Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

14 de septiembre de 2021

Qué desfachatez

Menudo sinvergüenza nos gobierna. Solamente se le ocurre decir para darse autobombo y erigirse como un ejemplo de patriotismo y "fraternidad" mundial, que "hemos vacunado a todo el mundo, sin preguntar a quién votan"

Inaudito: Una vez más nos toma por imbéciles y se queda tan ancho.

El mero hecho de que se le ocurra esto, ya denota lo caradura que es. 


Aunque hubiera vacunado él o su gobierno a alguien (que no ha sido así), el mérito es de los contribuyentes y los integrantes de los servicios de salud que obviamente son profesionales de algo -(no son políticos) - y no van a preguntar a quién vacunan, salvo por razones médicas o de edad.

Pero es que él no ha vacunado a nadie. Lo único que ha hecho ha sido entorpecer el proceso de adquisición y distribución de las vacunas. 

Se quiere marcar puntos en su haber personal y, de paso generar una impresión falsa de un noble y consensuado cierre de episodio, como si ya hubieran acabado la pandemia y el sufrimiento colectivo (que tanto le molestan), hablando de la enorme oportunidad que tenemos con los fondos europeos. Traducido a un lenguaje algo más descarnado, su mensaje vendría a ser algo así como: Soy el artífice de haber vacunado a tanta gente y ahora quiero pasar página de pandemias porque me perjudica. No quiero oír hablar más de pandemias hasta las próximas elecciones generales y quiero que los de Europa me den de una vez los fondos que voy a administrar en exclusiva.





12 de septiembre de 2021

Pero ¿Existieron los rojos?

En septiembre de 1933, en un mitin celebrado en Don Benito (Badajoz), Largo Caballero calentaba el ambiente para las próximas elecciones generales que se iban a celebrar, después del primer bienio de la segunda república, y decía lo siguiente: “Francamente decimos que vamos por todo el poder político. Es preciso que la República sea una República socialista y no burguesa. Tardaremos más o menos pero no ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? No nos asusta eso. Vamos a la revolución social y habrá que expropiar a la burguesía por la violencia (…) No debemos dejar de luchar hasta que en las torres de los edificios oficiales ondee la bandera roja de la revolución socialista.”

Vistas estas expresiones y sabiendo lo que ocurrió después en el otoño de 1934, perdidas ya las elecciones generales y desencadenada una verdadera revolución armada, ¿Cabe alguna extrañeza de que se acuñara la expresión “rojos” para ellos? ¿Querían o no querían traer por la fuerza el comunismo? ¿Avasallaron o no derechos fundamentales (o querían hacerlo) tales como la propiedad privada, derecho a la educación libre y no sectaria, a profesar la fe y religión mayoritaria en España?

Los socialistas de nuevo cuño y demás radicales de izquierda de hoy, que quieren reconstruir la historia – y casi lo están consiguiendo – como si el 34 o estas mismas palabras de Largo Caballero no hubieran existido nunca, podrán seguramente aducir que Franco trajo un régimen fascista, con un saludo brazo en alto y unas ayudas que llegaron descaradamente del nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini. No mentirán si lo hacen, pero conviene analizar algunas diferencias en las que no repara la gente:

Franco inicialmente aceptó la República y solo se levantó frente a ella cuando se transformó en revolucionaria (en los términos que define Largo Caballero). Hasta ese momento había muerto mucha gente, se habían expropiado muchas propiedades y se habían quemado muchas iglesias. Supo que encabezaba un movimiento que tenía que buscar, por su parte, apoyos en el exterior, en la polarizada Europa que existía entonces y era natural que esa búsqueda se focalizara en los antagonistas del comunismo. No busco restaurar la democracia republicana. Eso es cierto. Sin embargo su dependencia respecto a los alemanes e italianos disminuyó pronto, a medida que avanzaba la guerra, mientras que los republicanos se echaban paulatinamente en brazos de Stalin que tejió hábilmente sus redes, llegando a hacer primar en la mente de sus seguidores españoles la ideología comunista por encima del sentimiento de nacionalidad española. Eso no le sucedió a Franco con sus aliados porque en todo momento demostró que lo primero para él era su país, mientras que en la izquierda el que no se sentía afrancesado, se sentía rojo: Todo con tal de renegar de la historia y trastocar cualquier elemento tradicionalista que pudiéramos tener.

