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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

12 de junio de 2014

La política en minúsculas que debe evitarse a toda costa

Que no somos serios, que somos un país de pandereta, es algo que lamentablemente deben estar pensando fuera. Si no ¿Cómo explicarse la fiebre por proclamar repúblicas ayer en el Congreso de los Diputados? Faltó que llegara el de IKEA para proclamar la república independiente de su casa. No es serio que en el Hemiciclo se permita a un señor decir que proclama la república catalana. No es serio que el representante comunista asocie el concepto de república con democracia y nadie le conteste (excepto Rosa Díez que acertadamente expuso la falta de coincidencia del sistema republicano con el gobierno del pueblo en demasiados países del globo). No es serio que un individuo de BILDU, amigo y socio de los asesinos etarras, insulte a las fuerzas del orden público y nadie le diga nada.
Esa es la política que tenemos hoy. La política con minúsculas, herencia de Zapatero. El todo vale con tal de conseguir los votos, nos ha conducido a esto. Una política menos partidista y con algo de visión de Estado nos hubiera evitado esta vergüenza. Hubiera evitado también el derrumbe del PSOE.
Ayer dimitió Pere Navarro también por culpa de esta desacertada política, esta desafortunada suplantación en la que el PSOE ha querido serlo todo y al final no ha sido nada. Quería, en efecto ser más nacionalista que Esquerra o CiU pero el PSOE es un partido constitucionalista español y el votante se ha dado cuenta. Quería ser más de izquierdas que IU, pero también se han dado cuenta los votantes más radicales.
La crisis económica ha actuado como un factor de desenmascaramiento. Obligó en mayo de 2010 a echar marcha atrás a Zapatero en sus medidas derroc
hadoras. Esas medidas eran las que le proporcionaban los votos y no había sabido dosificarlas. El PSOE tenía la fea costumbre de comprar los votos a todo el mundo, en lugar de decir: Aquí está mi ideología y aquí estoy yo, el que le guste que me vote. No podían esperar. Necesitaban el poder.
Después de ganar las elecciones de 2008, ocultando la crisis, la realidad fue testaruda y les obligó a ir rectificando en todos los campos y el castillo de naipes empezó a derrumbarse. Sobre todo en el terreno económico, la decepción de los votantes fue brutal: El socialismo de ZP aplicando recortes y siguiendo la política europea aleccionado por los socios de la Unión fue algo que el electorado no pudo soportar. Y vino la primera debacle.
Con los socios nacionalistas también hubo freno y marcha atrás. Con los catalanes ZP había hecho promesas que no podía cumplir. Con una inusitada ligereza había anunciado a los cuatro vientos que aceptaría cualquier cosa que proclamara una mayoría del Parlamento catalán. Y los catalanes le llevaron al huerto con un Estatut separatista que parecía la Constitución del nuevo Estado catalán. Hubo que ralentizar la tramitación del recurso de inconstitucionalidad y dejar tocado para siempre ese Tribunal, para al final conseguir una versión edulcorada que no satisfacía a nadie. Pero lo que quedó claro es que el propósito de ZP de conseguir una mayor paz y entendimiento con las comunidades y, en particular con Cataluña, no solo no se consiguió, sino que pasó lo contrario: Se despertó al monstruo.
En el País Vasco se ha conseguido con artimañas, política de apaciguamiento y mucha mala conciencia, que al menos ETA deje de matar, pero ha sido a costa de humillarnos como Estado y de permitir que los etarras a través de sus amigos de BILDU entre en las instituciones. Los mismos que hoy han manchado la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados con la mierda pestilente que emanaban sus palabras.



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