Que no somos serios, que somos un país de pandereta, es algo
que lamentablemente deben estar pensando fuera. Si no ¿Cómo explicarse la
fiebre por proclamar repúblicas ayer en el Congreso de los Diputados? Faltó que
llegara el de IKEA para proclamar la república independiente de su casa. No es
serio que en el Hemiciclo se permita a un señor decir que proclama la república
catalana. No es serio que el representante comunista asocie el concepto de
república con democracia y nadie le conteste (excepto Rosa Díez que
acertadamente expuso la falta de coincidencia del sistema republicano con el
gobierno del pueblo en demasiados países del globo). No es serio que un
individuo de BILDU, amigo y socio de los asesinos etarras, insulte a las
fuerzas del orden público y nadie le diga nada.
Esa es la política que tenemos hoy. La política con
minúsculas, herencia de Zapatero. El todo vale con tal de conseguir los votos,
nos ha conducido a esto. Una política menos partidista y con algo de visión de
Estado nos hubiera evitado esta vergüenza. Hubiera evitado también el derrumbe
del PSOE.
Ayer dimitió Pere Navarro también por culpa de esta
desacertada política, esta desafortunada suplantación en la que el PSOE ha
querido serlo todo y al final no ha sido nada. Quería, en efecto ser más
nacionalista que Esquerra o CiU pero el PSOE es un partido constitucionalista
español y el votante se ha dado cuenta. Quería ser más de izquierdas que IU,
pero también se han dado cuenta los votantes más radicales.
La crisis económica ha actuado como un factor de
desenmascaramiento. Obligó en mayo de 2010 a echar marcha atrás a Zapatero en
sus medidas derroc
hadoras. Esas medidas eran las que le proporcionaban los
votos y no había sabido dosificarlas. El PSOE tenía la fea costumbre de comprar
los votos a todo el mundo, en lugar de decir: Aquí está mi ideología y aquí
estoy yo, el que le guste que me vote. No podían esperar. Necesitaban el poder.
Después de ganar las elecciones de 2008, ocultando la
crisis, la realidad fue testaruda y les obligó a ir rectificando en todos los
campos y el castillo de naipes empezó a derrumbarse. Sobre todo en el terreno
económico, la decepción de los votantes fue brutal: El socialismo de ZP
aplicando recortes y siguiendo la política europea aleccionado por los socios
de la Unión fue algo que el electorado no pudo soportar. Y vino la primera
debacle.
Con los socios nacionalistas también hubo freno y marcha
atrás. Con los catalanes ZP había hecho promesas que no podía cumplir. Con una
inusitada ligereza había anunciado a los cuatro vientos que aceptaría cualquier
cosa que proclamara una mayoría del Parlamento catalán. Y los catalanes le
llevaron al huerto con un Estatut separatista que parecía la Constitución del
nuevo Estado catalán. Hubo que ralentizar la tramitación del recurso de
inconstitucionalidad y dejar tocado para siempre ese Tribunal, para al final
conseguir una versión edulcorada que no satisfacía a nadie. Pero lo que quedó
claro es que el propósito de ZP de conseguir una mayor paz y entendimiento con
las comunidades y, en particular con Cataluña, no solo no se consiguió, sino
que pasó lo contrario: Se despertó al monstruo.
En el País Vasco se ha conseguido con artimañas, política de
apaciguamiento y mucha mala conciencia, que al menos ETA deje de matar, pero ha
sido a costa de humillarnos como Estado y de permitir que los etarras a través
de sus amigos de BILDU entre en las instituciones. Los mismos que hoy han
manchado la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados con la mierda
pestilente que emanaban sus palabras.

No hay comentarios:
Publicar un comentario