Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

6 de febrero de 2021

La verdadera naturaleza del PSOE

 

Dicen que ETA se ha acabado y es cierto; pero ha sido de una manera vergonzante. Un país digno y seguro de su propio destino debe luchar contra este tipo de organizaciones y vencerlas. España debió demostrar que ETA no tenía razón, y no lo ha hecho, porque BILDU está en el Parlamento español, condicionando al gobierno español y, lo peor de todo, gobierna en la comunidad vasca, contaminando irremediablemente la historia y la verdad y ofendiendo a quienes eran inocentes y sufrieron la garra del rencor y el fanatismo. Eguiguren negoció con los vascos – tal y como hoy reconoce abiertamente – por mandato de Zapatero buscando conseguir (sí) el fin del terrorismo de ETA, pero haciéndolo de una forma indigna y partidista, pensando más en los intereses del PSOE que de España, sacrificando a las víctimas para contentar a quienes debían abandonar las armas, practicando la equidistancia y engañando a la historia de una forma obscena y burda. La única razón era – ha sido siempre, desde la guerra civil e incluso desde antes – que la izquierda necesita imperiosamente y busca la alianza del nacionalismo separatista. 

Así sucede también en Cataluña. Y esa ha sido la explicación de la tibieza tradicional con los movimientos secesionistas (buscando con ellos siempre, a nivel central, una alianza frente populista para asegurarse el gobierno). 

El único paréntesis en el que el socialismo pudo permitirse cierta moderación y sentido de Estado y, al menos en apariencia, pensó algo más en el Estado español y sus necesidades, fue con motivo de su abrumadora victoria del 82 en plena transición, estando ya desgastado UCD y siendo todavía Alianza Popular un partido con tufo franquista y retrógrado, el PSOE era la gran alternativa, y aprovechó su oportunidad. Fue tal el dominio, que el socialismo reformista resultante de Suresnes se pudo permitir el lujo de meternos en la OTAN o acabar con sectores enteros de la economía nacional en un proceso de reconversión que supo vender como una necesidad nacional, pero pudo ser gestionado de otra manera mucho más digna para nuestro país. Y sucumbieron la pesca, la leche, los astilleros, los altos hornos, la minería del carbón, hasta el aceite se desmanteló en gran medida porque le interesaba a Europa. Es verdad que, a cambio entramos en Europa y nuestro país se modernizó pero pagamos un alto precio, y todos los trabajadores de esos sectores desmantelados fueron literalmente comprados y narcotizados con dinero de fondos europeos que el gobierno del PSOE supo capitalizar bien, como un logro. Ahí quedaron por muchos años los estómagos agradecidos de los mineros, los pescadores, los agricultores y los obreros que agradecían inocentemente al PSOE el poder prejubilarse, olvidando que la dignidad está en el trabajo.

Aquel PSOE de la transición – hoy casi añorado – al menos no era radical. No necesitaba serlo, porque el régimen anterior era rancio e indeseable y el liberalismo democrático era solo incipiente y no estaba organizado (en realidad no lo ha estado nunca en España, porque nunca ha pasado de ser una minoría).



Corriendo los tiempos, después del gobierno de Aznar, cuando iba a ganar holgadamente unas nuevas elecciones generales su sucesor, Mariano Rajoy, sucedió una de esas anomalías históricas que cambian gobiernos y llegó el PSOE de Zapatero. No se miente si se afirma que gracias al terrorismo llegó el PSOE y desde luego no fue casualidad la fecha del atentado, sobre el que habría que investigar y reflexionar mucho más. Lo natural es pensar que, si el atentado estaba orientado a cambiar al partido en el poder, para traeré a otro, ese otro puede estar implicado. Pero todo aquello se investigó mal, se escondieron los trenes, se inmolaron los presuntos autores con los pantalones puestos al revés y nunca más se supo. Del juez que dictó la sentencia del macro proceso (único magistrado condecorado y pensionado con una medalla) tampoco se supo nunca nada más. Aquel PSOE nacido de las cloacas ya nunca volvió a moderarse. En realidad abominó de su versión edulcorada y socialdemócrata de la transición y comenzó, un paso tras otro, a sembrar una interesada discordia muy rentable electoralmente. Es entonces cuando se volvió a olvidar a Besteiro y se redescubrieron figuras como Largo Caballero o Prieto y se empezó a cultivar el arte de la provocación a sectores completos de la sociedad bajo el pretexto de traer bajo el brazo el progreso democrático. Y se volvió a caer en el gran error: La alianza de la izquierda con el separatismo, que tomó forma con el pacto del Tinell y el abandono del pacto anti terrorista que tenían suscrito PSOE y PP.

La lucha contra los terroristas había llevado de hecho a treguas porque la ETA estaba de hecho derrotada y los vascos estaban hartos de violencia. El propio Aznar había llegado a negociar con ellos buscando la entrega de las armas. Fue entonces cuando utilizó la desafortunada expresión para calificar a los terroristas como “Movimiento de liberación vasco” que luego han repetido hasta la saciedad los socialistas para intentar demostrar que han sido todos iguales con la ETA.

La realidad es que fue un intento, entre dos o tres que hubo, que únicamente buscaba la entrega de las armas y naturalmente se negociaba con contrapartidas que podían ser excarcelaciones o acercamiento de presos, si había arrepentimiento (lo que no es criticable y siempre ha sucedido).

Zapatero inauguró una nueva vía cuyo hecho diferencial (que muchos no quieren ver) consistió en la negociación política y la equidistancia: Solamente por conseguir la finalización del terrorismo (y ser considerado como el hombre de paz, de aquí a la eternidad… quién sabe si pensaba también en el premio nóbel) incurrió en dos concesiones novedosas a los terroristas que ya no han apartado de la línea de actuación del PSOE: por un lado reconocer a los terroristas como interlocutores políticos para hablar con ellos de temas de fondo sobre la relación de Euskadi con el Estado español de una forma bilateral, como si se tratara de dos Estados y por otro lado practicar la equidistancia reconociendo a los vascos y por ende a los terroristas la condición de víctimas de no se sabe qué malos tratos, cuando en realidad han sido verdugos.

Esto no lo hizo nunca Aznar, y el matiz es importante. Como lo es también el contexto, que volvemos a recalcar: La necesidad de la izquierda de contar con el voto nacionalista.

Si nos trasladamos a Cataluña, sucede lo mismo. Zapatero rompió allí la baraja, llegando a traicionar a los propios catalanes. Les prometió (sin poder hacerlo) que España y su Parlamento aceptarían lo que los catalanes determinaran a través del suyo. Después de capitalizar convenientemente esa toma de postura lo cierto es que la aplicación inmediata del Estatut quedó en suspenso como consecuencia de un recurso de inconstitucionalidad que interpuso (no le quedó otro remedio) el PP y el Tribunal Constitucional con mayoría de magistrados favorables al PSOE, estuvo cuatro años sin dictar sentencia. El motivo estaba claro: La sentencia no iba a ser en su integridad, favorable a los catalanes, en el sentido de que alteraba muchos preceptos, justamente aquellos en los que el Estatut se situaba en una línea de soberanía y bilateralidad que chocaba con la Constitución Española de 1978 (por ejemplo la pretensión de crear una ley de planta judicial propia en la comunidad que pusiera fin a la vía jurisdiccional). La sentencia desfavorable a los intereses del PSOE salió en el momento oportuno: En junio de 2010, justamente un mes después de la dimisión de Zapatero.

2 de febrero de 2021

Iceta: El enemigo en casa

 



Le dicen desde el PNV a Iceta que su enemigo está en casa: Que existe entre la casta funcionarial una fuerza centralizadora y contraria al hecho diferencial, con la que se va a tener que enfrentar. Y no les falta razón, porque hoy por hoy los jueces y los técnicos de la Administración General del Estado son los únicos que pueden aportar un poco de cordura a la lamentable situación que tenemos, con el gasto estructural y en redes clientelares disparado. Ya no quedan transferencias por hacer a las autonomías sin renunciar a trozos de soberanía nacional, de la de verdad, de la española. Sin embargo dicen que hoy este político bailongo les ha hecho 100 concesiones a las dos comunidades históricas. Iceta es un burdo submarino, una concesión de Sánchez a sus chantajistas. Todo son coqueteos para recuperar al PSC y cuatro votos de mierda en Cataluña que resulten suficientes para descompensar el país.