“Aunque
Draghi prefiere hablar de baja inflación, el peligro de la deflación es patente
en Europa y hay que contrarrestarlo con todas las armas. Estimular el crédito
es la forma de generar consumo e inversión y, por tanto, crecimiento.”
Ayer
salía en la prensa esta visión del problema: Draghi ha tomado medidas porque
no fluye el crédito y no se consume. Obviamente el peligro de deflación viene
de la falta de consumo. La gente no se anima a consumir por la incertidumbre y
porque sus economías domésticas han sido vapuleadas con recortes.
¿No
deberían plantearse los gobiernos, si se hace esta lectura del problema, que ya
habría llegado el momento de subir sueldos?
Curiosamente
de la subida de sueldos y la bajada de impuestos nadie habla. Y son los
principales factores que determinarán el consumo. Es posible que cuando se
desbloqueen los capitales y estas medidas del BCE de incentivación a los
préstamos surtan efecto, los particulares no quieran comprar a crédito (a pesar
de todo). Harán bien en no caer de nuevo en la trampa. Sobre todo para los
artículos de consumo más caros como el coche y la vivienda, nos lo vamos a
pensar dos veces, antes de solicitar más préstamos.
¿Qué
otra cosa puede hacer el ciudadano de a pie que ya no tiene ninguna fijeza en
el puesto de trabajo? Estamos en unos tiempos y en un país en el que no nos
queda más remedio que alargar el periodo de aprovechamiento de los bienes.
Preferimos reparar antes que sustituir. Nos conformamos con no estrenar. La
gente ya sale poco y los locales comerciales se van cerrando apenas abren sus
puertas. Es una situación difícil de aguantar.
El
liberalismo viene a significar eso: Hay recursos escasos y siempre los grandes
van antes que los chicos, tanto cuando se trata de coger beneficios como cuando
se trata de recuperar pérdidas. Y la verdad es que no hay otra solución. No se
pueden hacer las cosas de otra manera. Con un modelo de Estado social, se
pueden atenuar un poco los efectos de esta aparente injusticia, pero nunca se
puede resolver del todo.
No
obstante el verdadero poder del pez chico es el consumo. Las decisiones y
hábitos de consumo responsables, son las que harán abrir y cerrar a muchas
empresas. Si algo tienen de bueno la crisis que venimos padeciendo es que las
empresas que abusan de los precios, lo pagan caro. Pero por ahí también viene
la amenaza de deflación. Se reduce el margen de beneficio casi hasta llegar al
precio de coste y aún así el comprador no entra por el aro.
¿Qué
puede hacerse entonces?
Conseguir
que se sienta seguro. El dinero y el consumo siempre son miedosos. No deben
existir expectativas de cambios a peor. No deben existir amenazas de
inestabilidad o de regímenes políticos experimentales (como el que viene a
definir de una forma bastante inconcreta el nuevo partido emergente PODEMOS).
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