Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

3 de junio de 2023

Lecturas de las últimas elecciones: Castigo merecido a Irene Montero y Ángela Rodríguez Pam

La ministra de podemos, erigida en lideresa aprovechando el tirón de un ministerio, al que llegó por enchufe forzoso de su pareja, articulado a través del chantaje de PODEMOS a PSOE (aceptado gustosamente por “su sanchidad”), ha sido una de las víctimas propiciatorias de esta debacle. La izquierda de la izquierda, necesita recolocarse en la próxima cita electoral y no tiene casi tiempo para hacerlo de una manera organizada. En esta consecuencia, al menos, hay que reconocer el acierto del adelanto maquinado por Sánchez. 

Ahora los podemitas, círculos, mareas y demás paniaguados que quieren seguir apegados a los inmerecidos sillones del poder (si se atiende a su representación), quieren desmarcarse de la pestilente Irene Montero, artífice de la Ley del “solo sí es sí” y de Pam, la histriónica clown del partido. Sin duda está justificado que se vuelvan a su casa y dejen de jugar a este juego de la política en el que tantos destrozos han causado a la ciudadanía. De él sacan en limpio interesantes experiencias, respetos inmerecidos, propiedades fácilmente adquiridas y, en definitiva un salto cualitativo en sus vidas, para integrarse en la clase social que criticaban en sus comienzos. 

La ministra de podemos, erigida en lideresa aprovechando el tirón de un ministerio, al que llegó por enchufe forzoso de su pareja, articulado a través del chantaje de PODEMOS a PSOE (aceptado gustosamente por “su sanchidad”), ha sido una de las víctimas propiciatorias de esta debacle. La izquierda de la izquierda, necesita recolocarse en la próxima cita electoral y no tiene casi tiempo para hacerlo de una manera organizada. En esta consecuencia, al menos, hay que reconocer el acierto del adelanto maquinado por Sánchez. Ahora los podemitas, círculos, mareas y demás paniaguados que quieren seguir apegados a los inmerecidos sillones del poder (si se atiende a su representación), quieren desmarcarse de la pestilente Irene Montero, artífice de la Ley del “solo sí es sí” y de Pam, la histriónica clown del partido. 

Sin duda está justificado que se vuelvan a su casa y dejen de jugar a este juego de la política en el que tantos destrozos han causado a la ciudadanía. De él sacan en limpio interesantes experiencias, respetos inmerecidos, propiedades fácilmente adquiridas y, en definitiva un salto cualitativo en sus vidas, para integrarse en la clase social que criticaban en sus comienzos. 

 No sé si Irene se creerá que va a pasar a la historia como una especie de Clara Campoamor que, desde el poder impulsó de verdad la igualdad. Sí que sé cómo debería pasar a la historia, si ésta no es manipulada: Como una ignorante y peligrosa iluminada que llegó al poder a través de un chantaje parlamentario impuesto por su pareja al presidente de gobierno, sin experiencia relevante alguna ni currículum que le avalara, que dispuso en tiempos de crisis de mucho presupuesto para cometer tropelías y errores diversos contra la mitad de la población, nada menos que todos los hombres. Es la culpable de haber pisoteado un principio constitucional, como es el de la igualdad entre todos los españoles de una manera zafia y patosa, utilizando para ello una ley que no hay por donde cogerla, en la que se destruye la presunción de inocencia y se reforma el código penal de forma tan torpe que se consigue beneficiar a los presuntos violadores aligerándoles las penas.

 No me da ninguna pena Irene, ni Pam, ni PODEMOS. Porque en realidad el castigo de la ciudadanía ha sido para todos estos partidos y confluencias; esta manera de ver la vida, como un experimento constante aderezado con presupuesto público que pagamos todos para beneficiar a minorías y sostener ocurrencias e ideas alocadas a las que llaman progreso. 

Por fortuna todavía queda clase media en este país, que tiene noción de lo que es el esfuerzo y lo que cuesta ganar el dinero y producir para que luego los poderes públicos te esquilmen con el pretexto de hacer una sociedad mejor. Quizás la sociedad haya comprendido que el progreso no está reñido con la conservación de las costumbres mayoritarias de los ciudadanos, que la sociedad tiene unos ritmos en los que de forma natural va asumiendo todos los cambios y los va filtrando de forma natural y democrática a través de mecanismos de ensayo y error. 

PODEMOS ha sido un gran error y su descalabro debería servir como lección, porque todos tenemos un fondo de sentido común, un atisbo de liberalismo y respeto por las personas y sus libertades individuales: La vida, sesgada estúpida e injustamente por los etarras durante tantos años, la propiedad privada, el derecho a educar a tus hijos, el derecho a utilizar tu idioma en cualquier rincón de la geografía nacional, el derecho a circular con un buen vehículo sin que te masacren con sanciones o te criminalicen… el derecho – en fin – a no sentirte culpable por vivir, tener posesiones y procurar lo mejor para los tuyos. No han sabido darse cuenta de que la mayoría de la sociedad española aceptaría, porque ve justa, una social democracia moderada, igual que respeta de una forma sana y natural a las minorías étnicas, a la comunidad LGTBI, a las mujeres, a los animales etc. Somos de los países más tolerantes del mundo y ya lo éramos antes de la llegada de Zapatero, el 15 M y la culminación de los despropósitos que nos han llegado de la mano del sanchismo y de PODEMOS. Por eso la ideología comunista de PODEMOS y el bombardeo constante con ocurrencias woke de la progresía, resultan tan injustas e impopulares. 

 Ana Rosa Quintana ha definido muy bien a Irene Montero: Irrelevante, sencillamente no es necesaria para la sociedad. Solo perjudica. Su imprudencia y su ignorancia son tóxicas y cuestan mucho dinero y cuando la sociedad ha podido, lo ha expresado así.