Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

28 de julio de 2019

La encrucijada de Sánchez


Unidas Podemos confía en el último round, que llegará en septiembre. Saben que sin ellos Sánchez no puede aspirar a ser investido y esperan pacientemente. Pablo Iglesias ya ha resucitado en un par de ocasiones y su lucha ahora está encaminada a evitar imperiosamente el ser fagocitado por la izquierda del PSOE.
Sánchez, por su parte solo podrá moderar su discurso cuando consiga hacer desaparecer a PODEMOS. Para competir contra este partido en intención de voto debe mantenerse en la radicalidad. Ahora está bloqueado y preso de una trampa que espera sortear en septiembre cuando, ante la amenaza de unas nuevas elecciones confía en que Iglesias ceda terreno.
La cuestión es que en septiembre unas nuevas elecciones pueden ser desaconsejables no solo para PODEMOS, sino también para el PSOE, por lo tanto la postura negociadora de fuerza que esperaba tener Sánchez puede que no sea tal, y al final de todo quede consolidada la fractura de la izquierda.
La cuestión es: ¿Cuál será el paso o el ofrecimiento de Sánchez en Septiembre? Hoy está diciendo la pazguata de Calvo que con UNIDAS PODEMOS han roto todas las negociaciones, pero es puro postureo. Lo intentarán otra vez, porque la alternativa será la abstención del PP condicionada (es de suponer) al abandono absoluto del separatismo y a ciertas medidas económicas que maticen la socialdemocracia y la hagan algo más moderada frente a las aspiraciones podemitas.
Naturalmente esta abstención será un dardo envenenado y el peligro – que Sánchez no vería – probablemente sea detectado por el radar del gurú Iván Redondo. Si Sánchez hace la concesión, comunistas y separatistas se lo recordarán continuamente durante la legislatura, que no llegará a buen puerto, seguramente. Si no la hace, se verá obligado a destruir el país que gobierna, a probando medidas económicas inviables que lo llevarán a la crisis de nuevo e indultando a los golpistas lo que le granjeará el desprecio de la mayor parte de España.
Ni la izquierda de hoy es tan moldeable como en el 36, ni el golpe de Puigdemont es como la revolución del 34.