
Vamos a tener que convivir durante cuatro años como mínimo con una situación lamentable. Veremos a un Pedro Sánchez pavoneándose por haber conseguido lo que parecía imposible. El payaso resiliente, que seguirá okupando la Moncloa, el falsificador de tesis, el imitador de Kennedy, se va a reir en nuestras narices durante cuatro años inmisericordes, en los que pasará el rodillo sobre una estúpida sociedad cada vez menos libre e independiente.
Pero lo tenemos merecido, la derecha no ha sido capaz de ponerse de acuerdo y una estúpida reglamentación electoral ha destrozado a tres partidos y tres líderes imbéciles que deberían haber tenido sentido de Estado para sobreponerse y no caer en la trampa.
Ya no hay nada que hacer
Ahora solamente pediría a los periodistas de cualquier medio que, después del destrozo ocasionado (en el que tienen su cuota de responsabilidad), vigilen atentamente cualquier desviación o amenaza de pérdida de libertad, cualquier intento de control sobre la independencia o libertad de criterio, cualquier conato de censura y que lo denuncien inmediatamente.
No tenemos una democracia de calidad. Es un sistema representativo y poco directo, ya demasiado lastrado por el control de los partidos (que no son más que organizaciones ávidas de poder y de reparto de puesto de trabajo entre sus hooligans).
La separación de poderes está amenazada. Un individuo como Sánchez puede controlar, además de su propio ejecutivo que él nombra, al poder judicial decidiendo sobre la composición de los integrantes en órganos e instituciones tan importantes como el propio Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, la Fiscalía General del Estado etc. y, por supuesto, controla absolutamente el poder legislativo no solamente a través de sus grupos parlamentarios en Congreso y Senado (sobre los que decide mediante la designación de listas cerradas y la disciplina de voto) sino también porque como han hecho otros abusar de figuras excepcionales como la aprobación de decretos-leyes por razones de urgencia:
En definitiva tocará todos los resortes para hacer una sociedad más sectaria, para inclinarnos a todos hacia el movimiento del péndulo que le interesa, que no es otro que el radicalismo de izquierdas. Y para ello solo tiene la cortapisa de que no le apoyen suficientemente aquellos todavía más radicales que él (a quienes amenazará con la llegada de la derechona, para lograr su apoyo y anularles)
Un panorama devastador el que nos espera. Nos creemos que estamos a salvo en Europa, pero una sucesión de decisiones incorrectas nos pueden conducir a la desintegración del Estado, el empobrecimiento de la nación española, la sumisión a intereses extranjeros, la pérdida de libertades y la aparición de conflictos y extremismos, porque - no lo olvidemos - quienes nos van a gobernar viven del odio y del resentimiento de una parte de la sociedad. Cuando no pueden cosechar suficientemente desde el rencor económico recurren al rencor histórico y a los ajustes de cuentas historicistas.
Siento un asco extremo, cada vez que recuerdo de quién depende mi gobierno actual, cada vez que pienso lo que tendrá que hacer o entregar para conseguir que le sigan apoyando. Y durante todo este mandato (y quizás indefinidamente hasta mi muerte si, como me temo, esto se transforme en un totalitarismo encubierto) sentiré la mayor repugnancia e indignación cada vez que pague impuestos porque me imaginaré hacia donde va mi dinero y deberé sobreponerme al vómito.
Tendré que huir y refugiarme en mi casa o en el campo, en una realidad paralela, cada vez que vea un telediario o abra un periódico y me entere de una nueva afrenta a mi país, a mis instituciones, a mi religión etc. tolerada y auspiciada por quien debería defenderme.
Ya solo pienso en mis hijos. Espero que no sufran por su país, como su padre y que consigan abrirse paso, aunque sea lejos de nuestras fronteras.
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