bien, pero luego continúa: “También es cierto que la Constitución no la votó un gran sector de la ciudadanía actual, que entonces no tenía edad y es manifiestamente revisable”. Y éste es el mensaje que destroza la base de nuestro sistema. Ese afán de grandes partidos por sintonizar con minorías radicales, esas ganas de cambiar el sistema.
Han relacionado la crisis con un cambio de sistema, incluyendo las principales instituciones de nuestro Estado y no reparan en que abrir estos debates es retrasar la recuperación.
La crisis era financiera y el verdadero cambio no estaba ni está en manos de los políticos, al menos de los españoles. Lo que hay que hacer es esperar: Prepararnos como país con trabajo abnegado, defendernos comercialmente, apoyar a las empresas y la investigación española, establecer controles para terminar con el gasto público injustificado. Tener claro que estamos todos en el mismo barco. Si se sigue una trayectoria rectilínea y responsable, la vida empezará a mejorar para todos, tarde o temprano. No podemos estar a estas alturas planteándonos el reformar la Constitución para crear una república y además federal, por si fuera poco.
¿Alguien puede asegurarme a mí que si se modificara la Constitución y se creara una República Federal, Cataluña se comportaría igual que Baviera en Alemania, por poner un ejemplo? No tenemos ninguna garantía. Abriríamos el melón para nada. Los separatistas estarían en mejor posición: Más investidos de autoridad para seguir exigiendo la independencia. Los políticos independentistas del País Vasco y de Cataluña quieren un Estado propio. No se conforman con otra cosa… y seguirán molestando como moscas cojoneras hasta que lo consigan. Abrir el debate del federalismo, para mí se inserta en una línea de apaciguamiento que nunca ha obtenido resultados y que en realidad desvertebra España. Hemos visto como es radicalmente falso que dando mayores cotas de autogobierno se consiga una mayor cohesión nacional y solidaridad financiera entre comunidades: Es todo lo contrario.
¿Por qué abrir el debate? ¿Por qué debilitarnos como país?
Los que queremos a España estamos sufriendo y nos damos cuenta de que detrás de todo esto hay una lucha por el poder. No cabe duda de que a partir del 2004 los socialistas vieron el acercamiento a las tesis nacionalistas como una fuente de votos. Se insistió hasta la saciedad en la diversidad y en el respeto por las diferencias territoriales porque dependían en el Parlamento Nacional del voto de los vascos y de los catalanes. Localmente cosecharon buenos resultados.  Y consiguieron de forma transitoria lo que querían; Aislar al PP. Pero los nacionalismos se vinieron arriba y ahora tenemos el problema que tenemos: El órdago de Artur Mas y la consulta de noviembre (de hecho muy parecido a los que lanzó Companys a la República española aprovechando, como siempre con sentido oportunista, que atravesaba por momentos de debilidad).
En estos momentos los separatistas están contentos, porque saben que si uno de los dos grandes partidos de este país no quiere abrir este debate, el otro  -por llevar la contraria y encontrar acomodo ideológico – sí que va a apoyarles siempre. Han conseguido además que su discurso se asocie al progresismo; ya se sabe: Respeto por la diversidad etc. Quienes suscriben esas opiniones no reparan en que los localismos y los micro Estados no tienen nada de avanzado y que quienes no saben encontrar acomodo en un Estado que tiene a sus espaldas cientos de años de historia no hacen gala precisamente de mucha tolerancia y modernidad.

Esta gente pretende ahora asociar la Constitución de 1978 con la época de Franco. Resultado: La Constitución es añeja y hay que cambiarla. Valió para obtener consensos en aquellos momentos. Valió para unirnos todos frente a la amenaza militar, pero ya no vale. Ahora somos un país moderno y progre y además muchos de los jóvenes de hoy no la votaron (con los que el PSOE desesperadamente quiere sintonizar).  Sin embargo lo que en realidad están vendiendo algunos no es modernidad, sino algo chusco y añejo: Hoy Cayo Lara, por ejemplo ha aparecido en el Congreso con una escarapela, en el más puro estilo de la revolución francesa. Le falta pedir la cabeza de Juan Carlos. Pero no se da cuenta de que el PCE de Carrillo sí estuvo de acuerdo con la bandera española y con la monarquía parlamentaria. Entraron en esos acuerdos por responsabilidad política: Una responsabilidad que hoy les falta a nuestros políticos.

Hoy muchos pensamos ya que moriremos sin llegar a ver con nuestros ojos un Estado español cómodo dentro de su piel, pero al menos no quiero morirme sin ver un golpe de autoridad;  un basta ya a tanto despropósito. 

