Solo un ciego voluntario puede creer todavía en este gobierno. Lo que está saliendo publicado estos días sobre las actas de la reuniones mantenidas por el gobierno del PSOE con la ETA entre 2004 y 2006 era ya de dominio público. Recuerdo que esas actas fueron mencionadas hace ya tiempo. Al final han salido, proporcionando detalles verosímiles sobre las concesiones e indignidades de un gobierno sin principios que buscaba (y busca) el éxito fácil, caiga quien caiga, sin importarle el decoro y la honestidad. Ese gobierno traidor, y sus voceros, nos dicen ahora que no podemos creer en la palabra de unos terroristas. Pero lo cierto es que los terroristas tienen más crédito que ellos. Todo lo que recogen las actas tiene el aspecto de ser real y se correspondió con hechos que acaecieron en efecto. ¿por qué no creer en su contenido? ¿Quizás porque nos lo diga Rubalcaba? ¿Qué tiene en su haber Rubalcaba, para que le creamos?
El hecho incontestable es que Rubalcaba representa lo más siniestro de las cloacas del Estado. Desde el GAL, hasta el Faisan, pasando por el 11M. Cuando se le ha preguntado en el Congreso de forma reiterada, ha insultado a media España choteándose en la cara de sus representantes. Pero nunca ha contestado facilitando detalles o informaciones veraces. Todos los hechos les apuntan; a él y a Zapatero, por supuesto.
Pero en este país no dimite nadie. Aunque haya escándalos que en otros sitios les llevarían a dar con los huesos en la cárcel, aquí algunos políticos siguen en el poder.
La justicia, si de verdad existiera una democracia y un Estado de derecho, no estaría – como está – intervenida. No tenemos una verdadera separación de poderes. Los políticos de ahora se han pasado a Montesquieu por el arco del triunfo y nos encontramos con un Fiscal general del Estado que no es más que un pobre lacayo del gobierno, que solo actúa bajo su dictado y que estuvo al corriente de todos los detalles sórdidos de aquel mal llamado proceso de paz. Han conseguido también mayorías en el Consejo general del poder Judicial y en altos Tribunales que,a la postre van a agotar instancias y a resolver recursos sobre casos en los que ellos mismos pueden (y van a) estar implicados.
A todos aquellos que han sido molestos y no han pasado por el aro, les han laminado: Fungairiño, Grande Marlaska etc.
¿Quién es el estúpido que cree hoy en esta justicia?
De verdad que no estamos en una democracia. Nos hemos alejado de los cánones y tenemos mucho que envidiar a otros países europeos. Después de estas dos legislaturas socialistas se han manoseado demasiado las instituciones y se les ha hecho perder la respetabilidad. El ciudadano ya no cree en la justicia, como tampoco cree en el Ejecutivo, ni en los representantes parlamentarios, todos ellos – pobres diablos – huérfanos de criterio y de independencia.
Rubalcaba y sus secuaces son conscientes de hasta dónde alcanza el brazo de su poder y de que no les van a detener porque controlan los últimos resortes que tendría el Estado para defenderse de ellos. Esos zorros están guardando el gallinero sin que nadie lo impida (quizás solo algunos medios de prensa a los que acallarían si pudieran).
Gracias a Dios que estamos en Europa. Ese mero hecho es una garantía de que esta pesadilla pasará algún día. El estar en Europa impide que controlen y amordacen a la ciudadanía como quisieran porque cantaría demasiado y se perdería mucho con nuestra salida de la Unión si en algún momento detectaran nuestros socios que España no es un país democrático.
Yo creo que ya no lo somos del todo por las razones antedichas. La ausencia de una verdadera separación de poderes ya impide considerar a nuestro sistema en puridad como democrático. Peo cierto es que podríamos estar peor. Si no estuviéramos en Europa, estos socialistas de ahora nos llevarían a un modelo bananero en el más puro estilo venezolano o cubano.
El tener a Rubalcaba en Interior me hace temer que las próximas elecciones no las vaya a ganar el PP. Su mera presencia indica que algo puede suceder: Puede haber un apaño electoral… puede haber un atentado oportuno… ¿quién sabe?
