Estoy desde hace meses anonadado y casi sin capacidad de reacción, por las noticias que se suceden en el plano económico. Si me callo y no digo ahora lo que pienso, muchos me podrían acusar de una parcialidad imperdonable. Quien ha estado criticando hasta la saciedad a los socialistas durante las casi dos nefastas legislaturas en que han gobernado, sería más que sospechoso si ahora no criticara a la casta pepera que, igual de nefanda para la ciudadanía, se luce azotando a la clase media y aprobando medidas lacerantes e hirientes, mientras no tocan ni uno solo de los privilegios de la clase política.
Nos ha tocado de nuevo a los funcionarios. Somos culpables de tener una fijeza en el puesto de trabajo (que ya empiezo a cuestionar, pues lo lobos acechan). Ahora nos quitan la paga extra de navidad, y moscosos, y nos endurecen el horario etc. Está claro que nos están utilizando para aplacar a las masas, a demás de obtener de forma miserable unos ingresos extras, para compensar los derroches de los políticos y pagar intereses de deuda “soberana”.
No somos desde luego los únicos castigados. Está toda la población de parados, con la que me solidarizo, especialmente con aquellos cuyo paro se ha producido directamente por la situación de crisis. Y si pudiera discriminar me solidarizaría de forma todavía más especial con aquellos que han perdido su trabajo y se han arruinado sin cometer imprudencias ni merecerlo en lo más mínimo.
Porque lo cierto es que la situación actual se ha producido con la cooperación necesaria de bancos, de avariciosos imprudentes y de políticos derrochadores. Se han dilapidado millonadas a crédito en proyectos tan innecesarios como desproporcionados. (proyectos diseñados única y exclusivamente para que comisionistas y políticos con capacidad decisoria reciban instantáneamente mordidas de empresas adjudicatarias de obras, servicios o suministros). Ése ha sido el único objeto. Hoy nadie responde. Se recurre solo a lo fácil: A quitar parte de su sueldo a aquéllos que siempre hemos vivido de nuestro trabajo, que no hemos tenido margen de maniobra para participar en esos pelotazos.
Alguno de esos sinvergüenzas, se permite el lujo, encima, de enchufar a su hija como diputada y castigar a la población con una representante indigna, sin formación y de formas groseras, tan solo porque vivimos en una democracia imperfecta, de listas cerradas, manipulada por caciques y mangantes. Me refiero naturalmente a Fabra y su hija. El Fabra del aeropuerto de Castellón, el afortunado al que siempre le toca la lotería.
Pues bien: A este señor y a su hija les protegen desde el PP. Ese mismo partido indigno que, desdiciéndose de todo lo prometido en fase de campaña electoral, luego ha recortado nuevamente sueldos, ha subido el IVA, ha aprobado el copago sanitario etc. Si tuvieran decencia dimitirían, pero hacen lo mismo que hacía Zapatero: Mantenerse en la poltrona a toda costa, castigar a los ciudadanos y no tocar ni uno solo de sus privilegios.
Lo peor es que además nuestro sacrificio forzoso no va a valer para nada. Están tomando unas medidas endiabladamente perjudiciales para la propia economía impuestas por unos socios europeos que sólo buscan su interés.