Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

30 de marzo de 2011

Las actas y la democracia pisoteada

Solo un ciego voluntario puede creer todavía en este gobierno. Lo que está saliendo publicado estos días sobre las actas de la reuniones mantenidas por el gobierno del PSOE con la ETA entre 2004 y 2006 era ya de dominio público. Recuerdo que esas actas fueron mencionadas hace ya tiempo. Al final han salido, proporcionando detalles verosímiles sobre las concesiones e indignidades de un gobierno sin principios que buscaba (y busca) el éxito fácil, caiga quien caiga, sin importarle el decoro y la honestidad. Ese gobierno traidor, y sus voceros, nos dicen ahora que no podemos creer en la palabra de unos terroristas. Pero lo cierto es que los terroristas tienen más crédito que ellos. Todo lo que recogen las actas tiene el aspecto de ser real y se correspondió con hechos que acaecieron en efecto. ¿por qué no creer en su contenido? ¿Quizás porque nos lo diga Rubalcaba? ¿Qué tiene en su haber Rubalcaba, para que le creamos?

El hecho incontestable es que Rubalcaba representa lo más siniestro de las cloacas del Estado. Desde el GAL, hasta el Faisan, pasando por el 11M. Cuando se le ha preguntado en el Congreso de forma reiterada, ha insultado a media España choteándose en la cara de sus representantes. Pero nunca ha contestado facilitando detalles o informaciones veraces. Todos los hechos les apuntan; a él y a Zapatero, por supuesto.

Pero en este país no dimite nadie. Aunque haya escándalos que en otros sitios les llevarían a dar con los huesos en la cárcel, aquí algunos políticos siguen en el poder.

La justicia, si de verdad existiera una democracia y un Estado de derecho, no estaría – como está – intervenida. No tenemos una verdadera separación de poderes. Los políticos de ahora se han pasado a Montesquieu por el arco del triunfo y nos encontramos con un Fiscal general del Estado que no es más que un pobre lacayo del gobierno, que solo actúa bajo su dictado y que estuvo al corriente de todos los detalles sórdidos de aquel mal llamado proceso de paz. Han conseguido también mayorías en el Consejo general del poder Judicial y en altos Tribunales que,a la postre van a agotar instancias y a resolver recursos sobre casos en los que ellos mismos pueden (y van a) estar implicados.

A todos aquellos que han sido molestos y no han pasado por el aro, les han laminado: Fungairiño, Grande Marlaska etc.

¿Quién es el estúpido que cree hoy en esta justicia?

De verdad que no estamos en una democracia. Nos hemos alejado de los cánones y tenemos mucho que envidiar a otros países europeos. Después de estas dos legislaturas socialistas se han manoseado demasiado las instituciones y se les ha hecho perder la respetabilidad. El ciudadano ya no cree en la justicia, como tampoco cree en el Ejecutivo, ni en los representantes parlamentarios, todos ellos – pobres diablos – huérfanos de criterio y de independencia.

Rubalcaba y sus secuaces son conscientes de hasta dónde alcanza el brazo de su poder y de que no les van a detener porque controlan los últimos resortes que tendría el Estado para defenderse de ellos. Esos zorros están guardando el gallinero sin que nadie lo impida (quizás solo algunos medios de prensa a los que acallarían si pudieran).

Gracias a Dios que estamos en Europa. Ese mero hecho es una garantía de que esta pesadilla pasará algún día. El estar en Europa impide que controlen y amordacen a la ciudadanía como quisieran porque cantaría demasiado y se perdería mucho con nuestra salida de la Unión si en algún momento detectaran nuestros socios que España no es un país democrático.

Yo creo que ya no lo somos del todo por las razones antedichas. La ausencia de una verdadera separación de poderes ya impide considerar a nuestro sistema en puridad como democrático. Peo cierto es que podríamos estar peor. Si no estuviéramos en Europa, estos socialistas de ahora nos llevarían a un modelo bananero en el más puro estilo venezolano o cubano.

El tener a Rubalcaba en Interior me hace temer que las próximas elecciones no las vaya a ganar el PP. Su mera presencia indica que algo puede suceder: Puede haber un apaño electoral… puede haber un atentado oportuno… ¿quién sabe?

