¿Qué es lo que entiendo por
conciencia nacional? El sentido de pertenencia a una nación, como una supra
realidad que se impone a los avatares políticos de cada momento. Si todos nos
sintiéramos españoles de verdad y nos enorgulleciéramos de ello, habríamos
ganado ya una primera batalla.
Estudiando los tiempos de la
Segunda República y su posterior muerte, durante la Guerra Civil, me ha quedado
meridianamente claro el daño que hicieron las actitudes contemporizadoras y
débiles que tuvo el régimen republicano.
El Frente popular era un gigante
con pies de barro que terminó descomponiéndose sin dar tiempo a que el régimen
constitucional asimilara todas las fuerzas centrífugas que tiraban en distintas
direcciones.
Durante el llamado bienio negro,
época en la obtuvo la mayoría la coalición encabezada por la CEDA de Gil
Robles, los propios socialistas atentaron contra el orden constitucional,
auspiciando y participando directamente en el intento revolucionario de 1934,
que terminó siendo sofocado en Asturias. Otra muestra de deslealtad con el
Régimen fue el episodio del buque “Turquesa” o las frecuentes declaraciones de
contenido revolucionario de líderes como Largo caballero o Dolores Ibarruri.
Estando ya en el poder el frente
popular se dieron pasos para refrenar las tendencias revolucionarias,
contentando a CNT y FAI, pero a la postre no fue posible evitar la aparición
masiva de comités armados de sindicalistas que practicaron abiertamente la
“justicia popular” a través de tribunales populares, tan iletrados como
pendencieros. Sucedió ya empezada la guerra civil, y armados los sindicatos, en
contra del parecer de Casares Quiroga. También proliferaron los Consejos
regionales y milicias anarquistas y las colectivizaciones, constituyendo una
verdadera experiencia revolucionaria que no condujo a buen puerto. Resultó
incontrolable y fue progresivamente eliminada por la legalidad instituida de la
República a medida en que ésta fue recuperando el control después de los
primeros meses de la guerra.
Por otra parte, la República tuvo
que enfrentarse además con los intentos secesionistas de vascos y catalanes. En
1937, aprovechando que bajaba el río revuelto, Companys llegó a intentar la
constitución de un Estado independiente, que tuvo que ser reprimido por los
republicanos (españoles) en el poder, los vascos intentaron algo similar y,
casi al final de la guerra pretendieron una rendición separada y con
condiciones particulares que quisieron recoger en los acuerdos de Santoña. En relación a los nacionalistas no se encontró
precisamente con una lealtad sincera, siendo obvia la falta de solidaridad en
la lucha y problemas de toda la nación española. Nacionalistas vascos y
catalanes lucharon fundamentalmente por su territorio y por su sistema
autonómico que veían amenazado con las fuerzas de Franco. Es sabido que Negrín
se vio en la necesidad de forzar el traslado de divisiones completas integradas
por combatientes catalanes a otros frentes, por lo que podían suponer de
amenaza frente a la República en su propio territorio. También se ha constatado
que hubo intentos de la Generalitat de crear una Consejería de Defensa y unas
fuerzas armadas propias, lo que fue visto por la República española como una
amenaza, y naturalmente impedido.
Para terminar de empeorar las
cosas, el proyecto de la República – originariamente socialista – dio un vuelco
en la segunda fase de la guerra y entró de lleno en una órbita de control
estalinista que por sí solo amenazaba la
democracia. De este modo el comienzo de la guerra civil prácticamente supuso la
certificación de la muerte de una joven democracia ya que, de haber ganado la
República, ésta ya no sería la misma del comienzo sino que hubiera sido un
régimen totalitario y bolchevique mediatizado por la Unión Soviética. La causa
de esto fue la inoperancia de las potencias occidentales de la que se quejaron
amargamente los políticos republicanos y la obtención como único recurso del
indeseable contrapeso armamentístico de la Rusia de Stalin. La República de
Negrín se vendió al diablo, esperando ganar tiempo para que el conflicto
europeo y una guerra contra los fascismos (que ya se esperaba) implicara a
España y la situara en el bando de los aliados. Pero no fue así. No hubo tiempo
suficiente y al final llegó la dictadura de Franco. Esta fue una última
revolución interna dentro de la República por lo que suponía de giro hacia el
comunismo radical: ese comunismo que tenía desplegados comisarios en todos los
batallones y divisiones del bando republicano y que había fagocitado al POUM y
hecho desaparecer a su líder. El mismo comunismo que alineaba a los principales
líderes y mandos de los ejércitos (Líster, Modesto, El campesino etc.). Contra
él se enfrentó en los últimos días de la guerra, dentro de Madrid, un general
republicano: Segismundo Casado, que protagonizó la rendición al ejército de
Franco.
La visión moderada de la
república que muchos tenían, fue víctima de muchas amenazas internas. Casi el
enemigo más claro y frontal más leal al que tuvo que enfrentarse la República
fue a la derecha española.
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