 Sin duda tomó como modelo los regímenes fascistas, hasta tal punto que creó en España una variedad de los mismos. Eso es innegable. Pero al frente de la cocina estaba él, removiendo en la marmita el mix de trazas de fascismo de Falange, los coqueteos con la vuelta a la monarquía de Renovación española, el republicanismo moderado y de derechas de muchos de sus militares, la facilona y propagandista guerra santa nacida a partir de las agresiones padecidas por la Iglesia española aderezando todo ello con un progresivo distanciamiento de todo lo que oliera a germanofilia.



En la República (en esa cosa en la que se convirtió durante la guerra), la revolución lo fagocitaba todo: Dinero, personas, ideas. Los gobernantes españoles habían perdido cualquier control desde que se repartieron las armas a la gente. La violencia desencadenada, en efecto, introdujo la revolución y ésta terminó gestionándose desde Moscú, por alguien a quien le importaba poco España. 

Luego estaremos de acuerdo en que gran parte del socialismo ya se había hecho rojo, comunista, bolchevique o como se le quiera llamar. 

En cuanto a la agresión fascista, el golpe de Estado, la sublevación o el alzamiento - como le llamaron los propios generales - es evidente que legítimo del todo no fue. El régimen que estaba en vigor había salido de las urnas (aunque las elecciones del 36 estuvieron trufadas de irregularidades hasta el punto de que se pudo escamotear de forma irregular la victoria a la CEDA de Gil Robles). Sin embargo había muchos motivos y provocaciones que llevaban a media España a identificarse con este levantamiento. Y este es el motivo por el que luego progresó y triunfó. Nunca un golpe militar, considerando a todos ilegítimos, había sido más legítimo que éste. 

Hay quien cree que hubo que “animar” a los militares a dar el golpe y solamente se consiguió cuando se capitalizó propagandísticamente la indignación popular con la muerte del Teniente Casado y se movilizaron los asesinos a sueldo de Prieto de “la Brigada motorizada” para asesinar a alguien significativo del parlamentarismo de derechas que resultó ser el desafortunado Calvo Sotelo. (Parece una broma de la historia que el lugar en el que fue encontrado su cadáver, junto a un muro del Cementerio de la Almudena, hoy se encuentre en la Avenida de Largo Caballero, nuestro apóstol de la violencia con el que comenzábamos esta reflexión).

Esta visión cuadra con el hecho histórico de que el gobierno se sentía fuerte, con las grandes ciudades y la industria a su favor, con la mayor parte de la población de las zonas más desarrolladas y con los mayores destacamentos militares y armamentísticos del país, incluida la fuerza aérea y la Armada. Naturalmente se estaba oyendo “ruido de sables” e interesaba desactivar cuanto antes esa amenaza para la revolución. La mejor manera era desencadenar el enfrentamiento, una vez habían sido trasladados a destinos lejanos e inocuos a aquellos generales considerados más peligrosos o con mayor ascendencia sobre la tropa. El propio Franco, que había sido General director de la Academia de Infantería de Toledo, estaba en Canarias, no por casualidad.

Si añadimos hechos históricos incontrovertibles como la antedicha declaración de Largo Caballero a favor de la violencia o la implicación de Indalecio Prieto en el episodio del buque “Turquesa” con el aprovisionamiento clandestino de armas a los mineros asturianos del treinta y cuatro, no resulta tan extraño conjeturar que la propia república (o el engendro que ya era en ese momento después del fraude electoral de 1936, los ataques a las iglesias y los pistoleros de ambas tendencias campando por las calles), pudo dar pasos para forzar el golpe contra sí misma.

