¿Qué decir sobre el esperpento de la ópera Carmen estrenada en París estos días?
Que la ha hecho, aunque parezca mentira, un español del que solo se puede sentir vergüenza.
Nacido en Miranda de Ebro y seguramente criado en el rencor de la educación separatista, Calixto Bieito parece que centra demasiado sus esfuerzos en impactar a la opinión pública (más que en hacer bien las cosas).
Por desgracia hay demasiado provocador en el mundo del arte, pero lo de este gilipollas es ya un caso preocupante. No se entiende que le compren un espectáculo ofensivo de esta naturaleza en la Opera de París, aunque es verdad que ya tiene antecedentes de montajes zafios y provocadores.
No sería ninguna tontería plantearse una presión diplomática para forzar la cancelación del espectáculo y la pérdida de la inversión hecha en el mismo. De este modo miserables como éste constituirían un riesgo económico para los productores quienes se lo pensarían dos veces antes de invertir en caprichos y veleidades repletos de mala hostia y rencor.
¿Estaríamos entonces coartando la libertad de expresión? Probablemente: pero entiendo que ésta libertad no alcanza hasta denostar de esta manera tan zafia y gratuita los símbolos de un país en el terreno de otro. Y que además el atentado incrementa su gravedad porque no lo hace un extranjero sino un español. (Seguramente hay que incorporar a este imbécil al grupo de los denostadores como el cineasta del ojo perdido.
Solamente unos bajos sentimientos pueden proporcionar una explicación al espectáculo grotesco e insano que nos propone este idiota con su adaptación de Carmen.
Una cosa está clara: Los malos artistas siempre han recurrido a la provocación para conseguir popularidad.