21 de marzo de 2011

Tiempos de desastres

Hace poco más de una semana, toda la costa este de Japón se estremeció como nunca antes y, con ella, el mundo entero. Un violentísimo terremoto sacudió el país y provocó después un tsunami que barrió la costa. Pudimos ver un desastre de dimensiones incalculables con casas y poblaciones enteras borradas del mapa y grandes barcos varados como ballenas tierra adentro sobre los escombros. Después de las primeras horas del desastre se cernió otra amenaza sobre la desgraciada población: Comenzaron a explotar los reactores nucleares de la Central de Fukujima que había sido seriamente afectada por el tsunami. El periodismo sensacionalista y pseudo científico se puso rápidamente en marcha y consiguió angustiarnos con el seguimiento de la crisis. Todo eran noticias malas. La situación estaba fuera de control y yo empezaba a temerme que la nube radiactiva empezara a extenderse por todo el mundo. Me acordé de la película “La Hora final” de Stanley Kramer, en la que los tripulantes de un submarino estadounidense descubren que toda una parte del mundo está muerta por un envenenamiento nuclear de la atmósfera y el resto del mundo tiene las horas contadas.

El desastre no ha podido ser mayor y le llega, además, al impresionable pueblo del mundo occidental en un mal momento, en el que se respira crisis por todos los lados. En pocos días nos hemos visto acorralados por los miedos de la civilización acomodada. El miedo a la escasez de recursos energéticos, el miedo al fundamentalismo, el miedo al desastre nuclear… Lo tenemos todo y no sabemos vivir en paz.

Reconozco que estoy superado y avasallado por tanta mala noticia, pero debo reservar un hueco para sentirme solidario con aquellos que han sido de verdad tocados por la desgracia. Todos esos japoneses que no solo han perdido su casa y sus seres queridos, sino que viven con la angustia de haber resultado contaminados por isótopos radiactivos. La crueldad de los elementos es a veces excesiva.

No dudo de que los japoneses saldrán adelante. Es un pueblo peculiar: Sufrido y disciplinado, demasiado introspectivo. Creo que sabrán trabajar para reconstruir su país, pero les costará. Pero para ayudarles debería haber un gran movimiento mundial de solidaridad con Japón, igual que lo hubo con Haití. No por ser un país desarrollado han sufrido menos.

Unos de los efectos del grave accidente nuclear de Fukujima, en el que está seriamente afectados cuatro de los seis reactores, ha sido el miedo de toda la comunidad internacional a esta fuente de energía. Otra vez se cierne sobre ella el rechazo de los verdes, que apuestan por energías renovables y no contaminantes. Ha constituido la excusa perfecta para que se renueve con brío el movimiento antinuclear.

17 de marzo de 2011

Los Goya 2011

La verdad es que de cine español entiendo poco. No me siento una opinión autorizada para criticar los defectos o ensalzar las cualidades de aquello que no veo. Me detendría más bien a analizar por qué muchos nos quedamos en ese paso previo al conocimiento. Por qué no vamos a ver cine español. Quizás, si lo hiciéramos llegaríamos incluso a disfrutar y valoraríamos más positivamente el esfuerzo creativo de los realizadores y actores.

Alguien podría decirnos: “Tú te lo pierdes”. Y, en efecto, el privarse de una experiencia cultural solamente sirve para empobrecer a la persona. O mejor dicho: para impedirle que se enriquezca con algo que a la postre siempre es una aportación.


Pero la cuestión clave es que la vida está repleta de estímulos y el tiempo es escaso. Las ofertas deben competir unas con otras para conseguir atraernos y sacarnos de casa, donde estamos muy a gusto y gastamos menos, lo que siempre viene bien en estos tiempos de crisis. Y el cine español no compite porque está subvencionado y porque no se hace pensando en agradar al público, sino en satisfacer al autor.


La película más premiada en la última edición de los PREMIOS GOYA que se celebró ayer, adolece de ese defecto. Su director ya lo anuncia: “Mi película no está hecha para agradar”. Parece que quiere decir que está hecha para sacudir conciencias, para transformar el mundo, para trascender la inanidad de nuestras vidas, para esquivar la vulgaridad… Demasiado para una modesta película.


Lo natural es que la gente no vaya a verla. Y así ha sucedido. Para colmo está en catalán. Eso no es problema si permiten que sea doblada al castellano, pero si imponen la V.O. será otro factor más para que la mayoría de los que hablamos castellano no queramos saber nada de esta cinta.
Parece que la actitud de los cineastas españoles pasa por alto la obligada sintonía que deberían tener con el público. No sé hasta qué punto esta actitud es real, porque en el fondo pienso que les gustaría mucho agradar y, al ser consientes de que no lo logran, la soberbia les impele a afirmar que no buscan tal agrado. Esa soberbia es la que les conduce a despreciar y llamar imbéciles a la mitad de los españoles y luego no se explican cómo es que pierden tanta clientela.


Se creen que se debe únicamente a la piratería y no es cierto: A la gente le gusta ir a las salas de cine: De hecho acudimos con avidez a ver muchas películas americanas, con nuestros hijos y alguna que otra española, si se preocupa de verdad de entretenernos.