Sería bueno que se enseñara historia de verdad a la gente.

5 de septiembre de 2021

El precio del ecologismo y el desastre de gestión

Por culpa de la subida del precio de la luz nos vamos a un IPC superior al 3 %, acostumbrados como estábamos a no superar el 1 % desde cae más de 10 años (era lo único bueno que tenía la crisis y la recesión: la contención de precios). Lo cierto es que resulta espectacular la subida, y en España, como siempre últimamente nos pilla con el paso cambiado, ocupados, como estamos en estrategias maquiavélicas de conservación del poder a costa de lo que sea. Los gobernantes no han llegado ni a atisbar lo que se nos venía encima. 

Hace un año aproximadamente el coste del megavatio / hora era de 42 euros; ahora cuesta 130 euros. Y la gente se pregunta el por qué. a causa es complicada porque se entrelazan varios mercados y decisiones políticas importantes. En primer lugar el ecologismo y el cambio climático han hecho insistir cada vez más en el uso de energías limpias, a ser posible renovables ya desde hace años, pero seguimos dependiendo enormemente de la energía fósil que supuestamente contamina menos, que es el gas. 

Pese a ello los costes marcados en Europa por cada tonelada de CO2 emitida a la atmósfera han pasado de 20 a 60 euros incrementándose en un 150 %. El efecto disuasorio por contaminar sale bastante caro y nos afecta por igual a todos los países con independencia del nivel de desarrollo que tengamos. El precio del gas natural, además, se ha revalorizado en un 400 %, y por otro la do la demanda de electricidad ha crecido, especialmente en verano. Y frente a esta situación ¿Cómo nos encontramos? Todavía con pocas instalaciones solares (para una ventaja natural que tenemos). En verano no es época de vientos: Por lo tanto las instalaciones eólicas y molinillos que por doquier se han plantado en nuestra geografía, no valen para gran cosa. 

Y para acabar de redondear el desastre, tenemos poca agua, lo que hace más inútil la energía hidráulica (aunque ya se está denunciando el excesivo ruido de turbinas en algunos embalses, en tiempos de escasez de agua para otras finalidades). 



Respecto a la energía atómica, para qué hablar. El sur de Francia está repleto de centrales y se han inflado a vendernos energía, mientras que nosotros, aspirando a la perfección verde antes que nadie, estamos criminalizando cualquier proyecto o estudio en materia de energía atómica y cerrando centrales en aplicación de compromisos políticos tendenciosos. Seguimos dependiendo en gran medida de los fósiles y durará mucho tiempo, especialmente la dependencia del gas. Lo curioso es que en materia energética España puede llegara ser un país privilegiado en términos geográficos, no solamente por el número de horas de sol superior al que tienen los países del norte, sino también por ofrecer una segunda alternativa de entrada al gas ruso a través de nuestro territorio a través del gaseoducto que nos conecta con Argelia. 

Si nuestros políticos fueran responsables estarían invirtiendo en la amistad con Argelia y en las conexiones eléctricas con Europa. Además fomentarían la inversión en placas solares y en al autoabastecimiento energético de hogares y empresas. Incluso se plantearían la construcción de algún nuevo embalse o la revisión del criterio en cuanto a la energía nuclear. 

Todo ello en conjunto, nos haría un país viable y pujante en unos tiempos en los que va a ser cada vez más necesaria la energía para todo. 

En lugar de eso se dedican a hablar de crear empresas públicas eléctricas o de criticar a las empresas del sector de "falta de empatía", como ha dicho la ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera. En todo caso lo que acabo de hacer es un análisis mínimamente serio. Nada que ver con lo que hacían los políticos, ahora en el poder, cuando estaban en la oposición, cuando se lanzaban al cuello de Rajoy y del gobierno de entonces con una saña desproporcionada para aquello de lo que se quejaban (subidas del precio del 4 %). 

 Pero claro, los maestros de la queja, luego no saben qué hacer con el problema y encima no admiten las quejas.