Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

28 de enero de 2009

Los Grafittis... ¿cultura?


He visto hoy un programa de televisión que me ha indignado. Era - ¡como, no! – de TVE, actualmente, como todos sabemos en manos de la progresía gubernamental. El documental, giraba en torno a la vida de los graffiteros. En él podíamos ver cómo el tono del reportaje resultaba inusualmente comprensivo hacia esta actividad tan incívica como costosa para la ciudadanía. Se aludía al Ayuntamiento de Leganés, desde donde se destinaban recursos para fomentar esta actividad, con el matiz de que se hiciera legalmente en sitios habilitados para ello. Pero luego puede observarse en el reportaje como para muchos de estos chavales, el principal interés de este sucio hobby es precisamente la provocación y la alegalidad.

Uno de los chavales, con una empanada mental nada desdeñable, decía que él prefería hacer garaffitis en lugares prohibidos para “tocar un poco los huevos”, que eso es precisamente lo divertido. Otro decía que su mayor placer era ver su obra cuando iba en coche con sus padres por la calle. Para todos el mayor valor de los graffitis era en los lugares de riesgo (es decir: no permitidos).

Para mí son sencillamente, similares a perros meando para marcar su territorio. Sin discutir el posible talento artístico de algunos de ellos (que más valdría que plasmaran en lugares más apropiados y menos efímeros) la gran mayoría de los grafittis lo único que hacen es incrementar la sensación de basura.

Hay quien piensa que tienen naturaleza reivindicativa y contracultural. Puede que tengan parte de razón. Un graffiti, es como decir “aquí estoy yo aunque te joda y si me borras, volveré a estar (con mayor deleite porque ya he visto que no te provoco indiferencia)”. Es la afirmación de la inmadurez y la reivindicación de la nadería. Solemos estar ante chavales, casi adolescentes que no han demostrado nada en la vida todavía. Que quieren ya expresarse de una forma provocadora, entrando en colisión con los mayores (los propietarios de los locales cuyas paredes hay que limpiar y los organismos e instituciones de los que depende todo el mobiliario urbano manchado). Quieren deliberadamente chocar con lo que ellos serán y defenderán. Y hay quien ve cierta rebeldía propia de la juventud y merecedora de cierta comprensión y simpatía.

Para mí son personas incívicas que en el mejor de los casos no piensan en el daño que causan. Y otras veces buscan deliberadamente causarlo para obtener un inexplicable e insano placer.

¿Qué puede pensar alguien que vea estampado un garabato en una pared o valla de su propiedad? Le tocará pagar a alguien para que proceda a la limpieza de esos estúpidos trazos, o hacerlo él mismo, gastando tiempo y energías.
Lo más preocupante es que la progresía socialista prefiere antes tomar partido por estos chavales que por sus víctimas. No en vano son incipientes voluntades captables para engrosar su caladero de votos.

16 de enero de 2009

El libre pensamiento se ha acabado.
Una de las cosas que más me fastidia del gobierno de Zapatero, es que obliga al ciudadano a perder neutralidad y definirse en todos los temas de la vida cotidiana, de una manera casi beligerante. Todo está politizado o ideologizado: La historia reciente, la justicia, los maltratos domésticos, y ahora Palestina.

Yo quisiera en ese tema mantenerme neutral porque es un conflicto enquistado y además ajeno a nosotros. Soy capaz de ver las injusticias cometidas por ambas partes. Quizá – puedo admitir – la agresión sea mayor incluso por parte de los judíos. Pero me niego a seguir las pautas marcadas por la izquierda española, ahora dominante. Pretenden desviarnos de nuestra realidad interna para que focalicemos nuestra indignación en el exterior

14 de enero de 2009

¡Pobre pueblo palestino!



