Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

12 de marzo de 2012

Pilar Manjón



Hasta el pasado domingo no había querido criticar a esta mujer y su asociación, por respeto al dolor por el que han tenido que atravesar.  Que una mujer pierda un hijo en un atentado como el del 11M es una experiencia tan dura como para suscitar la lástima, la adhesión y la solidaridad.
Eso mismo es lo que sentí, y llegué a enviarla un post, una carta abierta en la que expresaba mi sentir por la muerte de su hijo y de las restantes víctimas. Entonces ella acababa de hacerse cargo de su Asociación y, para mí era desconocida la trayectoria que iba a seguir. Además, su cara de magdalena y sus ojos hinchados por el llanto y el sufrimiento llegaron a conmoverme.
En este aniversario se ha visto claramente que se ha decantado por el odio ciego hacia quienes ella siente como culpables indirectos de la muerte de su hijo: La derecha española de Aznar que alineó a nuestro país con el genocida Bush y provocó el ataque de los fundamentalistas islámicos contra el tren en el que viajaba su hijo.
Sólo esa postura puede explicar sus insensatas declaraciones henchidas de resentimiento hacia el gobierno actual, su acuerdo con una sentencia que debería haberle decepcionado, su alineamiento con una izquierda que, a la postre, fue la primera beneficiada del atentado.
Este 11M Manjón se ha prestado a que los sindicatos pisoteen y manchen el aniversario envolviéndolo en la política laboral y en las quejas que se podrían haber mostrado en otro día distinto.  En su discurso no se ha conformado con recordar a las víctimas; ha hecho gala de un mal entendido coraje para enfrentarse a los “conspiranoicos” y al actual Fiscal General del Estado, a quienes debería de estar agradecida, pues son ellos quienes han invertido la tendencia que hasta ahora había de “echar tierra sobre el asunto”.
Yo le diría a Manjón que gracias a quienes ella llama conspiranoicos, tiene todavía una remota posibilidad de saber quién ha matado a su hijo de verdad. Al margen de políticas debería preocuparle saber precisamente eso. Si su hijo desde el más allá pudiera hablarle, seguramente le diría: “Madre, estás metiendo la pata. A mí no me asesinaron esos cuatro mataos que tienen en la cárcel. Me mataron…”

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