Lo mío es la Seguridad Social y de eso
algo entiendo. De un tiempo a esta parte se han introducido múltiples
modificaciones legales por parte de gobiernos de todo signo en orden a obtener
más ingresos, pero siempre se habían respetado hasta ahora los topes máximos de
cotización. Debemos recordar que estamos hablando de cuotas (no de impuestos).
La cuota tiene una naturaleza intermedia entre el concepto de prima de seguro y
el de impuesto. Según se acerque más a una o a otro, estaremos en un sistema
más contributivo o más asistencial.
Debemos matizar en primer lugar el concepto: ¿Es el sistema
contributivo aquél en que más se contribuye a la riqueza de la sociedad? No. El
sistema contributivo alude a la mayor o menor repercusión de lo que pagamos
sobre lo que recibimos después. Cuanto más se parezca al aseguramiento de
riesgos, más contributivo será el sistema.
Sin embargo el sistema de Seguridad Social es
tradicionalmente redistributivo. El valor de retorno para algunas personas se
disminuye y para otras, en relación a lo que cotizan, aumenta. En el extremo
opuesto hay que ubicar las prestaciones asistenciales, ajenas al sistema de
seguridad Social, pero financiadas con cargo a impuestos, que al fin y al cabo
proceden también de los presupuestos generales. Estas prestaciones, los
complementos por mínimos, las rentas de inserción etc. no son contributivas;
son básicamente gratuitas o – dicho de otro modo – proceden de los impuestos.
Naturalmente un beneficiario de pensión asistencial (venido
a más) podría decir: Yo tengo derecho a esta pensión porque pago mis impuestos…
Sí, y también paga impuestos aquél que además paga cuota para su pensión
contributiva.
En definitiva la Seguridad Social es un sistema de previsión
obligatorio que comenzó su andadura fusionando aseguramientos, cajas y
mutualidades para crear un entorno de ahorro “forzoso” encaminado a que el
ahorrador recupere o rescate sus cotizaciones cuando se produzca alguna
contingencia o situación de necesidad (nótese que aquí se habla de contingencia
y no de riesgo, pero los conceptos son similares).
En los últimos tiempos, metidos ya de lleno en un modelo
de sociedad bondadoso y etéreo, en el que obstinadamente se quiere insertar la
Europa de hoy, nos encontramos con que el ahorro y la propia contribución, así
como el valor de retorno son conceptos cada vez más cuestionados.
Los sistemas políticos se han entrometido con toda su carga
ideológica en esta materia. Ya no estamos ante un aseguramiento sino ante una
protección. Y esa protección entra en conflicto y se solapa con la protección
contributiva. De hecho si las cuentas en un sistema de reparto como el nuestro,
a día de hoy, no cuadran porque no es posible financiar las pensiones solamente
con cotizaciones, la solución evidente y más lógica sería destinar partidas
presupuestarias para financiar parte del gasto en Seguridad Social. Pero nada
más lejos de la realidad: Las prestaciones asistenciales cada vez se reconocen
con mayor alegría a más cantidad de gente y además no se ven perjudicadas por
limitaciones en las subidas. Y mientras, lo que pretende el gobernante actual
es eliminar los topes máximos de cotización sin eliminar las cuantías máximas
de pensiones. Esto supone obligar a cotizar por algo que saben que es
irrecuperable para el cotizante. Es rizar el rizo en la redistribución forzosa
(que ya no se oculta ni disimula). Para algunos es una auténtica apropiación
indebida. Lo que está claro es que la cantidad de subida ya no será cuota, sino
impuesto. ¿Y a quién o qué se destinará?
Si se tratara de financiar las pensiones de todos en
proporción a la cuota, aun valdría, pero la tendencia en los últimos tiempos es
a subir selectivamente las prestaciones: Suben más las bajas y las
asistenciales y se aplican factores de revalorización restrictivos a las más
altas. Muchos de los pensionistas que han protestado en los últimos tiempos por
el famoso aumento del 0.25 % quizás ahora consigan un aumento según el IPC.
Tendrán esa suerte porque ya está calculada y reconocida la pensión. Sin
embargo las personas con sueldos superiores a la base máxima actual serán penalizadas con la obligación de cotizar por todo el exceso (y sus
empresas también, respecto a la aportación empresarial).
Pero todos sabemos que la cotización es
salario diferido: La empresa no querrá perder, por lo tanto los sueldos
bajarán, o el número de contratados, para mantener constante el coste laboral,
si es que no pueden alterarlo. Al final el Estado previsiblemente no recaudará
mucho más, se resentirá la economía, pero eso sí, habremos acercado a ricos y
pobres.
Lo que se pretende realmente cuando se exageran estas
políticas sociales redistributivas es conseguir una solidaridad que el político
venderá como un acierto aunque lo esté haciendo con el bolsillo ajeno.
Solidaridad forzosa y fácil de conseguir por quien tiene la capacidad
coercitiva para ello. ¿Pero realmente esto es justicia?