Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

13 de junio de 2014

Qué necesita la economía

“Aunque Draghi prefiere hablar de baja inflación, el peligro de la deflación es patente en Europa y hay que contrarrestarlo con todas las armas. Estimular el crédito es la forma de generar consumo e inversión y, por tanto, crecimiento.”

Ayer salía en la prensa esta visión del problema: Draghi ha tomado medidas porque no fluye el crédito y no se consume. Obviamente el peligro de deflación viene de la falta de consumo. La gente no se anima a consumir por la incertidumbre y porque sus economías domésticas han sido vapuleadas con recortes.

¿No deberían plantearse los gobiernos, si se hace esta lectura del problema, que ya habría llegado el momento de subir sueldos?

Curiosamente de la subida de sueldos y la bajada de impuestos nadie habla. Y son los principales factores que determinarán el consumo. Es posible que cuando se desbloqueen los capitales y estas medidas del BCE de incentivación a los préstamos surtan efecto, los particulares no quieran comprar a crédito (a pesar de todo). Harán bien en no caer de nuevo en la trampa. Sobre todo para los artículos de consumo más caros como el coche y la vivienda, nos lo vamos a pensar dos veces, antes de solicitar más préstamos.

¿Qué otra cosa puede hacer el ciudadano de a pie que ya no tiene ninguna fijeza en el puesto de trabajo? Estamos en unos tiempos y en un país en el que no nos queda más remedio que alargar el periodo de aprovechamiento de los bienes. Preferimos reparar antes que sustituir. Nos conformamos con no estrenar. La gente ya sale poco y los locales comerciales se van cerrando apenas abren sus puertas. Es una situación difícil de aguantar.

El liberalismo viene a significar eso: Hay recursos escasos y siempre los grandes van antes que los chicos, tanto cuando se trata de coger beneficios como cuando se trata de recuperar pérdidas. Y la verdad es que no hay otra solución. No se pueden hacer las cosas de otra manera. Con un modelo de Estado social, se pueden atenuar un poco los efectos de esta aparente injusticia, pero nunca se puede resolver del todo.

No obstante el verdadero poder del pez chico es el consumo. Las decisiones y hábitos de consumo responsables, son las que harán abrir y cerrar a muchas empresas. Si algo tienen de bueno la crisis que venimos padeciendo es que las empresas que abusan de los precios, lo pagan caro. Pero por ahí también viene la amenaza de deflación. Se reduce el margen de beneficio casi hasta llegar al precio de coste y aún así el comprador no entra por el aro.

¿Qué puede hacerse entonces?


Conseguir que se sienta seguro. El dinero y el consumo siempre son miedosos. No deben existir expectativas de cambios a peor. No deben existir amenazas de inestabilidad o de regímenes políticos experimentales (como el que viene a definir de una forma bastante inconcreta el nuevo partido emergente PODEMOS). 

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