No quiero estos días ni siquiera enterarme de las noticias.
Empiezo a sentir aversión por esta
crisis, por los políticos, los banqueros y la madre que los parió a todos. Mi decepción va en aumento, porque no veo
solución al desastre en el que nos hallamos inmersos. Formo parte de la sufrida
clase media que a la postre acaba pagándolo todo. Siento que pertenezco a un
grupo cada vez más depauperado y atacado.
En el trabajo, nada más reincorporarme de las vacaciones de
navidad me encuentro con la perspectiva negra de un nuevo recorte de poder
adquisitivo. Una compañera – que lleva las nóminas – me amarga la mañana diciéndome que la subida de IRPF me puede suponer otros 600 Euros por año. Pero a eso hay que añadir
los recortes que ya nos aplicaron en los dos últimos años… bajan los sueldos y
suben los impuestos y todas las facturas.
Es indignante que tengamos que asumir la subida de IRPF y
del IBI en las circunstancias actuales… en un país como el nuestro, en el que los
sueldos son de los más bajos de Europa.
Se nos dice que hay que combatir el déficit: Todas estas
bajadas en los sueldos e ingresos y subidas en las tarifas e impuestos, se nos
dice que se están aprobando para corregir el déficit. Pero éste se genera por
un endeudamiento público excesivo. Los políticos de turno que ocupan
temporalmente los puestos en los que su capacidad decisoria puede comprometer
el gasto, deberían haber sido controlados al detalle. Nadie les ha controlado. Les hemos respetado
estúpidamente como si fueran la expresión viviente de la soberanía popular y
resulta que eran unos chorizos.
Mi pregunta sería ¿qué es lo que tiene que ver este déficit
con la crisis financiera actual? ¿cuánto tiene de inevitable y cuánto de
negligencia?
El gasto público se ha disparado estando en el poder los
socialistas. Estos se han encontrado con la crisis financiera que ha
contribuido en empeorar un estado de cosas que de por sí era malo, pero se
podía haber mantenido u ocultado durante más tiempo. Desde la aparición de la
crisis de los mercados y financiera, los intereses por los préstamos se han
hecho más caros, y los gobiernos deudores como el nuestro, han de pagar mucho
más. Por otra parte ha habido que participar en la constitución de reservas
para respaldar a las entidades financieras o para financiar una parte del
rescate de terceros países, como es el caso de Grecia. Por lo tanto la crisis
nos ha afectado negativamente.
Pero estas circunstancias no deben servir para ocultar las
llamativas y escandalosas negligencias (cuando no actuaciones dolosas y
delictivas) de nuestro gobierno central y las comunidades autónomas y
ayuntamientos. Unos y otros han identificado con progreso el mero hecho de
soltar pasta a diestro y siniestro para alocados proyectos de obra o
injustificados contratos de servicios. Se trataba de la pasta de todos los
españoles, la pasta que nos van a quitar ahora.
Con esos contratos han beneficiado a empresas contratistas,
llevándose las oportunas comisiones. Cosas que un particular contrataría por X,
las administraciones públicas lo han contratado por X + 10. Si bien es cierto
que a un particular nunca se le ocurriría hacer un aeropuerto en medio de un
sembrado de La mancha, construir unas
setas mágicas tan inútiles como caras, o hacer un proyecto millonario en un
ayuntamiento para albergar un circo permanente. Por esas decisiones deberían
responder con sus patrimonios los políticos que las han tomado.
Se han gastado ingentes cantidades de dinero en captar
voluntades afines por la vía de las subvenciones e entidades opacas. Las
fundaciones y observatorios, los consejos, los órganos consultivos, las
asociaciones etc… han vivido del cuento cobrando informes y asesoramiento
inútil a administraciones deseosas de pagarlo todo.
Políticos con capacidad decisoria para comprometer el gasto
aparecen en los patronatos de fundaciones y asociaciones perceptoras de ayudas.
En el mejor de los casos estarían ejerciendo un mecenazgo con dinero que no es
suyo. Es decir, estarían siendo generosos con el dinero de los ciudadanos. Pero
ni siquiera es así la cosa: El formar parte de esas fundaciones y asociaciones
suele tener finalidades bastante más inconfesables. Y si no, que se lo
pregunten a Urdangarín.
Es antidemocrático empobrecer al pueblo llano y hacerle
pagar por los errores políticos de una caterva de irresponsables. Naturalmente
se ha vuelto a la apariencia de democracia cuando una mayoría de la gente –
absolutamente indignada – se ha expresado en las urnas y ha echado a los
socialistas de casi todos los centros de poder que ocupaban. ¿Pero eran ellos
los únicos culpables? ¿Acaso no ha habido derroches similares en comunidades
gobernadas por los populares?
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