Demasiado regodeo. Demasiado amiguismo.

Del Bosque tenía que haber advertido el peligro que se le avecinaba. No se puede ir a un mundial con un equipo poco competitivo. España ha ido con una panda de amigos. Tanto insistir en el ambiente y en la camaradería y se le ha ido lo principal: Jugar al fútbol y hacerlo además, agresivamente. Parece que por ser campeones, por ser favoritos, ya no teníamos agresividad. Tanto holandeses como chilenos nos han vapuleado merecidamente.

Cuando Del Bosque eligió a los seleccionados, ya habíamos perdido el campeonato. Ahora debe asumir las consecuencias de su decisión y dimitir. Ya se va con más de lo que se merece, porque yo creo que no es un buen entrenador. Es un hombre de pasillos, de esos que saben colocarse bien en la parrilla a través de sus buenas palabras y su espíritu conciliador. Supo aprovecharse del Real Madrid que le dejó Heinckes y luego hizo lo mismo con la selección, donde supo aprovechar el trabajo previo de Luis y las aportaciones del Barsa.
Y qué decir de los jugadores. Parece que estaban cansados los pobres, y querían irse de vacaciones.
Ha sido una derrota histórica. El cierre de una época y la triste constatación de que en realidad era el Barsa y su buen estado de forma quienes estaban detrás de las victorias de la selección española.
Por eso a muchos no nos gustaba la roja: Demasiada dependencia de un equipo que, por añadidura, no se considera español.

Si por lo menos hubiéramos caído con dignidad, no seríamos ahora la comidilla de todo el panorama futbolístico internacional. ¡Menos mal que el Real Madrid ha ganado la Champions!

13 de junio de 2014

Qué necesita la economía

“Aunque Draghi prefiere hablar de baja inflación, el peligro de la deflación es patente en Europa y hay que contrarrestarlo con todas las armas. Estimular el crédito es la forma de generar consumo e inversión y, por tanto, crecimiento.”

Ayer salía en la prensa esta visión del problema: Draghi ha tomado medidas porque no fluye el crédito y no se consume. Obviamente el peligro de deflación viene de la falta de consumo. La gente no se anima a consumir por la incertidumbre y porque sus economías domésticas han sido vapuleadas con recortes.

¿No deberían plantearse los gobiernos, si se hace esta lectura del problema, que ya habría llegado el momento de subir sueldos?

Curiosamente de la subida de sueldos y la bajada de impuestos nadie habla. Y son los principales factores que determinarán el consumo. Es posible que cuando se desbloqueen los capitales y estas medidas del BCE de incentivación a los préstamos surtan efecto, los particulares no quieran comprar a crédito (a pesar de todo). Harán bien en no caer de nuevo en la trampa. Sobre todo para los artículos de consumo más caros como el coche y la vivienda, nos lo vamos a pensar dos veces, antes de solicitar más préstamos.

¿Qué otra cosa puede hacer el ciudadano de a pie que ya no tiene ninguna fijeza en el puesto de trabajo? Estamos en unos tiempos y en un país en el que no nos queda más remedio que alargar el periodo de aprovechamiento de los bienes. Preferimos reparar antes que sustituir. Nos conformamos con no estrenar. La gente ya sale poco y los locales comerciales se van cerrando apenas abren sus puertas. Es una situación difícil de aguantar.

El liberalismo viene a significar eso: Hay recursos escasos y siempre los grandes van antes que los chicos, tanto cuando se trata de coger beneficios como cuando se trata de recuperar pérdidas. Y la verdad es que no hay otra solución. No se pueden hacer las cosas de otra manera. Con un modelo de Estado social, se pueden atenuar un poco los efectos de esta aparente injusticia, pero nunca se puede resolver del todo.

No obstante el verdadero poder del pez chico es el consumo. Las decisiones y hábitos de consumo responsables, son las que harán abrir y cerrar a muchas empresas. Si algo tienen de bueno la crisis que venimos padeciendo es que las empresas que abusan de los precios, lo pagan caro. Pero por ahí también viene la amenaza de deflación. Se reduce el margen de beneficio casi hasta llegar al precio de coste y aún así el comprador no entra por el aro.

¿Qué puede hacerse entonces?


Conseguir que se sienta seguro. El dinero y el consumo siempre son miedosos. No deben existir expectativas de cambios a peor. No deben existir amenazas de inestabilidad o de regímenes políticos experimentales (como el que viene a definir de una forma bastante inconcreta el nuevo partido emergente PODEMOS). 

