Había empezado el verano pasado a leer la novela
de Gironella “Los cipreses creen en Dios” y me había detenido varias veces,
porque es una novela larga y tiene un ritmo pausado, sobre todo en sus inicios,
en los que va presentando a todos los personajes y el fresco de la ciudad de
Gerona. La retomé el pasado mes de enero, después de leer un par de libros
sobre la guerra civil (la Historia de Hugh Thomas y La Batalla del Ebro de
Reverte). Así, debidamente ambientado me interné de nuevo en la historia de Los
Alvear, de Mateo el falangista, del Comandante Martínez Soria, el comunista
Cosme Vila, el párroco Mosén Alberto etc. y me fue enganchando hasta devorar
los dos volúmenes de esta primera parte de la trilogía.
La obra no es del todo neutral, aunque algunos
afirman que constituye un gran esfuerzo de neutralidad. Yo creo que encierra una
demoledora crítica del ambiente revolucionario que fue transformando las
ciudades españolas en ollas a presión, pero lo hace de forma muy inteligente.
Usa los personajes para matizar y hace ver al lector que la maldad absoluta no
existe.
La descripción de cómo los personajes
revolucionarios pierden el dominio de sí mismos y de la situación denota un
gran esfuerzo comprensivo del ambiente que se creó en aquellos aciagos años que
precedieron al estallido de la guerra civil.
He subrayado algunos de los pasajes, que el autor
concibió para describir una realidad siniestra que asoló nuestro país. Cómo se
fue cociendo en una pequeña ciudad el enfrentamiento de clases, cómo fue
creciendo el odio por unas desigualdades atávicas que repentinamente le
parecieron insufribles a gran parte del pueblo, cómo la burguesía incipiente no
pudo reaccionar frente a aquello. La revolución soviética del 17 tuvo gran influencia en España y los comunistas tuvieron el
papel principal en una guerra civil que duró demasiado.
La novela elogia a la clase media y la moralidad
cristiana. Describe cómo un desorientado Ignacio centra su vida después de
confesarse con Mosén Francisco. Describe también el saber estar de alguna
familia burguesa, como la de Marta y Mateo y asocia el ansia revolucionaria de
muchos de los personajes con complejos y traumas de su vida pretérita. Lo
correcto –ser una buena familia cristiana como los Alvear – se exceptúa por
causas de pobreza y falta de formación que traumatizan y marcan a los
personajes revolucionarios. (El Responsable había tenido que ver a su padre perder
su negocio de alpargatas, Olga y David
han sido víctimas del suicidio de sus progenitores y ellos mismos tienen tendencia,
Julio está secretamente enamorado de Pilar Alvear, Teo odia al propio Cosme
Vila y quiere demostrar que vale más y por ello asesina a seis monjas etc… ).
Por el contrario la derecha que intenta el golpe en Gerona, aparece
asociada con el buen orden, dignificándose sus personajes a medida que avanza
el libro. Efectivamente la novela no es neutral, pero dentro de la visión
parcial contiene un encomiable esfuerzo comprensivo y una notable sensibilidad
con todos los personajes.
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