Por lo tanto hay dos factores fundamentales en el fondo del desastre que hoy constituye el cine español:


• La pátina de intelectualidad y la utilización panfletaria de las películas buscando el adoctrinamiento de la gente o el revisionismo histórico (que claramente rechaza el público).

• La pérdida de neutralidad de los autores y su identificación con la izquierda gobernante que les subvenciona (que rechaza prácticamente media España).


Ambos factores han estado presentes en las últimas ediciones de los PREMIOS GOYA. Y la última entrega no ha sido menos. Ahí teníamos una nutrida representación política. Con la asistencia de los ministros de Industria, Hacienda, Sanidad y Cultura, todos ellos figurando públicamente antes y después de la ceremonia y telegrafiando a la opinión pública qué es lo que hay detrás de esta gala.

Sinceramente creo que esto perjudica muy severamente al cine español que, por la torpeza militante de un colectivo de actores y realizadores, se ha buscado un compañero incómodo de viaje que no va a soltar fácilmente su presa. Se han visto subvencionados y tienen que pagar su precio ideológico perdiendo su independencia, aunque a muchos de ellos les importa bien poco, porque están consiguiendo realizar “obras” que el mercado rechazaría de plano

Dice que los premios son algo objetivo, los conceden personas. Por lo tanto nada más subjetivo. Dicen que le ha ganado la partida al poder... ¿A qué poder? Es el poder quien estaba presente en la ceremonia y quien dio la espalda a De la Iglesia por anunciar su dimisión. Es el poder, representado en la ministra de cultura quien, cínicamente, dijo que "lo único que sentía era que Alex no se hubiera llevado más premios". ¡Qué pérfida y retorcida es esta señora! Es el poder quien está teniendo en todos los ámbitos concesiones continuas con los catalanes; en este caso con la cultura catalana a los que muestran la otra mejilla: Ellos amordazan la lengua española incumpliendo sentencias del Supremo y del Constitucional y nosotros premiamos una película en su lengua ¿No será que dependemos de sus votos? Lo peor de todo esto es que siempre sobrevolará la sombra de la duda sobre el cine. Se perdió la independencia de criterio, esencial en la expresión artística, al paniaguarse unos cuantos cretinos que ingenuamente cayeron en las redes del de la ceja. Y a partir de ahí, en caída libre. Le quieren culpar a la piratería pero hay otras razones muy poderosas, que Alex de la Iglesia ya ha vislumbrado.

8 de marzo de 2011

Los 110 por hora y su justificación

A veces me parece que estos que nos gobiernan lo que quieren es el hundimiento definitivo de la sociedad. Lo poco que queda de pujante después de la crisis quieren también hundirlo. Que me digan por qué es necesaria ahora la retahíla de medidas ahorradoras. Hay varias explicaciones posibles:

Una puede ser que quieren que tengan menos impacto todos los recortes que nos han impuesto porque si se detraen rentas del consumo del ciudadano medio, éste se dará menos cuenta de lo que le están quitando y además reservará más dinero para sus obligaciones fiscales y con los bancos.

Debido a una mala gestión de los recursos energéticos no hay garantía de abastecimiento a corto plazo, agravada por la crisis en los países del Magreb (gas argelino y petróleo libio, fundamentalmente).

Otra perspectiva del análisis es que nadie quiere renunciar a un pingüe beneficio: Tanto el Estado como las empresas de Hidrocarburos tienen un porcentaje fijo de beneficios sobre el barril de crudo comprado a los países productores. Si, como consecuencia del aumento de precio en origen, ese margen se redujera, se conseguiría no repercutir sobre el bolsillo del ciudadano la crisis. Naturalmente las petroleras y el propio Estado recaudarían menos. Para el Estado de hecho la bajada de recaudación le supondría un aumento del déficit y es contra ese déficit contra lo que se pretende luchar. Por eso prefieren mantener el margen y repercutir la subida en el precio final.

