Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

25 de febrero de 2010

La malparida ley

Por tan solo cinco votos de diferencia se ha desbloqueado una ley del aborto que será un coladero para que niñas (a las que no dejan ni comprar tabaco solas) puedan interrumpir un embarazo y matar a una criatura indefensa. Teníamos una ley que, bien aplicada podía tener cierta justificación. Ahora la progresía feminista apoyada por ZP, ha engendrado una ley malparida y se han felicitado con aspavientos las pajines y aidos, ésas inútiles enchufadas de sus papás. ¡Lástima que no abortaran ellos, para librarnos de estas políticas de tres al cuarto, hazmerreir de Europa, castigo de los españoles!.

Se vende como un logro de las mujeres, lo que es una auténtica vergüenza. Ahí estaba el senador socialista Lerchundi, con intereses en el negocio de las clínicas abortistas. Ya se ha abierto la veda. Ya tiene ZP más estómagos agradecidos a su alrededor: Los homosexuales, los de la ceja, los de la SGAE , los médicos abortistas etc.

Yo me pregunto, por qué esta unilateralidad injustificada en la decisión sobre el nacimiento o no de un niño. Las feministas dicen que es porque ellas son las que paren. Ahora bien, si ellas deciden que el niño nazca pueden forzar la identificación del padre y comprometerle a asumir una pensión alimenticia.

20 de febrero de 2010

Pacto ¿Qué pacto?


La impresión que mucha gente tiene en la actualidad es que el gobierno de ZP no tiene ni idea del cuándo y el cómo salir de esta crisis económica. No digo que la crisis haya sido culpa de ellos. Seguramente es cierto que hay un capitalismo salvaje detrás de esta gran crisis. Pero precisamente por ello no se puede tener a propagandistas y aficionados al frente del gobierno. Sólo un gobierno así de incapaz (más pendiente del rédito electoral que del verdadero problema), aguanta tanto tiempo negando la evidencia. Cuando, por fin, se ve obligado por la tozudez de la realidad hosca y dura con la que tiene que lidiar, sigue obstinado en aplicar soluciones de aficionado para lo que es un problema reservado a profesionales. Se rodea de mediocres y hace caso omiso de los únicos que saben un poco, despidiéndoles y jubilándoles anticipadamente. Desprecia la opinión de mucha prensa internacional, muchos gobernantes, muchos ilustres teóricos de la economía y se echa en brazos de los sindicatos. Insiste en seguir gastando lo que no tenemos, poniendo en situación de deudores a esta generación y a la que viene. Sube los impuestos para ralentizar aun más el consumo y el renacer de la economía. Ofende a los empresarios acusándoles de no ceder en el marco de las relaciones laborales sin ofrecerles ninguna contrapartida, pediendo por completo la neutralidad que debería exigirse al gobierno. Lanza globos sonda con la reforma de las pensiones, poniendo sobre el tapete la idea de que a todo un sector de la población le va a tocar jubilarse dos años más tarde.

Todo este cúmulo de desaciertos, contradicciones, pasos en falso y decisiones mesiánicas, son el resultado de una actuación en solitario, o con pequeños partidos bisagra como acompañantes de conveniencia. Nunca, en ningún momento ha creído necesario consensuar nada con el principal partido de la oposición. Si lo hubiera querido de verdad hacer, los primeros pasos habrían sido en privado, sin luz ni taquígrafos. Se habrían avanzado acuerdos para ofrecerlos a la sociedad y dar una imagen de consistencia frente a la crisis. Pero no ha sido así. Se ha pretendido escenificar un pacto. Se ha hablado mucho de este pacto. No sé por qué, los socialistas y los periodistas corifeos, han llegado a manosear algunas palabras de tal modo, que éstas producen casi asco. Pasa ahora con el pacto frente a la crisis, pero pasó antes con la paz. Exactamente lo mismo.

Entonces el carácter mesiánico de ZP y su necesidad de votos le hizo apartarse del pacto contra el terrorismo, para entablar negociaciones con ETA. Es decir: tenía pacto y lo rompe. Pasó después unos años engañando a la ciudadanía y jugando con la buena fe de la gente. Cuando ya no fue posible disimular más y la tozuda realidad le forzó muy a su pesar a abandonar aquellos indignos diálogos, propuso – como ahora – el abrazo del oso. Dejaba atrás indignidades y torpezas sobre las que quería correr un tupido velo: Con motivo del retorno de la ETA a los atentados terroristas asesinos, dice entonces: “Ahora todos tenemos que estar unidos frente al terrorismo”. El Partido Popular, en aquel momento perdonó bastante al contrario, pero no podía hacer otra cosa, puesto que al final le tenía en el lugar que deseaba, y eso era lo importante. El gobierno había rectificado y estaría frente a los terroristas. Al final hay una colaboración utilitarista, pero sincera en el País Vasco, frente al nacionalismo radical.

Si ahora, en materia económica, sucediera lo mismo, es decir, si el gobierno de ZP rectificara, los populares podrían encontrarse en la misma situación: No querer agobiar a quien, al fin y al cabo, terminaba por hacer lo que ellos pretenden. El gobierno podría pedir como contrapartida la no explotación mediática por parte del PP, y éste se vería obligado a aceptar esta condición por un puro sentido de Estado. (Al fin y al cabo es más importante que el gobierno rectifique en algunas cosas, que el mero hecho de tener razón). Pero al PP no se le dado siquiera esa oportunidad, porque el Gobierno no ha rectificado en nada. Solo pretende adhesiones. Solo está dispuesto a ceder en minucias, pero no puede ceder en nada importante: La Comisión títere que se ha creado de cara a la ciudadanía tiene fuera del orden del día temas tan capitales como la modificación de las modalidades de trabajo (reforma del mercado laboral), la subida de impuestos, la modificación del sistema de pensiones, la racionalización de la administración pública etc… Todos esos frentes han quedado fuera de la Comisión. Parece como si sólo quisieran hablar del tiempo. Y a pesar de todo hay una delegación del PP que está asistiendo.

Por eso, los periodistas y la opinión pública en general no pueden ser hoy equidistantes. Mienten todos aquellos que dicen que tan culpables son unos como otros. Solo unos han gobernado y gobiernan. Y los otros tienen razones de peso para desconfiar. Nadie puede obligarles a adherirse a unos planes con los que no están de acuerdo. Han dicho que se adherirán a aquellas medidas puntuales que compartan. Por ejemplo la reducción de IVA para la reforma de viviendas y su posible contribución a la dinamización del sector de la construcción, es una medida que consideran acertada, hasta tal punto que el propio Grupo popular la había propuesto en el Parlamente obteniendo – hace muy poco tiempo – la negativa del PSOE.