Siempre pierden los mismos. Los civiles con ansia de paz, de trabajo y bienestar. Esas aspiraciones tan normales, en determinadas sociedades quedan subordinadas a otras más básicas como salvar la vida o comer algo. Imagino que habrá muchos hombres y mujeres en Gaza que no quieran otra cosa que vivir en paz y se encuentran, en cambio, con un infierno de ruina y miedo. Esos palestinos, igual que la gente oprimida en todo el mundo, merecerían todo nuestro apoyo y solidaridad. Dice un proverbio africano que en una pelea de elefantes, la que sufre es la hierba; Muchos ciudadanos inocentes se ven, en efecto, en medio del choque entre dos tendencias fanáticas y belicosas: Por una parte los judíos obsesionados con la autodefensa y el dominio en la zona a sangre y fuego, pese a ser un pueblo minoritario metido con calzador en medio de una zona de musulmanes (o quizás , por eso). Y por la otra los fanáticos de Hamás, sostenidos por los peores regímenes fundamentalistas del mundo, ésos que tanto daño están haciendo sobre todo a su propia gente. Triste destino si uno es allí tan solo un profesional que quiera trabajar e intentar mejorar su nivel de vida. Mal sitio, si uno no desea ser fanático de ningún signo, aunque ya es difícil que por allí quede alguien en sus cabales. El fanatismo llama al fanatismo. El daño recibido incita a inflingirlo. Todo va a peor.

Los judíos deberían saber que utilizando la fuerza bruta como hacen, nunca conseguirán vivir en paz. Los palestinos deberían saber que no van a lograr nunca desalojar de estas tierras a los judíos. Y que su agresividad siempre va ser utilizada como excusa por los israelíes para mantener su línea dura de combate preventivo y tierra quemada.

Solo un movimiento pacífico de resistencia sostenido en el tiempo y desprovisto de fanatismo, conseguiría aunar las simpatías de todo el mundo en orden a la constitución de un Estado Palestino, que luego se iría poco a poco desembarazando de la influencia israelí. Pero la religión y el fundamentalismo lo contaminan todo allí y las alas moderadas no pueden sustraerse a la nefasta influencia de quienes quieren anteponer el odio a la racionalidad. Por eso la juventud sigue siendo carne para el matadero. Por eso hay tanto dolor y tanta sangre de familias modestas que no entienden de historia ni de análisis políticos.

Los judíos, por su parte, han pasado en la historia de ser cordero a ser lobo. Antaño víctimas de uno de los peores genocidios de la historia, hoy armados hasta los dientes, siempre en guardia, su mayor preocupación es lanzar a su alrededor un mensaje de inflexibilidad y de resistencia. La amenaza latente que siempre van a tener junto a ellos hace en parte comprensible esta actitud. Pero es un camino insostenible, que les deslegitima y suscita el odio de gran parte de la comunidad internacional, porque incurren en flagrantes injusticias. Su postura es complicada, de acuerdo. Pero ellos no se molestan en distinguir a fondo quienes son terroristas y quienes no. Sus métodos expeditivos, por muy defensivos que sean, bordean el terrorismo de estado y desde luego sitúan a un país, en principio democrático, en una posición muy difícil.
Se trata de un conflicto imposible. Muchos habremos muerto de viejos antes de que se haya encontrado la solución. Y la postura aconsejable para una democracia europea y occidental como la nuestra es cierta equidistancia o falta de pronunciamiento, haciendo gala de cierto pragmatismo que en el panorama internacional resulta bastante necesario. Pero eso es lo que haría un político responsable. Nosotros tenemos a ZP; siempre improvisando, siempre experimentando, jugando a tensar la cuerda, para luego tener que enmendar sus errores.

Parece que en las filas del PSOE gusta el populismo barato. Los titiriteros junto a algún miembro de segunda fila del gobierno han participado en manifestaciones de solidaridad con el pueblo palestino. La izquierda simpatiza con los palestinos imbuida de cierta rebeldía ante quienes tienen la fuerza militar e imbuida, también de un antiamericanismo, ya clásico entre ellos. Y el gobierno de ZP comete la torpeza de tomar públicamente partido por la causa palestina. ya en el 2006 cometió la torpeza de ponerse la Kufiya y luego pretendió intermediar en el conflicto. Como es natural el gobierno israelí le negó cualquier autoridad o protagonismo. Ahora está pasando igual. Moratinos intentando de forma patética mediar y llevándose las reconvenciones de los judíos, porque su presidente Zapatero ha tomado partido por los palestinos.