Por culpa de la subida del precio de la luz nos vamos a un IPC superior al 3 %, acostumbrados como estábamos a no superar el 1 % desde cae más de 10 años (era lo único bueno que tenía la crisis y la recesión: la contención de precios). Lo cierto es que resulta espectacular la subida, y en España, como siempre últimamente nos pilla con el paso cambiado, ocupados, como estamos en estrategias maquiavélicas de conservación del poder a costa de lo que sea. Los gobernantes no han llegado ni a atisbar lo que se nos venía encima.
Hace un año aproximadamente el coste del megavatio / hora era de 42 euros; ahora cuesta 130 euros. Y la gente se pregunta el por qué. a causa es complicada porque se entrelazan varios mercados y decisiones políticas importantes.
En primer lugar el ecologismo y el cambio climático han hecho insistir cada vez más en el uso de energías limpias, a ser posible renovables ya desde hace años, pero seguimos dependiendo enormemente de la energía fósil que supuestamente contamina menos, que es el gas.
Pese a ello los costes marcados en Europa por cada tonelada de CO2 emitida a la atmósfera han pasado de 20 a 60 euros incrementándose en un 150 %. El efecto disuasorio por contaminar sale bastante caro y nos afecta por igual a todos los países con independencia del nivel de desarrollo que tengamos. El precio del gas natural, además, se ha revalorizado en un 400 %, y por otro la do la demanda de electricidad ha crecido, especialmente en verano.
Y frente a esta situación ¿Cómo nos encontramos?
Todavía con pocas instalaciones solares (para una ventaja natural que tenemos). En verano no es época de vientos: Por lo tanto las instalaciones eólicas y molinillos que por doquier se han plantado en nuestra geografía, no valen para gran cosa.
Y para acabar de redondear el desastre, tenemos poca agua, lo que hace más inútil la energía hidráulica (aunque ya se está denunciando el excesivo ruido de turbinas en algunos embalses, en tiempos de escasez de agua para otras finalidades).
Respecto a la energía atómica, para qué hablar. El sur de Francia está repleto de centrales y se han inflado a vendernos energía, mientras que nosotros, aspirando a la perfección verde antes que nadie, estamos criminalizando cualquier proyecto o estudio en materia de energía atómica y cerrando centrales en aplicación de compromisos políticos tendenciosos.
Seguimos dependiendo en gran medida de los fósiles y durará mucho tiempo, especialmente la dependencia del gas.
Lo curioso es que en materia energética España puede llegara ser un país privilegiado en términos geográficos, no solamente por el número de horas de sol superior al que tienen los países del norte, sino también por ofrecer una segunda alternativa de entrada al gas ruso a través de nuestro territorio a través del gaseoducto que nos conecta con Argelia.
Si nuestros políticos fueran responsables estarían invirtiendo en la amistad con Argelia y en las conexiones eléctricas con Europa. Además fomentarían la inversión en placas solares y en al autoabastecimiento energético de hogares y empresas. Incluso se plantearían la construcción de algún nuevo embalse o la revisión del criterio en cuanto a la energía nuclear.
Todo ello en conjunto, nos haría un país viable y pujante en unos tiempos en los que va a ser cada vez más necesaria la energía para todo.
En lugar de eso se dedican a hablar de crear empresas públicas eléctricas o de criticar a las empresas del sector de "falta de empatía", como ha dicho la ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera. En todo caso lo que acabo de hacer es un análisis mínimamente serio. Nada que ver con lo que hacían los políticos, ahora en el poder, cuando estaban en la oposición, cuando se lanzaban al cuello de Rajoy y del gobierno de entonces con una saña desproporcionada para aquello de lo que se quejaban (subidas del precio del 4 %).
Pero claro, los maestros de la queja, luego no saben qué hacer con el problema y encima no admiten las quejas.


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