Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

17 de marzo de 2011

Los Goya 2011

La verdad es que de cine español entiendo poco. No me siento una opinión autorizada para criticar los defectos o ensalzar las cualidades de aquello que no veo. Me detendría más bien a analizar por qué muchos nos quedamos en ese paso previo al conocimiento. Por qué no vamos a ver cine español. Quizás, si lo hiciéramos llegaríamos incluso a disfrutar y valoraríamos más positivamente el esfuerzo creativo de los realizadores y actores.

Alguien podría decirnos: “Tú te lo pierdes”. Y, en efecto, el privarse de una experiencia cultural solamente sirve para empobrecer a la persona. O mejor dicho: para impedirle que se enriquezca con algo que a la postre siempre es una aportación.


Pero la cuestión clave es que la vida está repleta de estímulos y el tiempo es escaso. Las ofertas deben competir unas con otras para conseguir atraernos y sacarnos de casa, donde estamos muy a gusto y gastamos menos, lo que siempre viene bien en estos tiempos de crisis. Y el cine español no compite porque está subvencionado y porque no se hace pensando en agradar al público, sino en satisfacer al autor.


La película más premiada en la última edición de los PREMIOS GOYA que se celebró ayer, adolece de ese defecto. Su director ya lo anuncia: “Mi película no está hecha para agradar”. Parece que quiere decir que está hecha para sacudir conciencias, para transformar el mundo, para trascender la inanidad de nuestras vidas, para esquivar la vulgaridad… Demasiado para una modesta película.


Lo natural es que la gente no vaya a verla. Y así ha sucedido. Para colmo está en catalán. Eso no es problema si permiten que sea doblada al castellano, pero si imponen la V.O. será otro factor más para que la mayoría de los que hablamos castellano no queramos saber nada de esta cinta.
Parece que la actitud de los cineastas españoles pasa por alto la obligada sintonía que deberían tener con el público. No sé hasta qué punto esta actitud es real, porque en el fondo pienso que les gustaría mucho agradar y, al ser consientes de que no lo logran, la soberbia les impele a afirmar que no buscan tal agrado. Esa soberbia es la que les conduce a despreciar y llamar imbéciles a la mitad de los españoles y luego no se explican cómo es que pierden tanta clientela.


Se creen que se debe únicamente a la piratería y no es cierto: A la gente le gusta ir a las salas de cine: De hecho acudimos con avidez a ver muchas películas americanas, con nuestros hijos y alguna que otra española, si se preocupa de verdad de entretenernos.


Por lo tanto hay dos factores fundamentales en el fondo del desastre que hoy constituye el cine español:


• La pátina de intelectualidad y la utilización panfletaria de las películas buscando el adoctrinamiento de la gente o el revisionismo histórico (que claramente rechaza el público).

• La pérdida de neutralidad de los autores y su identificación con la izquierda gobernante que les subvenciona (que rechaza prácticamente media España).


Ambos factores han estado presentes en las últimas ediciones de los PREMIOS GOYA. Y la última entrega no ha sido menos. Ahí teníamos una nutrida representación política. Con la asistencia de los ministros de Industria, Hacienda, Sanidad y Cultura, todos ellos figurando públicamente antes y después de la ceremonia y telegrafiando a la opinión pública qué es lo que hay detrás de esta gala.

Sinceramente creo que esto perjudica muy severamente al cine español que, por la torpeza militante de un colectivo de actores y realizadores, se ha buscado un compañero incómodo de viaje que no va a soltar fácilmente su presa. Se han visto subvencionados y tienen que pagar su precio ideológico perdiendo su independencia, aunque a muchos de ellos les importa bien poco, porque están consiguiendo realizar “obras” que el mercado rechazaría de plano

Dice que los premios son algo objetivo, los conceden personas. Por lo tanto nada más subjetivo. Dicen que le ha ganado la partida al poder... ¿A qué poder? Es el poder quien estaba presente en la ceremonia y quien dio la espalda a De la Iglesia por anunciar su dimisión. Es el poder, representado en la ministra de cultura quien, cínicamente, dijo que "lo único que sentía era que Alex no se hubiera llevado más premios". ¡Qué pérfida y retorcida es esta señora! Es el poder quien está teniendo en todos los ámbitos concesiones continuas con los catalanes; en este caso con la cultura catalana a los que muestran la otra mejilla: Ellos amordazan la lengua española incumpliendo sentencias del Supremo y del Constitucional y nosotros premiamos una película en su lengua ¿No será que dependemos de sus votos? Lo peor de todo esto es que siempre sobrevolará la sombra de la duda sobre el cine. Se perdió la independencia de criterio, esencial en la expresión artística, al paniaguarse unos cuantos cretinos que ingenuamente cayeron en las redes del de la ceja. Y a partir de ahí, en caída libre. Le quieren culpar a la piratería pero hay otras razones muy poderosas, que Alex de la Iglesia ya ha vislumbrado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario