Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

9 de enero de 2017

Se acabó el periodo electoral: A rascar el bolsillo

Hay un gran sector de políticos que ya han percibido hace tiempo el cambio de nuestra sociedad. Ese gran cambio social en el que muchos se han tornado inconformistas con la situación y amenazan con explotar. Sí; es precisamente toda esa gente que simpatiza con los populismos, que no termina de recuperarse, aunque ahora se diga que estamos saliendo de la crisis. A ellos eso no les afecta porque o bien lo han perdido todo, o bien nunca han tenido nada y desean tener.
Corren malos tiempos para quienes tienen. Para la clase media que se ha labrado un futuro con el trabajo, aprovechando sus oportunidades, muchas veces su suerte. Serán ellos la carnaza que los políticos echarán a las fieras, con la secreta esperanza de que se tranquilicen. Ya no vale hacer previsiones de futuro, porque estamos en una sociedad expropiatoria en la que hay que repartir. El gobierno del PP antaño respetuoso con el mérito, con la propiedad privada, con las libertades individuales ahora tiene que hacerse social demócrata para mantenerse en el poder.
En su justa medida está bien. Corren tiempos todavía más difíciles para los desfavorecidos y hay que ayudarles de alguna manera, pero se está llegando a un sinsentido. Todo esto está desembocando en una sociedad subsidiada e injusta en la que se igualan todos los habitantes en el nivel más bajo. Las pensiones contributivas peligran, pero nadie toca las prestaciones asistenciales, cada vez más amplias. La asistencia sanitaria ahora va con cargo a los presupuestos generales, pero los pensionistas de hoy han cotizado por ella durante toda su vida laboral: Da igual, porque se les incrementará el copago. Otra reducción selectiva en el gasto social. Siempre pagan los mismos. 

...Y gracias, porque todavía pueden hacerlo.

Así está nuestra sociedad hoy. Entrando en otro capítulo de solidaridad forzosa, con unos gobernantes que, con tal de seguir gobernando no resisten la presión de la izquierda radical. Una vez ganadas las elecciones hay que subir los impuestos (a quienes declaran, naturalmente). La clase media, los funcionarios, los profesionales colegiados, los pequeños autónomos… esos colectivos serán quienes salven de nuevo la situación. Les tocará mover la economía privada: Contratando empleados, abriendo negocios, consumiendo. Y también moverán la economía pública, a la que proporcionarán ingresos pagando impuestos indirectos y especiales, cada vez que se muevan o respiren, sin olvidar que tendrán que hacer frente a las cada vez más frecuentes y numerosas trampas recaudatorias puestas por los ayuntamientos (según vaya en cada barrio).


Hoy lo que prima es todo lo social. Ahí está el gran cambio. Y los protagonistas del mismo deberían haber sido los socialistas. Ahora les tocaría gobernar si se hubiera seguido otra política más inteligente, en lugar de intentar aislar y negar a la derecha. Sin embargo es ésta la que hoy está a cargo de la ubre que debe saciar a los hambrientos de prestaciones, subvenciones, subsidios, ayudas etc. Y parece que les gusta hacerlo, o que temen un levantamiento de la gente si no lo hacen. 

Lo que es desalentador es que todo se vuelve a financiar con más deuda. El empleo con el que se dice que crecemos no da para recaudar ni impuestos ni cuotas de seguridad social. Es empleo de mala calidad, que no anima a la gente a salir de la interinidad y afrontar gastos serios. Hay mucho empleo también que no tiene valor retorno: Predomina el sector terciario, el turismo, la hostelería y hay pocos fondos para la investigación y la industria. La principal industria que tenemos es la del automóvil, y precisamente estamos condenando los coches particulares, antes de promocionar los vehículos eléctricos o los híbridos. 

Coqueteamos irresponsablemente con la cultura "flower - power". Ya somos más ecologistas que la mayoría de los europeos... al menos en lo que se refiere a exigencias normativas. Y todo esto con la aquiescencia de Ciudadanos y del PP. De los otros, ya sé que no puedo esperar nada.