Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

14 de septiembre de 2011

¿Tan malo es el equilibrio?


Se ha levantado una gran polvareda con la reforma constitucional para intentar bloquear el techo presupuestario. Hoy hay muchos que se quejan amargamente de la rapidez del proceso de reforma y de que no haya habido consulta popular en forma de referéndum. Hablan de rodillo y de imposición… y yo me pregunto ¿Son o no son demócratas?
Todos los agentes sociales en contra de esta medida, todos los grupos predispuestos al gasto, los pedigüeños e insolidarios nacionalistas… todos los que se han manifestado en contra, temerosos de que vaya en serio esto de cortar el grifo, no dejan de ser una aplastante minoría.
Pero vamos a ver. Seamos serios. Creo que estamos todos de acuerdo a estas alturas en que el gasto público debe ser equilibrado con los ingresos. ¿Por qué esta oposición? Se trata solamente de un gesto para tranquilizar a los mercados. Hay muchas previsiones de nuestra Carta Magna que se han incumplido y se siguen incumpliendo. ¿Es acaso irracional, que la Constitución obligue – aunque solo sea programáticamente – a que nos administremos bien, como haría cualquier familia?
Lo que me preocupa de todo esto es que sigue quedando gente que cree firmemente en el endeudamiento público como una vía de solución o mejora de algo. Esa gente es la misma que ya por dos veces han dejado el Estado español en la ruina. Lo hicieron al marcharse Felipe González y lo vuelven a hacer ahora.
Definitivamente nuestros socialistas son peligrosos. Y si es malo el socialismo porque tiende a la mala administración, peor es todavía el socialismo acompañado de una crisis. Si en tiempos de bonanza la gestión socialista es nefasta, cuando llegan las vacas flacas, es simplemente letal.
Muchos caen ahora del guindo. Pero estoy hablando de ciudadanos votantes, empleados por cuenta ajena y propia, funcionarios, pensionistas… gente en definitiva alarmada porque tienen la certeza de que van a ser finalmente los paganos, de que se les va a meter – se les ha metido ya – impunemente la mano en el bolsillo, apelando a su solidaridad. Y lo harán – lo están haciendo – los mismos que han derrochado el dinero en memeces, en simposios internacionales estériles, en coches oficiales, obras faraónicas, gastos administrativos, fomento de la burocracia, ideologización de la sociedad, subvenciones a grupos culturales y ONGs afines, compra de puestos en organismos internacionales para niñatas incompetentes como la Aido, sueldos de cientos de asesores en la Administración pública etc.
De verdad, la gente se sorprendería al ver que nos quedábamos exactamente igual (con más dinero en el bolsillo, eso sí ) al meter la tijera sobre todos estos apartados.
¿Tan necesario era el aeropuerto de Ciudad Real, por ejemplo? ¿Tan imprescindible es subvencionar a Ryan Air para que la gente viaje barato a Gerona o a Malta? ¿Tan esenciales son las embajadas abiertas por algunas comunidades autónomas en el extranjero?
Quienes se oponen al equilibrio presupuestario hoy quieren hacernos creer que para lograrlo se disminuirán los gastos en capítulos esenciales de mera supervivencia de los ciudadanos. No tiene por qué ser así. Antes de llegar a esos extremos hay un vasto territorio por explorar... televisiones comunitarias, órganos admninistrativos solapados con los centrales, subvenciones a sindicatos y patronal, cooperación al desarrollo de otros países, gastos en consultoría y contratos de servicios inútiles etc. Nadie hablar de eliminar los subsidios o ayudas a sectores desfavorecidos o de eliminar la sanidad pública.
El problema es que las facturas ya cuentan en el “debe” y mientras tanto, en el “haber”, cada vez hay menos donde rascar. No han cuidado el tejido productivo, no han cuidado la inversión empresarial, se han multiplicado las trabas de todo tipo dentro de un agobiante clima de intervencionismo y comisariado y, como es natural, los ingresos disminuyen por falta de sujetos responsables de pago, por mucho que se hayan subido los impuestos. No hay quien los pague. Si seguimos así cada vez habrá menos paganos y más gente subsidiada. Aquellos que tengan la oportunidad de escaquearse lo harán. Aquellos otros que sean transparentes, como funcionarios o pensionistas, no podrán hacer otra cosa que acumular su indignación contra estos malos gestores que se creían redistributivos y que al final, les están haciendo pagar el pato.
Y en este contexto ¿Tan mal está prever legislativamente que el endeudamiento debe tener un tope? ¿Tan malo es buscar el equilibrio entre ingresos y gastos?

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