Pedro Sánchez quiere acabar con la inviolabilidad del rey,
Madina se declara republicano… ¿Ése es el debate que tiene hoy el PSOE?
Conduce a la preocupación el ver como las figuras emergentes
que se van a pelear por la Secretaría General del Partido se centran en un
discurso rupturista que nos lleva a la incertidumbre. Produce escalofríos
pensar qué harían con nuestra maltrecha economía si estuvieran en el poder. Lo
peor de todo es que a medida que se destroza el PSOE, la radicalización se va
enseñoreando entre sus otrora votantes. ¿A quién conceder la confianza?
Hoy he oído a Joaquín Leguina. Si se presentara como
candidato, le votaría. Tiene claro que quienes han cambiado han sido aquellos
grupos de izquierdas que apoyaron la Constitución y ahora tienen un discurso
distinto.
Susana Díaz, investida de una autoridad injustificada, habla
con aparente responsabilidad: “Los socialistas debemos contribuir a la
vertebración del país, que es lo que hemos hecho siempre, y no apartarnos ni un
ápice de la Constitución…” hasta ahí muy bien, pero luego continúa: “También es
cierto que la Constitución no la votó un gran sector de la ciudadanía actual,
que entonces no tenía edad y es manifiestamente revisable”. Y éste es el
mensaje que destroza la base de nuestro sistema. Ese afán de grandes partidos
por sintonizar con minorías radicales, esas ganas de cambiar el sistema.
Han relacionado la crisis con un cambio de sistema,
incluyendo las principales instituciones de nuestro Estado y no reparan en que
abrir estos debates es retrasar la recuperación.
La crisis era financiera y el verdadero cambio no estaba ni
está en manos de los políticos, al menos de los españoles. Lo que hay que hacer
es esperar: Prepararnos como país con trabajo abnegado, defendernos
comercialmente, apoyar a las empresas y la investigación española, establecer
controles para terminar con el gasto público injustificado. Tener claro que
estamos todos en el mismo barco. Si se sigue una trayectoria rectilínea y
responsable, la vida empezará a mejorar para todos, tarde o temprano. No
podemos estar a estas alturas planteándonos el reformar la Constitución para
crear una república y además federal, por si fuera poco.
¿Alguien puede asegurarme a mí que si se modificara la
Constitución y se creara una República Federal, Cataluña se comportaría igual
que Baviera en Alemania, por poner un ejemplo? No tenemos ninguna garantía.
Abriríamos el melón para nada. Los separatistas estarían en mejor posición: Más
investidos de autoridad para seguir exigiendo la independencia. Los políticos
independentistas del País Vasco y de Cataluña quieren un Estado propio. No se
conforman con otra cosa… y seguirán molestando como moscas cojoneras hasta que
lo consigan. Abrir el debate del federalismo, para mí se inserta en una línea
de apaciguamiento que nunca ha obtenido resultados y que en realidad
desvertebra España. Hemos visto como es radicalmente falso que dando mayores
cotas de autogobierno se consiga una mayor cohesión nacional y solidaridad
financiera entre comunidades: Es todo lo contrario.
¿Por qué abrir el debate? ¿Por qué debilitarnos como país?
Los que queremos a España estamos sufriendo y nos damos cuenta
de que detrás de todo esto hay una lucha por el poder. No cabe duda de que a
partir del 2004 los socialistas vieron el acercamiento a las tesis
nacionalistas como una fuente de votos. Se insistió hasta la saciedad en la
diversidad y en el respeto por las diferencias territoriales porque dependían
en el Parlamento Nacional del voto de los vascos y de los catalanes. Localmente
cosecharon buenos resultados. Y
consiguieron de forma transitoria lo que querían; Aislar al PP. Pero los
nacionalismos se vinieron arriba y ahora tenemos el problema que tenemos: El
órdago de Artur Mas y la consulta de noviembre (de hecho muy parecido a los que
lanzó Companys a la República española aprovechando, como siempre con sentido
oportunista, que atravesaba por momentos de debilidad).
En estos momentos los separatistas están contentos, porque
saben que si uno de los dos grandes partidos de este país no quiere abrir este
debate, el otro -por llevar la contraria
y encontrar acomodo ideológico – sí que va a apoyarles siempre. Han conseguido
además que su discurso se asocie al progresismo; ya se sabe: Respeto por la
diversidad etc. Quienes suscriben esas opiniones no reparan en que los
localismos y los micro Estados no tienen nada de avanzado y que quienes no
saben encontrar acomodo en un Estado que tiene a sus espaldas cientos de años
de historia no hacen gala precisamente de mucha tolerancia y modernidad.
Esta gente pretende ahora asociar la Constitución de 1978 con la época de Franco. Resultado: La Constitución es añeja y hay que cambiarla. Valió para obtener consensos en aquellos momentos. Valió para unirnos todos frente a la amenaza militar, pero ya no vale. Ahora somos un país moderno y progre y además muchos de los jóvenes de hoy no la votaron (con los que el PSOE desesperadamente quiere sintonizar). Sin embargo lo que en realidad están vendiendo algunos no es modernidad, sino algo chusco y añejo: Hoy Cayo Lara, por ejemplo ha aparecido en el Congreso con una escarapela, en el más puro estilo de la revolución francesa. Le falta pedir la cabeza de Juan Carlos. Pero no se da cuenta de que el PCE de Carrillo sí estuvo de acuerdo con la bandera española y con la monarquía parlamentaria. Entraron en esos acuerdos por responsabilidad política: Una responsabilidad que hoy les falta a nuestros políticos.
Hoy muchos pensamos ya que moriremos sin llegar a ver con
nuestros ojos un Estado español cómodo dentro de su piel, pero al menos no
quiero morirme sin ver un golpe de autoridad;
un basta ya a tanto despropósito.
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