12 de junio de 2014

La política en minúsculas que debe evitarse a toda costa

Que no somos serios, que somos un país de pandereta, es algo que lamentablemente deben estar pensando fuera. Si no ¿Cómo explicarse la fiebre por proclamar repúblicas ayer en el Congreso de los Diputados? Faltó que llegara el de IKEA para proclamar la república independiente de su casa. No es serio que en el Hemiciclo se permita a un señor decir que proclama la república catalana. No es serio que el representante comunista asocie el concepto de república con democracia y nadie le conteste (excepto Rosa Díez que acertadamente expuso la falta de coincidencia del sistema republicano con el gobierno del pueblo en demasiados países del globo). No es serio que un individuo de BILDU, amigo y socio de los asesinos etarras, insulte a las fuerzas del orden público y nadie le diga nada.
Esa es la política que tenemos hoy. La política con minúsculas, herencia de Zapatero. El todo vale con tal de conseguir los votos, nos ha conducido a esto. Una política menos partidista y con algo de visión de Estado nos hubiera evitado esta vergüenza. Hubiera evitado también el derrumbe del PSOE.
Ayer dimitió Pere Navarro también por culpa de esta desacertada política, esta desafortunada suplantación en la que el PSOE ha querido serlo todo y al final no ha sido nada. Quería, en efecto ser más nacionalista que Esquerra o CiU pero el PSOE es un partido constitucionalista español y el votante se ha dado cuenta. Quería ser más de izquierdas que IU, pero también se han dado cuenta los votantes más radicales.
La crisis económica ha actuado como un factor de desenmascaramiento. Obligó en mayo de 2010 a echar marcha atrás a Zapatero en sus medidas derroc
hadoras. Esas medidas eran las que le proporcionaban los votos y no había sabido dosificarlas. El PSOE tenía la fea costumbre de comprar los votos a todo el mundo, en lugar de decir: Aquí está mi ideología y aquí estoy yo, el que le guste que me vote. No podían esperar. Necesitaban el poder.
Después de ganar las elecciones de 2008, ocultando la crisis, la realidad fue testaruda y les obligó a ir rectificando en todos los campos y el castillo de naipes empezó a derrumbarse. Sobre todo en el terreno económico, la decepción de los votantes fue brutal: El socialismo de ZP aplicando recortes y siguiendo la política europea aleccionado por los socios de la Unión fue algo que el electorado no pudo soportar. Y vino la primera debacle.
Con los socios nacionalistas también hubo freno y marcha atrás. Con los catalanes ZP había hecho promesas que no podía cumplir. Con una inusitada ligereza había anunciado a los cuatro vientos que aceptaría cualquier cosa que proclamara una mayoría del Parlamento catalán. Y los catalanes le llevaron al huerto con un Estatut separatista que parecía la Constitución del nuevo Estado catalán. Hubo que ralentizar la tramitación del recurso de inconstitucionalidad y dejar tocado para siempre ese Tribunal, para al final conseguir una versión edulcorada que no satisfacía a nadie. Pero lo que quedó claro es que el propósito de ZP de conseguir una mayor paz y entendimiento con las comunidades y, en particular con Cataluña, no solo no se consiguió, sino que pasó lo contrario: Se despertó al monstruo.
En el País Vasco se ha conseguido con artimañas, política de apaciguamiento y mucha mala conciencia, que al menos ETA deje de matar, pero ha sido a costa de humillarnos como Estado y de permitir que los etarras a través de sus amigos de BILDU entre en las instituciones. Los mismos que hoy han manchado la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados con la mierda pestilente que emanaban sus palabras.



