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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

1 de marzo de 2020

Feminismo en lucha

Feminismo en lucha - Manifiesto del Área de la Mujer de IU por el ...

El movimiento radical feminista empieza a ser contestado por los hombres.
Muchos somos padres de familia. Tenemos mujer e hijas y nos hemos desvivido por ellas y nos sentimos tristes por el modo en que se está afrontando el problema (sobre todo en su ámbito político).
Claro que hay machismo. En el 90 % de las sociedades del mundo hay machismo. En la mayoría de las especies animales hay machismo porque la naturaleza ha hecho un reparto de roles entre ambos sexos. Es algo atávico y natural. La naturaleza no es buena ni mala: Es solo natural y, si se quiere, cruel. El distinto reparto de roles entre géneros es el camino mejor para la supervivencia de una especie, para que ésta se reproduzca con la mayor economía de medios y con la mayor garantía de éxito. Cada especie busca su manera de perpetuarse y adaptarse. Es posible que la especie humana tuviera, igual que otros mamíferos, un reparto de papeles desigual. Y, a la vista está, que la evolución genética ha hecho, con el correr de los milenios, que hombre y mujer tengan un físico distinto. El uno, más fuerte, la otra, más adaptado al alumbramiento y la crianza. Si podemos aceptar que las caderas y los senos son distintos, no debería ser tan difícil admitir que la naturaleza ha moldeado de forma distinta, también las mentalidades de hombre y mujer. Sin embargo hoy todo se entremezcla, por culpa (o gracias) a la complejidad de nuestra sociedad.
El ser humano hace mucho que ha superado la división simplista de roles. Tiene asegurada su hegemonía en el globo terráqueo (que amenaza con destruir él mismo). No compite con otras especies y la igualdad de sexos se ha convertido en algo posible y deseable. En términos de tiempo es algo realmente reciente. Hasta hace poco las sociedades, mucho más afectadas por las enfermedades y las guerras, tenían que asegurar gran cantidad de prole y eso sin duda guarda relación con el reparto de roles que había entre hombres y mujeres. El hombre relacionado con la pelea, el riesgo, la fuerza bruta, el enfrentamiento con el exterior y la mujer con la crianza y las tareas domésticas.
Ahora, como digo, en las sociedades más avanzadas cobra fuerza la igualdad de género porque supone una sublimación del ser humano y es un acto de justicia. Nadie hoy puede pretender un discurso coherente y discutir la igualdad de derechos que debe tener la mujer respecto al hombre, absolutamente en todos los ámbitos. Por lo tanto, vaya por delante que este pequeño relato introductorio no pretendía en modo alguno justificar el mantenimiento de las situaciones de desigualdad.
La desigualdad de derechos debe combatirse pero la desigualdad de naturalezas debe fomentarse porque es enriquecedora y favorece la atracción mutua.
El papel de los poderes públicos debería ser sobre todo el poner los medios y fomentar que esa igualdad de derechos cristalice de forma total, pero determinadas corrientes ideológicas están yendo más allá, buscando la tutela de todo un género (cuyo voto esperan captar) mediante diversas medidas desproporcionadas y desacertadas. Desde feminizar el lenguaje hasta aplicar medidas de discriminación positiva y legislar en contra de todo un género, estableciendo una presunción de culpabilidad que vulnera más de un principio esencial de la constitución: El derecho a la igualdad y el derecho a la tutela judicial efectiva. Esto supone una generalización y distribución de la culpa entre los hombres (por algo histórico que vino heredado): Muchos hombres han sido educados en el machismo en múltiples detalles cotidianos y les ha pillado este cambio social acelerado obligándoles a realizar un notable esfuerzo de adaptación. La mayoría lo están consiguiendo sin mayores problemas y probablemente recogen frutos y consiguen evolucionar porque dentro de sus casas no hay tanto problema de convivencia como pretenden los políticos. El problema es que ya no pueden ni ver las noticias sin que se sientan agredidos porque se les mete en el mismo saco que a otros. También tenemos muchos lugares en los que el machismo se mantiene en algún grado, aceptado por ambas partes, pero no por ello se producen agresiones. Incluso puede que haya mucho cariño pero indudablemente hay cierto reparto de roles patriarcal. Para combatir estas situaciones hace falta tiempo; quizás más de una generación, pero no se está teniendo paciencia porque supuestamente están muriendo mujeres. Las mujeres que mueren no tienen nada que ve con estas familias, pero las medidas y la abundante propaganda las criminalizan por igual. Me preocupa, de verdad, la falta de matices. 




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