Hasta el pasado domingo no había
querido criticar a esta mujer y su asociación, por respeto al dolor por el que
han tenido que atravesar. Que una mujer
pierda un hijo en un atentado como el del 11M es una experiencia tan dura como
para suscitar la lástima, la adhesión y la solidaridad.
Eso mismo es lo que sentí, y
llegué a enviarla un post, una carta abierta en la que expresaba mi sentir por
la muerte de su hijo y de las restantes víctimas. Entonces ella acababa de
hacerse cargo de su Asociación y, para mí era desconocida la trayectoria que
iba a seguir. Además, su cara de magdalena y sus ojos hinchados por el llanto y
el sufrimiento llegaron a conmoverme.
En este aniversario se ha visto
claramente que se ha decantado por el odio ciego hacia quienes ella siente como
culpables indirectos de la muerte de su hijo: La derecha española de Aznar que
alineó a nuestro país con el genocida Bush y provocó el ataque de los
fundamentalistas islámicos contra el tren en el que viajaba su hijo.
Sólo esa postura puede explicar
sus insensatas declaraciones henchidas de resentimiento hacia el gobierno
actual, su acuerdo con una sentencia que debería haberle decepcionado, su
alineamiento con una izquierda que, a la postre, fue la primera beneficiada del
atentado.
Este 11M Manjón se ha prestado a
que los sindicatos pisoteen y manchen el aniversario envolviéndolo en la
política laboral y en las quejas que se podrían haber mostrado en otro día
distinto. En su discurso no se ha
conformado con recordar a las víctimas; ha hecho gala de un mal entendido
coraje para enfrentarse a los “conspiranoicos” y al actual Fiscal General del
Estado, a quienes debería de estar agradecida, pues son ellos quienes han
invertido la tendencia que hasta ahora había de “echar tierra sobre el asunto”.
Yo le diría a Manjón que gracias
a quienes ella llama conspiranoicos, tiene todavía una remota posibilidad de
saber quién ha matado a su hijo de verdad. Al margen de políticas debería
preocuparle saber precisamente eso. Si su hijo desde el más allá pudiera
hablarle, seguramente le diría: “Madre, estás metiendo la pata. A mí no me
asesinaron esos cuatro mataos que tienen en la cárcel. Me mataron…”