2 de junio de 2014

He leido en el blog "London Calling"de Amparo Polo, lo siguiente:
No sólo el Gobierno cree que la economía va para arriba. En un reciente artículo, Financial Times hablaba de que España parece haber salido del abismo gracias a las reformas acometidas, al interés de los inversores internacionales y a los últimos datos macro publicados.
Que los jóvenes vuelvan porque creen que hay oportunidades para ellos es una gran noticia. Y lo digo yo que siempre he defendido que era bueno para todos que nuestros jóvenes emigraran durante la crisis. Mejor salir y buscarse la vida que quedarse en casa de los padres compadeciéndose de su mala suerte.
Nunca he entendido ese sentimiento tan extendido de que la marcha de jóvenes era una catástrofe porque estábamos perdiendo talento. El talento se pierde con gente amargada viendo pasar la vida desde su habitación.
Viajar, aprender idiomas y buscarse un trabajo en el extranjero son vivencias que hacen a la gente mejor profesional. ¿Que es duro emigrar cuando no quieres hacerlo? Seguro. Pero creo que el salto merece la pena.   
Si la economía mejora, miles de jóvenes, mejor preparados, más abiertos de mente y con más experiencia volverán a España para dar lo mejor de sí mismos. Y esta es la mejor noticia de todas.
(No puedo resistirme a incluir en este post esta reflexión de Buero Vallejo que un amigo incluyó hace unos días en su cuenta de Twitter: "A España se vuelve siempre, pese a todo. No es tan fácil librarse de ella".
Creo que tiene bastante razón. Es mejor tener una actividad que quedarse en casa viendo el televisor. Pero eso no impide que sintamos en lo más profundo de nuestro corazón esta sangría de talento, de la que se aprovechan otros países, empresas extranjeras y sistemas de salud como el inglés, al que resulta barato contratar a una buena enfermera española. ¿Por qué ha de ser así? La moderación salarial, por una parte nos conduce a esto. No se paga a nuestros profesionales lo suficiente como para que les merezca la pena quedarse y levantan el vuelo. De paso está el incentivo del idioma y el alivio engañoso de estar haciendo algo. 
Mientras tanto aquí en España tenemos a inmigrantes de otros países para hacer lo mismo. Muchas de las enfermeras de la red privada de hospitales son sudamericanas... y las españolas están en Inglaterra. ¿Alguien puede explicarme este despropósito? 
También sucede que los españoles están en Gran Bretaña dispuestos a aceptar lo que aquí rechazan, aunque parezca paradójico. No sé si será por el afán de aprender el idioma, pero el hecho es que uno puede encontrar una chica española de buena familia cuidando niños o ancianos en ese país o haciendo checkings en la recepción de un hotel. 
Eso es lo que a mí me parece absurdo y me produce rabia. 

Llega Felipe VI... si le dejan.

El Rey abdica, última horaHoy el pueblo español, sufrido pueblo depauperado por la crisis, se merecería al menos por una vez recibir información sobre el verdadero motivo de la marcha del rey. 

Hay muchos que se alegran y quieren extender el impulso de la desintegración a toda la dinastía y, en general, a la institución de la corona. Son aquéllos que identifican de una forma simplista la izquierda con la república y a la república con el progresismo. Son aquéllos que no perdonan que la monarquía fuera una especie de herencia de la dictadura, por mucha convalidación que se pretendiera hacer por los padres de la Constitución del 78. 

La verdad es que el rey ha hecho méritos últimamente para darles la razón. Han sobrado las cacerías y las corinas y ha sobrado también el apoyo a su yerno para que se hiciera con un dinerillo a base de engañar a administraciones públicas y empresas, usando el nombre de la casa real. El rey se ha desacreditado ante el regodeo de los republicanistas de la sexta y de la cuatro. 

Quienes algún día apoyaron la monarquía como una fórmula válida para conseguir de una forma eficaz la concordia de todos, están hoy bastante callados y decepcionados. Algunos solo a nivel interno, sin que lo reconozcan públicamente, pero casi todos coinciden en que el monarca ha llegado innecesariamente a un triste final de descrédito y que ha sido él, personalmente quien se lo ha trabajado. 

Hay mucha gente que han apoyado a las instituciones y hoy se sienten en alguna medida huérfanos y decepcionados. No forman parte de aquellos que han venido poniendo los palos en las ruedas, sino de quienes confiaban en que el invento les condujera a un lugar seguro de paz, prosperidad y política tranquila. Es a estas personas a las que hoy se les debería haber facilitado una explicación. 

¿Por qué esta inopinada y repentina decisión? ¿Qué ha sucedido o quien  ha presionado para que esto suceda? ¿Hay algún trato oculto? ¿Se han descubierto nuevas cosas del rey? ¿Interesa que abdique por algún motivo? ¿Se le ha prometido la inocencia de Cristina a cambio de su abdicación? 

Quienes formamos el pueblo llano no sabremos estas cosas. Nos quedaremos sin respuesta. Pero una cosa está clara: Somos muchos de clase media que no estamos manipulados por los perroflautas que hoy abogan por un referéndum. ¿Referéndum de qué? ¿Vamos a seguir desestabilizando este país siempre? ¿Solo porque haya abdicado el rey, ahora ha de venir una izquierda republicana y un federalismo que no conduce a ninguna parte? 

Qué triste destino el de este país. No aprendemos.