Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

11 de abril de 2012

Nacionalismos y guerra civil: un poco de historia


¿Qué es lo que entiendo por conciencia nacional? El sentido de pertenencia a una nación, como una supra realidad que se impone a los avatares políticos de cada momento. Si todos nos sintiéramos españoles de verdad y nos enorgulleciéramos de ello, habríamos ganado ya una primera batalla.

Estudiando los tiempos de la Segunda República y su posterior muerte, durante la Guerra Civil, me ha quedado meridianamente claro el daño que hicieron las actitudes contemporizadoras y débiles que tuvo el régimen republicano.

El Frente popular era un gigante con pies de barro que terminó descomponiéndose sin dar tiempo a que el régimen constitucional asimilara todas las fuerzas centrífugas que tiraban en distintas direcciones.

Durante el llamado bienio negro, época en la obtuvo la mayoría la coalición encabezada por la CEDA de Gil Robles, los propios socialistas atentaron contra el orden constitucional, auspiciando y participando directamente en el intento revolucionario de 1934, que terminó siendo sofocado en Asturias. Otra muestra de deslealtad con el Régimen fue el episodio del buque “Turquesa” o las frecuentes declaraciones de contenido revolucionario de líderes como Largo caballero o Dolores Ibarruri.

Estando ya en el poder el frente popular se dieron pasos para refrenar las tendencias revolucionarias, contentando a CNT y FAI, pero a la postre no fue posible evitar la aparición masiva de comités armados de sindicalistas que practicaron abiertamente la “justicia popular” a través de tribunales populares, tan iletrados como pendencieros. Sucedió ya empezada la guerra civil, y armados los sindicatos, en contra del parecer de Casares Quiroga. También proliferaron los Consejos regionales y milicias anarquistas y las colectivizaciones, constituyendo una verdadera experiencia revolucionaria que no condujo a buen puerto. Resultó incontrolable y fue progresivamente eliminada por la legalidad instituida de la República a medida en que ésta fue recuperando el control después de los primeros meses de la guerra.

Por otra parte, la República tuvo que enfrentarse además con los intentos secesionistas de vascos y catalanes. En 1937, aprovechando que bajaba el río revuelto, Companys llegó a intentar la constitución de un Estado independiente, que tuvo que ser reprimido por los republicanos (españoles) en el poder, los vascos intentaron algo similar y, casi al final de la guerra pretendieron una rendición separada y con condiciones particulares que quisieron recoger en los acuerdos de Santoña.  En relación a los nacionalistas no se encontró precisamente con una lealtad sincera, siendo obvia la falta de solidaridad en la lucha y problemas de toda la nación española. Nacionalistas vascos y catalanes lucharon fundamentalmente por su territorio y por su sistema autonómico que veían amenazado con las fuerzas de Franco. Es sabido que Negrín se vio en la necesidad de forzar el traslado de divisiones completas integradas por combatientes catalanes a otros frentes, por lo que podían suponer de amenaza frente a la República en su propio territorio. También se ha constatado que hubo intentos de la Generalitat de crear una Consejería de Defensa y unas fuerzas armadas propias, lo que fue visto por la República española como una amenaza, y naturalmente impedido.

Para terminar de empeorar las cosas, el proyecto de la República – originariamente socialista – dio un vuelco en la segunda fase de la guerra y entró de lleno en una órbita de control estalinista que por sí solo amenazaba  la democracia. De este modo el comienzo de la guerra civil prácticamente supuso la certificación de la muerte de una joven democracia ya que, de haber ganado la República, ésta ya no sería la misma del comienzo sino que hubiera sido un régimen totalitario y bolchevique mediatizado por la Unión Soviética. La causa de esto fue la inoperancia de las potencias occidentales de la que se quejaron amargamente los políticos republicanos y la obtención como único recurso del indeseable contrapeso armamentístico de la Rusia de Stalin. La República de Negrín se vendió al diablo, esperando ganar tiempo para que el conflicto europeo y una guerra contra los fascismos (que ya se esperaba) implicara a España y la situara en el bando de los aliados. Pero no fue así. No hubo tiempo suficiente y al final llegó la dictadura de Franco. Esta fue una última revolución interna dentro de la República por lo que suponía de giro hacia el comunismo radical: ese comunismo que tenía desplegados comisarios en todos los batallones y divisiones del bando republicano y que había fagocitado al POUM y hecho desaparecer a su líder. El mismo comunismo que alineaba a los principales líderes y mandos de los ejércitos (Líster, Modesto, El campesino etc.). Contra él se enfrentó en los últimos días de la guerra, dentro de Madrid, un general republicano: Segismundo Casado, que protagonizó la rendición al ejército de Franco.

La visión moderada de la república que muchos tenían, fue víctima de muchas amenazas internas. Casi el enemigo más claro y frontal más leal al que tuvo que enfrentarse la República fue a la derecha española. 


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