El movimiento radical feminista empieza a ser contestado por
los hombres.
Muchos somos padres de familia. Tenemos mujer e hijas y nos
hemos desvivido por ellas y nos sentimos tristes por el modo en que se está
afrontando el problema (sobre todo en su ámbito político).
Claro que hay machismo. En el 90 % de las sociedades del
mundo hay machismo. En la mayoría de las especies animales hay machismo porque
la naturaleza ha hecho un reparto de roles entre ambos sexos. Es algo atávico y
natural. La naturaleza no es buena ni mala: Es solo natural y, si se quiere,
cruel. El distinto reparto de roles entre géneros es el camino mejor para la
supervivencia de una especie, para que ésta se reproduzca con la mayor economía
de medios y con la mayor garantía de éxito. Cada especie busca su manera de
perpetuarse y adaptarse. Es posible que la especie humana tuviera, igual que
otros mamíferos, un reparto de papeles desigual. Y, a la vista está, que la evolución
genética ha hecho, con el correr de los milenios, que hombre y mujer tengan un
físico distinto. El uno, más fuerte, la otra, más adaptado al alumbramiento y
la crianza. Si podemos aceptar que las caderas y los senos son distintos, no
debería ser tan difícil admitir que la naturaleza ha moldeado de forma distinta,
también las mentalidades de hombre y mujer. Sin embargo hoy todo se
entremezcla, por culpa (o gracias) a la complejidad de nuestra sociedad.
El ser humano hace mucho que ha superado la división simplista
de roles. Tiene asegurada su hegemonía en el globo terráqueo (que amenaza con
destruir él mismo). No compite con otras especies y la igualdad de sexos se ha
convertido en algo posible y deseable. En términos de tiempo es algo realmente
reciente. Hasta hace poco las sociedades, mucho más afectadas por las
enfermedades y las guerras, tenían que asegurar gran cantidad de prole y eso
sin duda guarda relación con el reparto de roles que había entre hombres y
mujeres. El hombre relacionado con la pelea, el riesgo, la fuerza bruta, el
enfrentamiento con el exterior y la mujer con la crianza y las tareas
domésticas.
Ahora, como digo, en las sociedades más avanzadas cobra
fuerza la igualdad de género porque supone una sublimación del ser humano y es
un acto de justicia. Nadie hoy puede pretender un discurso coherente y discutir
la igualdad de derechos que debe tener la mujer respecto al hombre,
absolutamente en todos los ámbitos. Por lo tanto, vaya por delante que este
pequeño relato introductorio no pretendía en modo alguno justificar el
mantenimiento de las situaciones de desigualdad.
La desigualdad de derechos debe combatirse pero la
desigualdad de naturalezas debe fomentarse porque es enriquecedora y favorece
la atracción mutua.
El papel de los poderes públicos debería ser sobre todo el
poner los medios y fomentar que esa igualdad de derechos cristalice de forma
total, pero determinadas corrientes ideológicas están yendo más allá, buscando
la tutela de todo un género (cuyo voto esperan captar) mediante diversas medidas
desproporcionadas y desacertadas. Desde feminizar el lenguaje hasta aplicar medidas de discriminación positiva y legislar en contra de todo un género, estableciendo una presunción de culpabilidad que vulnera más de un principio esencial de la constitución: El derecho a la igualdad y el derecho a la tutela judicial efectiva. Esto supone una generalización y distribución de la culpa entre
los hombres (por algo histórico que vino heredado): Muchos hombres han sido
educados en el machismo en múltiples detalles cotidianos y les ha pillado este
cambio social acelerado obligándoles a realizar un notable esfuerzo de
adaptación. La mayoría lo están consiguiendo sin mayores problemas y
probablemente recogen frutos y consiguen evolucionar porque dentro de sus casas
no hay tanto problema de convivencia como pretenden los políticos. El problema
es que ya no pueden ni ver las noticias sin que se sientan agredidos porque se les mete en el mismo saco que a otros. También tenemos muchos lugares en los que el machismo se mantiene en algún grado, aceptado por ambas partes, pero no por ello se producen agresiones. Incluso puede que haya mucho cariño pero indudablemente hay cierto reparto de roles patriarcal. Para combatir estas situaciones hace falta tiempo; quizás más de una generación, pero no se está teniendo paciencia porque supuestamente están muriendo mujeres. Las mujeres que mueren no tienen nada que ve con estas familias, pero las medidas y la abundante propaganda las criminalizan por igual. Me preocupa, de verdad, la falta de matices.