Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

8 de marzo de 2011

Los 110 por hora y su justificación

A veces me parece que estos que nos gobiernan lo que quieren es el hundimiento definitivo de la sociedad. Lo poco que queda de pujante después de la crisis quieren también hundirlo. Que me digan por qué es necesaria ahora la retahíla de medidas ahorradoras. Hay varias explicaciones posibles:

Una puede ser que quieren que tengan menos impacto todos los recortes que nos han impuesto porque si se detraen rentas del consumo del ciudadano medio, éste se dará menos cuenta de lo que le están quitando y además reservará más dinero para sus obligaciones fiscales y con los bancos.

Debido a una mala gestión de los recursos energéticos no hay garantía de abastecimiento a corto plazo, agravada por la crisis en los países del Magreb (gas argelino y petróleo libio, fundamentalmente).

Otra perspectiva del análisis es que nadie quiere renunciar a un pingüe beneficio: Tanto el Estado como las empresas de Hidrocarburos tienen un porcentaje fijo de beneficios sobre el barril de crudo comprado a los países productores. Si, como consecuencia del aumento de precio en origen, ese margen se redujera, se conseguiría no repercutir sobre el bolsillo del ciudadano la crisis. Naturalmente las petroleras y el propio Estado recaudarían menos. Para el Estado de hecho la bajada de recaudación le supondría un aumento del déficit y es contra ese déficit contra lo que se pretende luchar. Por eso prefieren mantener el margen y repercutir la subida en el precio final.

En España, el precio de la gasolina ya estaba de por sí muy elevado y ahora la ciudadanía toleraría muy difícilmente una nueva subida. Después de la gran subida de 2008, cuando la situación con los países productores mejoró, el gobierno debió reducir el precio de la gasolina (el barril de crudo Brent había bajado de los 110 dólares a los 60, pero ello no tuvo ningún impacto en el bolsillo de los españoles, porque el Estado y las petroleras se apropiaron de la diferencia. Es decir, la crisis energética debida a la situación política de los países productores, les ha pillado con el paso cambiado y sin margen para repercutir en un precio ya inflado los efectos de la crisis.
Pero es que esta crisis, además, era previsible. Hay una excesiva dependencia del petróleo y del gas exterior, que no se puede evitar porque no somos productores. Cualquier alteración de la situación geopolítica en torno a los países productores, se sabe que ha de tener unos efectos colaterales adversos. Por si fuera poco también tenemos la misma dependencia en materia de energía eléctrica porque carecemos de las infraestructuras necesarias para la producción de la energía hidroeléctrica y atómica. Eso sí que era evitable y hemos perdido un tiempo precioso, coqueteando con el ecologismo y con las energías renovables que hoy por hoy están inmaduras y permitiendo la entrada de capital extranjero en un sector estratégico como es la energía, cosa que por ejemplo Francia, pese a ser país comunitario, no ha permitido. (recordemos que Zapatero llegó a viajar a Italia para acordar con Prodi el desembarco de Enel en Endesa, cuando esta empresa española del sector ya había sido puesta en situación de debilidad como consecuencia de una OPA hostil de Gas Natural impulsada por el entonces Ministro de Industria Montilla). Habría mucho que contar aquí y falta espacio. Se me antoja que, a pesar de la rima, “Progresía” y “Energía” son dos conceptos que casan mal. De hecho la progresía tiene parte de culpa de que hoy nos encontremos en esta situación.

Lo que está fuera de duda es que al final el pagano, como siempre, es el ciudadano. Sea por la mala gestión, sea por la escasez, o por ambas cosas, la energía derivada del petróleo va a ser más cara. La factura energética va a ser superior. Pero al fin y al cabo, si la pagan los ciudadanos ¿Por qué se restringe su consumo? Aquel que tenga un bolsillo que se lo siga permitiendo podría seguir consumiendo (de hecho el consumo de energía está objetivamente ligado al desarrollo económico). ¿Por qué no se le permite? ¿Por qué ese intervencionismo dirigido al ahorro forzoso de todos?

La prohibición de circular a más de 110 kilómetros por hora no es lo único que desincentiva hoy al comprador de coches: Viene a añadirse a la subida de impuestos y a la eliminación de la pequeña ayuda temporal que hubo en el sector. De este sector vive mucha gente que tiene hoy un motivo más para verse abocada al paro y a la falta de esperanza.

Y el caso es que yo, por más vueltas que le doy no le acabo de ver ninguna utilidad a la medida.
Hay un coche eléctrico desarrollándose más o menos en todas las marcas, que no acaba de cuajar y que es el reto del ministro de industria, el iluminado Sebastián. Ese coche tendrá velocidades y prestaciones inferiores a los actuales de gasolina y posiblemente quieren que nos acostumbremos a la fuerza a él. Da igual que tengamos en el mercado estupendos y seguros vehículos en los vas a 140 en una autopista y parece que estás parado. Da igual que en uso de nuestra libertad individual queramos distinguirnos y enorgullecernos legítimamente de tener un buen vehículo. Quieren dirigirnos. Que vayamos en transporte público o en utilitario pisando huevos. Que nos adocenemos aun más.

Lo peor de todo es que no lo hacen por la vía de la persuasión. Si así fuera, el que se creyera la película les seguiría la corriente. Pero en general la gente no es tonta y no admite las ideologías estúpidas si no es por la vía de la imposición. Es lo normal. Es lo que siempre ha pasado con los socialismos que, aunque disimulen y se vistan con piel de cordero, no pueden disimular su autoritarismo y su falta de respeto por el individuo.

La persuasión en este caso no existe. En las pantallas luminosas de la carretera se lee estos días el mensaje “pedimos su colaboración”, lo que constituye una tomadura de pelo y un recochineo indigno del Ministerio del Interior. Porque lo cierto es que no piden nada: Lo exigen por decreto e imponen multas por su incumplimiento.

A propósito de las multas hay que decir que están contempladas en la Ley de Seguridad Vial y su fundamento es precisamente ése: La seguridad vial y no el ahorro energético. Si las cosas se hicieran bien, el legislador habría previsto un tipo de ilícito propio por ejemplo por derroche energético que llevara aparejada su sanción independiente, cuando se excediera la velocidad de 110 Km/hora. Pero no ha sido así. El nuevo límite de velocidad ha pasado a incorporarse en la seguridad vial y tienen repercusiones en las multas por exceso de velocidad. Por ejemplo: Si la franja de sanción de 100 euros antes afectaba a los excesos entre 120 y 140 Km/hora, ahora nos encontramos con que esa sanción se impone entre los 110 y los 130. Y entre 130 y 140, ya recae una nueva sanción de 300 euros (la que antes se imponía a partir de los 140. Es decir: la inclusión de esta nueva limitación ha desplazado a la baja todos los excesos de velocidad que se basaban en la seguridad vial y ha elevado en la práctica las sanciones.

Hay motivos sin duda para la indignación. Pero naturalmente se indignarán más aquellos que valoren en algo su libertad y su inteligencia. Otros muchos preferirán adocenarse y seguir a pies juntillas a estos gurús del ahorro que luego vuelan en jet privado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario