Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

26 de octubre de 2014

Mónica Oriol

Mónica Oriol.Yo le diría a esta señora que la gente como ella es la que provoca que se radicalice la ideología de un gran número de ciudadanos que, desalentados y deprimidos se acaban echando en brazos de los líderes populistas de izquierdas. Sé que ella hace esto buscando nichos de negocio. El círculo de empresarios realmente no quiere que el Estado deje de gastar: Lo que quiere es que gasten en contratarles a ellos para todo. Buscan la adjudicación continua en obras, servicios y suministros. Sobre todo la externalización de servicios en todos los rincones y sectores de la administración. Buscan ser los mercenarios permanentes al servicio del político de turno, al que continuamente acechan para corromper su voluntad y captar negocios.

Yo siempre he defendido a la empresa privada como motor de la economía y la sociedad. Pero los círculos son algo distinto. El Círculo de empresarios no tiene nada que ver con los verdaderos pequeños y medianos empresarios. Es un foro de influencia y presión con un acceso inmerecido a los medios de comunicación y un desconocimiento profundo de algunos jardines en los que se meten. Su opinión nunca es gratuita ni neutral. Siempre buscan nichos de negocio para sus asociados, que son aquellos que les sostienen. Son consultores intermediarios cuyos informes son tan parciales y sesgados que no valen para nada. 

La Administración Pública Estatal lleva años congelando la oferta de empleo público y manteniendo los niveles de servicio, con una plantilla cada vez más envejecida y cansada. Para mucha gente hoy sigue siendo un privilegio ser un funcionario por la fijeza en el puesto de trabajo. Los sucesivos gobiernos se han creído y han aplicado las tesis privatistas de estos círculos de influencia y se han referido una y otra vez a la necesidad de contener salarios y reducir plantillas, todo ello justificado por una recurrida sostenibilidad presupuestaria. Sin embargo nadie habla de las adjudicaciones, negocios y contratos en los que se ha dilapidado el dinero público. Nadie quiere ni oir hablar de la pérdida de calidad en la atención al ciudadano al que vapuleamos con la tecnología y la administración "online" mucho más barata e injusta.