En España, el precio de la gasolina ya estaba de por sí muy elevado y ahora la ciudadanía toleraría muy difícilmente una nueva subida. Después de la gran subida de 2008, cuando la situación con los países productores mejoró, el gobierno debió reducir el precio de la gasolina (el barril de crudo Brent había bajado de los 110 dólares a los 60, pero ello no tuvo ningún impacto en el bolsillo de los españoles, porque el Estado y las petroleras se apropiaron de la diferencia. Es decir, la crisis energética debida a la situación política de los países productores, les ha pillado con el paso cambiado y sin margen para repercutir en un precio ya inflado los efectos de la crisis.
Pero es que esta crisis, además, era previsible. Hay una excesiva dependencia del petróleo y del gas exterior, que no se puede evitar porque no somos productores. Cualquier alteración de la situación geopolítica en torno a los países productores, se sabe que ha de tener unos efectos colaterales adversos. Por si fuera poco también tenemos la misma dependencia en materia de energía eléctrica porque carecemos de las infraestructuras necesarias para la producción de la energía hidroeléctrica y atómica. Eso sí que era evitable y hemos perdido un tiempo precioso, coqueteando con el ecologismo y con las energías renovables que hoy por hoy están inmaduras y permitiendo la entrada de capital extranjero en un sector estratégico como es la energía, cosa que por ejemplo Francia, pese a ser país comunitario, no ha permitido. (recordemos que Zapatero llegó a viajar a Italia para acordar con Prodi el desembarco de Enel en Endesa, cuando esta empresa española del sector ya había sido puesta en situación de debilidad como consecuencia de una OPA hostil de Gas Natural impulsada por el entonces Ministro de Industria Montilla). Habría mucho que contar aquí y falta espacio. Se me antoja que, a pesar de la rima, “Progresía” y “Energía” son dos conceptos que casan mal. De hecho la progresía tiene parte de culpa de que hoy nos encontremos en esta situación.

Lo que está fuera de duda es que al final el pagano, como siempre, es el ciudadano. Sea por la mala gestión, sea por la escasez, o por ambas cosas, la energía derivada del petróleo va a ser más cara. La factura energética va a ser superior. Pero al fin y al cabo, si la pagan los ciudadanos ¿Por qué se restringe su consumo? Aquel que tenga un bolsillo que se lo siga permitiendo podría seguir consumiendo (de hecho el consumo de energía está objetivamente ligado al desarrollo económico). ¿Por qué no se le permite? ¿Por qué ese intervencionismo dirigido al ahorro forzoso de todos?

La prohibición de circular a más de 110 kilómetros por hora no es lo único que desincentiva hoy al comprador de coches: Viene a añadirse a la subida de impuestos y a la eliminación de la pequeña ayuda temporal que hubo en el sector. De este sector vive mucha gente que tiene hoy un motivo más para verse abocada al paro y a la falta de esperanza.

Y el caso es que yo, por más vueltas que le doy no le acabo de ver ninguna utilidad a la medida.
Hay un coche eléctrico desarrollándose más o menos en todas las marcas, que no acaba de cuajar y que es el reto del ministro de industria, el iluminado Sebastián. Ese coche tendrá velocidades y prestaciones inferiores a los actuales de gasolina y posiblemente quieren que nos acostumbremos a la fuerza a él. Da igual que tengamos en el mercado estupendos y seguros vehículos en los vas a 140 en una autopista y parece que estás parado. Da igual que en uso de nuestra libertad individual queramos distinguirnos y enorgullecernos legítimamente de tener un buen vehículo. Quieren dirigirnos. Que vayamos en transporte público o en utilitario pisando huevos. Que nos adocenemos aun más.

Lo peor de todo es que no lo hacen por la vía de la persuasión. Si así fuera, el que se creyera la película les seguiría la corriente. Pero en general la gente no es tonta y no admite las ideologías estúpidas si no es por la vía de la imposición. Es lo normal. Es lo que siempre ha pasado con los socialismos que, aunque disimulen y se vistan con piel de cordero, no pueden disimular su autoritarismo y su falta de respeto por el individuo.

La persuasión en este caso no existe. En las pantallas luminosas de la carretera se lee estos días el mensaje “pedimos su colaboración”, lo que constituye una tomadura de pelo y un recochineo indigno del Ministerio del Interior. Porque lo cierto es que no piden nada: Lo exigen por decreto e imponen multas por su incumplimiento.

A propósito de las multas hay que decir que están contempladas en la Ley de Seguridad Vial y su fundamento es precisamente ése: La seguridad vial y no el ahorro energético. Si las cosas se hicieran bien, el legislador habría previsto un tipo de ilícito propio por ejemplo por derroche energético que llevara aparejada su sanción independiente, cuando se excediera la velocidad de 110 Km/hora. Pero no ha sido así. El nuevo límite de velocidad ha pasado a incorporarse en la seguridad vial y tienen repercusiones en las multas por exceso de velocidad. Por ejemplo: Si la franja de sanción de 100 euros antes afectaba a los excesos entre 120 y 140 Km/hora, ahora nos encontramos con que esa sanción se impone entre los 110 y los 130. Y entre 130 y 140, ya recae una nueva sanción de 300 euros (la que antes se imponía a partir de los 140. Es decir: la inclusión de esta nueva limitación ha desplazado a la baja todos los excesos de velocidad que se basaban en la seguridad vial y ha elevado en la práctica las sanciones.

Hay motivos sin duda para la indignación. Pero naturalmente se indignarán más aquellos que valoren en algo su libertad y su inteligencia. Otros muchos preferirán adocenarse y seguir a pies juntillas a estos gurús del ahorro que luego vuelan en jet privado.